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Aluar: cómo funciona y se gestó el histórico complejo industrial que desde Chubut exporta aluminio al mundo

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El complejo industrial de Aluar en Puerto Madryn incluye una terminal portuaria de aguas profundas, un parque generador térmico a gas natural de 710 MW y cuatro series o líneas que pueden producir 460.000 toneladas de aluminio primario por año.

Puerto Madryn genera un magnetismo desde el sur argentino que atrae a miles de turistas todos los años, gracias a su estratégica ubicación para el avistaje de ballenas francas. En la localidad chubutense también se genera otro magnetismo, menos conocido para el turista a pesar de estar a pocos metros de distancia de la costa, y que no es metafórico sino literal: es el campo magnético provocado por los 220.000 amperios de corriente eléctrica que discurren de cuba en cuba en el complejo industrial de Aluar, la única planta de aluminio primario del país.

Un campo magnético es un campo físico en donde se manifiestan las fuerzas magnéticas producidas por imanes o por cargas eléctricas en movimiento. Es un fenómeno invisible pero fácilmente constatable al ingresar en cualquiera de las ocho salas de producción de aluminio en Aluar, tal como EconoJournal confirmó durante una visita a Puerto Madryn con motivo de la inauguración de una ampliación en el parque eólico de la empresa, ubicado en las afueras de la ciudad.

Basta con acercarse a unos cuatro metros de distancia de cualquiera de las cubas electrolíticas con un clip de metal para verlo moverse por su cuenta. Es el resultado de las ondas magnéticas generadas por la brutal corriente de electricidad que demanda el proceso de electrólisis, que al interior de las cubas transforma la alúmina en aluminio líquido. La fuerza magnética es tan fuerte que desaconsejan ingresar con relojes de pulsera, tarjetas y algún que otro artículo personal. Personas con marcapasos, directamente tienen prohibido el acceso.

El consumo de electricidad de la planta no es ninguna exageración. Aluar demanda una potencia eléctrica constante e ininterrumpible de 780 MW eléctricos. La empresa controlada por la familia Madanes Quintanilla es el principal consumidor industrial de energía de la Argentina. Puesto de otra forma, si Aluar fuera una provincia, sería la cuarta del país en consumo eléctrico anual, luego de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

La planta inaugurada en 1974 fue y sigue siendo abastecida con energía en buena medida proveniente de la central hidroeléctrica de Futaleufú. La represa fue construida por la extinta empresa estatal Agua y Energía Eléctrica justamente para proveer electricidad a la planta de Aluar, constituyéndose en un exitoso caso de mega proyecto de desarrollo industrial impulsado por el Estado y en asociación con el capital privado argentino.

No se trata de un éxito congelado en el tiempo sino de crecimiento continuo: Aluar a lo largo de sus 52 años triplicó su capacidad original de producción de aluminio. La empresa informa que exporta 9 de cada 10 toneladas de aluminio primario que produce: el 51% a Norteamérica (Estados Unidos y México), el 25% a Latinoamérica, el 20% a Europa y el 4% a Asia.

Más recientemente, Aluar decidió invertir en energía eólica para diversificar e incorporar más energía limpia en su matriz de abastecimiento para reducir la huella de carbono en su producción de aluminio. Con la quinta etapa del parque eólico inaugurada el jueves en Puerto Madryn, Aluar ahora cuenta con 119 aerogeneradores y una potencia eólica instalada de 582 MW que le permiten proyectar hasta un 70% de provisión de energía de fuentes limpias para la planta.

La inversión acumulada en el parque eólico a lo largo de las cinco etapas construidas fue de más de US$ 740 millones. Solo en esta última etapa se sumaron 56 nuevos aerogeneradores que agregaron 336 MW de potencia.

Cómo se produce el aluminio en Aluar

Un puente grúa realiza la operación de reemplazo de varillas anódicas en uno de los reactores de producción de aluminio líquido en la sala cinco en el complejo industrial en Puerto Madryn. La corriente eléctrica será descargada a través de la varilla para generar el proceso de electrolisis que reducirá la alúmina en aluminio líquido.

La producción de aluminio primario es procedimentalmente sencilla aunque sumamente delicada: una repentina falta de energía eléctrica puede estropear en cuestión de horas las cubas electrolíticas, el corazón productivo de Aluar. La planta posee un total de 784 cubas  (también llamadas “reactores”) distribuidas en cuatro series productivas, con dos salas (galpones de unos 600 metros de largo) por cada serie.

La función de cada reactor es reducir la alúmina en aluminio líquido mediante el proceso de electrólisis: es un proceso químico que utiliza una corriente eléctrica para separar los elementos que conforman un compuesto. En la electrólisis para la obtención de aluminio líquido se utilizan tres materias primas, que son la alúmina, la energía eléctrica y los ánodos.

Básicamente, cada uno de los 784 reactores en Aluar es un armazón metálico que aloja en su interior una cuba electrolítica (que opera como cátodo) y que está diseñado para el ingreso y reemplazo de varillas anódicas y la inyección de la alúmina a través de una tolva.

Una varilla anódica es una varilla de aluminio con una base de bloques elaborados con coque, brea y restos carbonosos que se coloca dentro del armazón. La corriente eléctrica sube por el reactor y vuelve a bajar por la varilla, generando al interior de la cuba la reacción química por electrólisis que, a una temperatura de 960° C, logra fundir la alúmina en aluminio líquido.

Aluar se encarga de la fabricación de las varillas y de su reciclaje. Cada ánodo dura entre 20 y 25 días dentro del reactor. Al gastarse es retirado y reemplazado por un ánodo nuevo mediante un puente grúa que se desplaza a lo largo de los cientos de metros del galpón. La grúa también posee una pinza para retirar restos carbonosos de la varilla.

“Cada cuba produce 1,6 toneladas por día y todos los días hay que extraer ese metal, porque de lo contrario se va acumulando en las cubas y desestabiliza térmicamente su funcionamiento”, explicó el gerente industrial de Aluminio Primario de Aluar, Ángel Reyes, en el ingreso a conocer la sala 5 correspondiente a la serie C, que contiene unas 72 cubas (la serie más corta de las cuatro).

El aluminio líquido ubicado en la parte inferior de cada cuba, a unos 60 cm bajo la superficie, es extraído con un tubo y depositado en crisoles (cilindros fabricados con materiales refractarios capaces de resistir elevadas temperaturas) que luego son transportados hasta la zona de servicio. 

El producto es volcado allí en un horno para mantener su temperatura y se añaden distintos aditivos en función del tipo de producto de aluminio primario que se busca obtener, tales como lingotes de aluminio puro, placas y alambrón, entre otros. Aluar también produce productos de aluminio secundario como foil, flejes y perfiles para industria.

Los eventos que casi destruyeron las cubas

El campo magnético generado por la intensidad de la corriente eléctrica es tan fuerte que es capaz de mover elementos de metal muy ligeros y afectar algunos dispositivos como relojes de pulsera y marcapasos.

Tanto las cubas como el horno dependen de un suministro de energía constante para alcanzar una temperatura que jamás puede ser inferior a los 850 ° C. De lo contrario, el líquido comienza a perder su fluidez y comienza el riesgo de solidificación y la consecuente destrucción de las cubas.

“Las cubas están todas interconectadas entre sí y divididas por serie. La corriente que entra en una cuba, que son 220.000 amperes, cuando ya hizo el trabajo de generar el aluminio pasa a la cuba siguiente. Si tenemos un problema en una cuba y no lo podemos controlar, perdemos todas las siguientes”, explicaron en la planta. Cada cuba tiene una vida operativa promedio de entre 5 y 6 años.

En Aluar recuerdan dos episodios en donde ese riesgo estuvo a punto materializarse. El más conocido ocurrió en el día del padre de 2019: el sistema interconectado nacional se cayó por completo por múltiples fallas originadas en la caída de una línea de transporte desde Yacyretá. Aluar atajó el problema con el ingreso en operación de toda la potencia térmica de la planta mientras el sistema nacional se fue recuperando con el correr de las horas.

El menos conocido involucra a un lugareño que provocó un apagón parcial en la planta al disparar contra una línea de abastecimiento. «Tenía un conflicto con la empresa relacionado con un terreno, fue una locura absoluta», contaron en la planta sobre el insólito episodio.

«Si tenemos un evento y no podemos recuperar la serie de electricidad en dos horas empezamos a afectar fuertemente las cubas, y en seis las perdemos«, graficaron.

El ingreso de la eólica en el mix de Aluar y la concesión de Futaleufú

Aluar inauguró la quinta etapa de su parque eólico en Puerto Madryn. La empresa sumó 336 MW, para un total de 582 MW.

Dado que el autoabastecimiento de energía resulta indispensable para la correcta preservación de la planta, Aluar fue sumando a lo largo del tiempo distintas fuentes hasta llegar actualmente a una capacidad total de generación eléctrica de 1852 MW, distribuidos entre 710 MW térmicos a gas natural, 582 MW eólicos, y 560 MW hidroeléctricos (Futaleufu). Todos estos activos se encuentran en Chubut.

El complejo industrial en Puerto Madryn comenzó a operar en 1974 con generación completamente térmica hasta el ingreso en operación de Futaleufú en 1978. El parque térmico de Aluar, ubicado dentro del complejo, hoy está compuesto de un ciclo combinado de 510 MW, un ciclo combinado de 120 MW y dos turbinas de gas de 40 MW cada una.

La instalación industrial recibe energía a través de tres arribos de 330 Kv provenientes desde una subestación de la red de transporte mayorista operada por Transpa. También tiene líneas directas de 35 km de longitud con el parque eólico.

Aluar decidió en 2016 incorporar la energía eólica en su matriz debido a la calidad del recurso eólico en Chubut (factores de capacidad superiores al 50%) y para seguir reduciendo la huella de carbono en su producción de aluminio. También le permite posicionarse como un importante generador en el mercado eléctrico mayorista (MEM).

Con su flamante expansión eólica, la empresa proyecta que podrá abastecer hasta el 70% del consumo del complejo con energía limpia. Al cierre del ejercicio en junio de 2026, la empresa informó que la planta en los doce meses anteriores se abasteció con un 45% proveniente de fuentes térmicas, un 43% de Futaleufú, y un 12% de eólica. Aluar ahora proyecta que la participación de la térmica caerá a 31%, la eólica trepará al 36% y la hidroeléctrica se ubicará en 33%.

De los 780 MW que Aluar demanda constantemente el 95% están destinados a la producción de aluminio primario y el 5% restante a los servicios auxiliares, como la producción y reciclaje de los ánodos.

Aluar opera directamente el parque térmico y el parque eólico, mientras que opera la represa eléctrica indirectamente a través de Hidroeléctrica Futaleufú S.A., una compañía controlada por Aluar y que tiene a la provincia de Chubut como accionista minoritario, bajo un esquema de concesión.

La concesión por la operación de Futaleufú fue otorgada en 1994 y venció el año pasado. La empresa continúa operándola bajo una prórroga que vencerá el próximo 16 de diciembre. La Secretaría de Energía de la Nación lanzaría a fines de este año la licitación para reconcesionar la operación.

Un acta acuerdo de 1994 entre el Estado nacional y Aluar establece como prioritario garantizar el abastecimiento de energía desde la central hidroeléctrica al complejo industrial en Puerto Madryn. «Tenemos por contrato una determinada cantidad de potencia de Futalufu. El despacho de la hidroeléctrica lo hace Cammesa. Cuando la hidroeléctrica no genera igual tomamos energía del sistema», apuntaron desde la compañía.

«La manera de construir una nación»

Uno de los ciclos combinados en el complejo industrial de Puerto Madryn: Aluar posee una potencia térmica instalada de 710 MW.

Futaleufú no es un activo más para Aluar: la planta de aluminio y la represa hidroeléctrica nacieron como parte de un proyecto industrial integral pensado y dirigido desde el Estado nacional y con participación de la inversión privada, que en su momento permitió integrar a la Argentina en el selecto club de países productores y exportadores de aluminio primario.

La idea de producir aluminio en el país comenzó a ser impulsada por la Fuerza Aérea Argentina en la década de 1960. El Estado nacional poseía entonces un activo programa de desarrollo de aviones para la defensa. A pesar de este deseo, la demanda nacional de aluminio no justificaba económicamente la construcción de una planta en el país: la escala productiva y el acceso a energía barata son claves fundamentales para producir aluminio de forma competitiva.

Entendiendo que el racional económico estaba justificado en un proyecto orientado a la exportación de aluminio, el Estado nacional comenzó a planificar una iniciativa considerando tres factores cruciales: la existencia de un río para un proyecto hidroeléctrico, la posibilidad de construir un puerto de aguas profundas, y la participación de un inversor privado (preferencialmente nacional). La provincia de Chubut reunió las condiciones ideales para el proyecto, gracias al generoso caudal y las buenas pendientes del río Futaleufú.

El Estado construiría la represa hidroeléctrica y el tendido eléctrico a través de Aguas y Energía Eléctrica y la Administración General de Puertos se encargaría del puerto de aguas profundas, mientras que una empresa privada realizaría la inversión en la planta de aluminio.

En las distintas negociaciones quedaron precalificadas pocas empresas. Entre estas estuvo FATE (Fábrica Argentina de Tejidos Engomados), una empresa fundada en 1940 por Leiser Madanes para producir neumáticos, que finalmente llegó a un acuerdo con el Estado para invertir en la planta de aluminio.

FATE destacó entre los oferentes por poseer la espalda económica para la inversión requerida y por tener un núcleo de científicos que salieron o se vieron expulsados del sistema universitario durante la dictadura de Onganía. La empresa los reclutó en ese momento pensando en ingresar en el negocio de electrónica, principalmente a la fabricación de calculadoras.

Si bien FATE incorporó tecnología italiana de producción de aluminio, el grupo de expertos introdujo mejoras sustanciales en el proceso productivo para volverla más eficiente y mitigar el impacto ambiental.

La planta de aluminio finalmente se inauguró en 1974, con una capacidad inicial de 140.000 toneladas de aluminio primario por año, que fue creciendo a lo largo del tiempo hasta llegar a su capacidad actual de 460.000 tn anuales. La última ampliación fue la inauguración de la cuarta serie en 2008.

El paso del tiempo dictó destinos diferentes para FATE y Aluar. La familia Madanes Quintanilla concretó este año el cierre de FATE, una decisión que fue madurando a lo largo del tiempo y al calor de los constantes cambios en el rumbo macroeconómico del país y un prolongado conflicto gremial entre el Sindicato único de Trabajadores del Neumático de la Argentina (Sutna) y las empresas del rubro. «Fue más lo que invertimos en FATE para sostenerla que las ganancias que se obtuvieron«, comentó un directivo.

En contraste, el grupo Aluar exhibe una buena salud económica, con ventas por US$ 1963 millones y un resultado neto positivo de US$ 175 millones en el ejercicio finalizado en junio de este año. Los resultados reflejan el continuo compromiso de inversión de Aluar en Chubut y el país, con una inversión acumulada de US$ 3700 millones a lo largo de los últimos 20 años. También coinciden con un buen momento de precios internacionales del aluminio.

Hacia delante, la empresa busca tener un papel protagonista también en el MEM, con proyectos de almacenamiento de energía y de generación solar en ejecución en la provincia de Buenos Aires. También está atenta a oportunidades que puedan surgir en materia de centros de datos.

En cualquier caso, Puerto Madryn seguirá siendo un testigo privilegiado del crecimiento de Aluar. La instalación de la planta de aluminio tuvo un rol importante en el crecimiento de la localidad, que pasó de 4000 habitantes en 1974 a más de 120.000 en la actualidad. Asimismo, generó desarrollo industrial y de infraestructura en Chubut, con empleos de alta especialización. «Aluar es el mejor ejemplo del desarrollo industrial, la manera de construir una nación«, sintetizó un invitado a la inauguración del parque eólico.

, Nicolás Deza

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