La demanda mundial de energía seguirá creciendo durante las próximas décadas y el nuevo escenario geopolítico elevó el valor de contar con proveedores confiables. En ese contexto, Vaca Muerta aparece como uno de los activos estratégicos más relevantes para Argentina, con un potencial de inversión que podría alcanzar los US$100.000 millones hacia 2030, según las proyecciones presentadas por Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía.
Durante su exposición en el 62° Coloquio de IDEA, realizado en Mar del Plata, Baztarrica sostuvo que la energía dejó de estar definida únicamente por precios competitivos y por la transición hacia fuentes más limpias. Las tensiones geopolíticas incorporaron dos variables decisivas: competitividad económica y seguridad del suministro, lo que abre una ventana de oportunidad para países con recursos abundantes y confiables.
Según el especialista, la demanda energética global continuará creciendo hasta 2050, impulsada principalmente por los países emergentes. El consumo aumentaría más de 40% en el sudeste asiático y alrededor de 30% en África, mientras que Estados Unidos y China tenderían a estabilizarlo y Europa podría reducirlo hasta 20%. Este escenario obliga a incorporar nuevas áreas productivas, especialmente en petróleo y gas, que seguirán teniendo un rol relevante durante varias décadas.
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En el caso del petróleo, Baztarrica explicó que la demanda caerá gradualmente, pero la producción existente registra una declinación anual de entre 3% y 5%, lo que obliga a sumar nuevos desarrollos. El gas, en tanto, ganará importancia por las necesidades de seguridad energética: “Ya no se busca solo precio, sino diversidad de origen geográfico y fiabilidad de suministro”, planteó.
En ese marco, Vaca Muerta se posiciona como un recurso de clase mundial. Argentina cuenta con la segunda mayor reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional, además de niveles competitivos de emisiones y una ventaja geográfica frente a los mercados del hemisferio norte. De acuerdo con las estimaciones presentadas, el desarrollo de la formación neuquina podría generar US$30.000 millones anuales en exportaciones y crear 200.000 empleos estables.
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Para alcanzar ese potencial, Baztarrica planteó que Argentina debe acelerar la escala del desarrollo. La agenda incluye duplicar la perforación, ampliar la capacidad de procesamiento, construir nuevos gasoductos y oleoductos, desarrollar infraestructura portuaria y mejorar la productividad. También destacó la necesidad de fortalecer el entramado industrial y la formación de talento.
Durante el encuentro también expuso Hernán Kazah, cofundador y managing partner de Kaszek, quien destacó un contexto más favorable para los negocios en Argentina y señaló que el fondo volvió a invertir en emprendedores locales durante los últimos 12 meses. Entre las principales oportunidades mencionó la inteligencia artificial, la infraestructura energética y de comunicaciones, además de sectores como salud y educación.
Kazah remarcó que sostener el equilibrio fiscal y la estabilidad del frente externo será clave para consolidar las inversiones. En ese escenario, consideró que la energía, junto con la minería y la economía del conocimiento, puede complementar al agro como motor de crecimiento y permitir que Argentina sostenga durante décadas una economía más competitiva.
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