
Durante casi 20 años, Bolivia abasteció de gas a Argentina mediante contratos firmes. Ese ciclo terminó en 2024, cuando finalizó el acuerdo de largo plazo. Desde entonces hubo envíos puntuales o interrumpibles, pero ya no bajo un esquema de suministro firme. En cinco años, la relación podría invertirse. El país que vendió gas a Argentina podría pasar a comprárselo.
Así surge de un análisis elaborado por la comercializadora y proveedora de gas natural y energía eléctrica Alpes Energy, que a partir de proyecciones advierte que Bolivia podría necesitar gas importado desde 2031, escenario en el que Vaca Muerta sería la alternativa de abastecimiento. ¿La explicación? Mientras los campos maduros bolivianos pierden producción año tras año, crece la producción de gas no convencional argentina.
Recorridos inversos en números
Según el análisis de Alpes Energy, al tomar un período comparable de diez años, Bolivia pasó de 56,6 millones de metros cúbicos por día (MMm³/d) en 2016 a una producción promedio proyectada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) de 26,6 MMm³/d en 2026: la disminución acumulada es de aproximadamente 53% y equivale a una tasa media de declino del 7,3% anual.
En sentido contrario, la cuenca neuquina argentina pasó de producir 70,7 MMm³/d en 2016 a un promedio de 110,0 MMm³/d entre enero y julio de 2026, es decir, creció cerca de 56%. Pero el cambio más significativo está en la composición, señala la comercializadora. El gas no convencional (shale y tight) aumentó de 26,4 MMm³/d a 97,7 MMm³/d. Elevó su participación dentro de la cuenca del 37% al 89%.
La comparación no implica un reemplazo automático entre ambos mercados, aclara la comercializadora, pero sí muestra un cambio de escala y composición en la oferta regional. Mientras Bolivia perdió alrededor de 30 MMm³/d de producción en diez años, la cuenca neuquina sumó cerca de 39 MMm³/d de producción total y más de 71 MMm³/d de gas no convencional, que pasó a convertirse en el principal componente de su producción.
A partir de series oficiales de YPFB y del INE, el informe proyecta un escenario de sensibilidad que supone que no se incorporan descubrimientos relevantes y que la demanda interna se mantiene cerca de 14 MMm³/d. Desde 2026, la producción de Bolivia caería a un ritmo de 10,5% anual.
Bajo estas condiciones, la producción se ubicaría cerca de 15,3 MMm³/d en 2031, apenas 1,4 MMm³/d por encima de la demanda interna de referencia. Ese margen reducido podría generar necesidades de abastecimiento complementario ante picos de consumo o restricciones operativas. En 2032, el promedio anual de producción caería por debajo de la demanda interna. Por eso, se aclara en el análisis, 2031 debe interpretarse como un posible punto de inflexión dentro de este escenario y no como un pronóstico oficial.
Por qué el gas saldría de Vaca Muerta
La cercanía geográfica es solo una parte de la explicación de por qué Bolivia pasaría a ser comprador de gas argentino: desde 2024 la reversión del gasoducto norte permite transportar hasta 15 MMm³/d desde el centro argentino hacia las provincias del noroeste y reemplazar en parte el gas que llegaba desde Bolivia.
A esto se suma el reciente anuncio de Transportadora de Gas del Norte (TGN) del Gasoducto Manuel Belgrano, un proyecto de 753 km que busca ampliar el transporte de gas desde Vaca Muerta hacia el centro y norte del país, reforzando así la evacuación del gas argentino hacia mercados regionales.
La ruta ya tuvo una prueba concreta: en abril de 2025 se transportaron cerca de 0,5 millones de metros cúbicos de gas argentino hacia Brasil utilizando la red boliviana, ensayo que demostró que la infraestructura puede operar en el nuevo sentido.
Sin embargo, advierte el análisis, para abastecer a Bolivia habría que acordar capacidad firme, puntos de entrega, calidad, tarifas y reglas comerciales con un límite principal, que es el estacional: “La Argentina consume mucho más gas en invierno, de modo que un contrato estable con Bolivia requeriría producción, transporte y almacenamiento suficientes para no depender sólo de excedentes interrumpibles. La oportunidad existe, pero necesita convertirse en un producto comercial y regulatorio, no solamente en una posibilidad física”.
Desde esta mirada, Bolivia podría convertirse a partir de 2031 en un mercado cercano y estratégico para el gas de Vaca Muerta. “No tendría la escala potencial de Brasil o de un proyecto de GNL, pero para la Argentina sumaría una salida regional de alto valor; para Bolivia, ofrecería respaldo mientras intenta reconstruir su propia curva de producción”, concluye Alpes Energy.

, María Eugenia Rodríguez












