
La expansión de Vaca Muerta está llevando a la industria hidrocarburífera argentina a una nueva escala. El crecimiento de la producción de petróleo, el aumento de las etapas de fractura y la multiplicación de los movimientos logísticos dentro y fuera de las locaciones implican una mayor cantidad de equipos, vehículos y personas operando de manera simultánea. En ese escenario, uno de los desafíos no pasa únicamente por incorporar más infraestructura o personal, sino por tener mayor visibilidad sobre lo que sucede en el campo y utilizar esa información para tomar decisiones operativas.
Es allí donde busca posicionarse el Intelligent Video Analytics, una tecnología que utiliza cámaras y algoritmos de inteligencia artificial para transformar imágenes en información estructurada. La propuesta de ALTAVE, compañía brasileña especializada en esta tecnología, apunta a que el video deje de funcionar únicamente como una herramienta de vigilancia y se convierta también en una fuente de datos para gestionar las operaciones.
La empresa, que lleva 15 años desarrollando soluciones para ambientes críticos y opera en más de 160 sitios activos en más de diez países, amplió su actividad en la Argentina y mantiene conversaciones técnicas avanzadas con algunas de las principales operadoras de Vaca Muerta para proyectos vinculados con perforación y completación.
¿Qué cambia cuando una cámara deja de ser solamente una cámara?
Bruno Oliva, Head Comercial de ALTAVE en la Argentina, explicó en diálogo con EconoJournal, que la diferencia está en la posibilidad de convertir una imagen en un dato operativo. “Una cámara tradicional permite ver lo que está sucediendo, pero después de ocurrido el evento hay una persona que tiene que mirar la pantalla y encontrarlo. Con video analytics, la cámara pasa a transformarse en un sensor: puede detectar personas, vehículos, tiempos, movimientos y determinadas situaciones de una operación, y convertir todo eso en información que puede generar una alerta o alimentar un análisis posterior”, detalló.
El cambio adquiere mayor relevancia a medida que aumenta la escala de las operaciones. En lugar de sumar personas para observar más pantallas, la tecnología permite procesar automáticamente grandes volúmenes de información visual y concentrar la atención de los equipos en aquellos eventos que requieren intervención.

“En una industria que está creciendo en escala, no se puede pretender supervisar todo agregando más gente mirando pantallas. La tecnología tiene que complementar a los equipos que ya existen y darles información en el momento correcto. La idea es que las personas puedan concentrarse en tomar decisiones y resolver problemas, en lugar de dedicar horas a observar imágenes para encontrar un evento que quizás nunca ocurra”, sostuvo Oliva.
De la seguridad a la eficiencia operacional
La seguridad es uno de los principales puntos de entrada de la tecnología. ALTAVE cuenta con algoritmos capaces de identificar situaciones como la ausencia de elementos de protección personal, el ingreso a zonas restringidas o determinadas condiciones de riesgo en una operación. Sin embargo, según Oliva, el potencial más amplio aparece cuando esos mismos sistemas comienzan a utilizarse para entender cómo funciona una operación.
Un ejemplo concreto es el movimiento de los camiones que transportan arena para las operaciones de fractura hidráulica. “Podemos reconstruir la coreografía completa de los camiones: desde que un vehículo entra a la locación hasta que sale, cuánto espera, cuánto tarda en descargar, por dónde circula y en qué momento se genera una fila. Con esa información se puede rediseñar una circulación, ordenar las llegadas y detectar dónde está el cuello de botella. También permite generar reportes de analítica avanzada para saber cuánto tiempo está perdiendo la operación y dónde se puede intervenir”, detalló Oliva.
La dimensión del impacto aparece cuando esos minutos se multiplican por la escala. Oliva planteó un ejemplo: si una operación recibe 60 camiones por día y se logra reducir diez minutos el tiempo promedio de cada uno, se recuperan unas diez horas de tiempo de camión por jornada. “Diez minutos pueden parecer poco cuando se mira un solo camión. Pero si hablamos de 60 camiones por día, son diez horas de camión detenido que se pueden recuperar diariamente. Y cuando la escala de la industria aumenta, esos minutos terminan convirtiéndose en horas y días enteros de operación”, señaló.
La misma lógica puede trasladarse a otras etapas de la actividad. El seguimiento visual permite identificar cuánto demora cada fase de una operación, comparar desempeños entre equipos de trabajo y detectar desviaciones respecto de los tiempos esperados.

Medir lo que antes quedaba fuera del dato
Uno de los cambios que introduce la analítica de video es la posibilidad de generar indicadores sobre aspectos de la operación que históricamente resultaban difíciles de medir de manera sistemática. En una operación compleja la tecnología puede identificar el comienzo y el final de cada uno de los pasos que la componen.
“Podés tener una operación que tiene siete pasos complejos y hacer que la cámara detecte el inicio y el final de cada uno. Eso permite medir cuánto tiempo llevó cada etapa, cuántas horas-hombre estuvieron expuestas a determinados riesgos y cómo se comportaron distintas cuadrillas. Entonces aparece información que antes era muy difícil de construir de manera objetiva”, explicó Oliva.
La herramienta también permite generar datos históricos. “Cuando dejás de reaccionar y empezás a anticipar, el dato cambia de valor. Podés ver una fila formándose en tiempo real, pero también podés analizar históricamente cuánto tardaron las operaciones durante la semana anterior, qué volumen se movió y por qué se produjeron determinadas demoras. Eso permite planificar con duraciones reales y tomar decisiones sobre algo que tenés efectivamente medido”, agregó el ejecutivo de ALTAVE.
¿Cómo se integra la información?
La plataforma ALTAVE HARPIA está diseñada para interpretar lo que captan las cámaras y cruzarlo con otras fuentes de información de la operación. La compañía trabaja con datos de telemetría provenientes de herramientas utilizadas en perforación y completación. El objetivo es combinar una variable visual con otra operacional. Una presión determinada, una velocidad de un equipo o un tiempo muerto pueden asociarse con lo que está ocurriendo físicamente en la locación.
“Lo importante es poder cruzar algo binario o numérico con algo visual. ALTAVE HARPIA puede entender qué está viendo la cámara y relacionarlo con un dato de telemetría. Entonces se pueden construir reglas mucho más específicas: por ejemplo, si un equipo está funcionando a determinada velocidad y al mismo tiempo hay una cantidad determinada de personas dentro de una zona, generar una alerta”, explicó Oliva.
Del piloto a una herramienta de gestión
La adopción de estas tecnologías todavía atraviesa una etapa de experimentación en buena parte del mercado argentino. Según Oliva, el desafío está en evitar que la inteligencia artificial se convierta simplemente en otra herramienta tecnológica aislada y lograr que se incorpore a las rutinas de trabajo.
“Una tecnología por sí sola no cambia nada. Tiene que entrar en la rutina diaria. Por eso, cuando empezamos a trabajar con una operadora, primero buscamos entender qué problema quiere resolver, dónde tiene un punto ciego o qué situación le está generando un dolor de cabeza. A partir de ahí definimos un piloto, medimos y vemos qué información realmente le sirve”, marcó.
El proceso también implica ajustar los algoritmos a las características particulares de cada locación. Las condiciones climáticas, la disposición de los equipos, los movimientos habituales y las particularidades de cada operación pueden modificar la manera en que una cámara interpreta una escena.
“Esto no es un producto enlatado. Un algoritmo puede funcionar perfectamente en una operación en Arabia Saudita y encontrarse con condiciones completamente diferentes en la Argentina: nieve, viento, otra iluminación, otra disposición de los equipos. Por eso existe un proceso de fine tuning: hay que adaptar el algoritmo al lugar, a la operación y a la coreografía que se quiere medir”, comentó Oliva.
La compañía busca comenzar con aplicaciones puntuales y avanzar progresivamente hacia otras áreas. En algunos casos, una operadora puede comenzar utilizando la tecnología para seguridad y luego incorporar módulos destinados a logística, mantenimiento o performance operacional.
La escala de Vaca Muerta como desafío
El crecimiento previsto para la actividad en la Cuenca Neuquina vuelve especialmente relevante esa capacidad de medir y coordinar operaciones. Según datos compartidos por ALTAVE, la compañía está trabajando sobre proyecciones que contemplan un aumento significativo de las etapas de fractura, desde unas 28.000 previstas para este año hasta alrededor de 39.000 en el próximo.
Para Oliva, esa expansión exige nuevas formas de supervisar la actividad.. “No podés resolver ese crecimiento simplemente poniendo más personas a mirar más pantallas. La analítica de video puede convertirse en una capa adicional de datos de la operación y, sobre todo, en una herramienta de gestión que permita planificar la jornada siguiente y detectar dónde hace falta ajustar”, indicó.
“Lo que buscamos es que el video pase a ser una herramienta central de gestión para las compañías. No se trata solamente de avisar que ocurrió algo, sino de utilizar el dato para planificar, comparar, corregir y mejorar. La industria tiene equipos de trabajo muy buenos y personas con muchísimo conocimiento de la operación. La tecnología viene a darles más información para que puedan tomar mejores decisiones”, afirmó Oliva.
La apuesta de ALTAVE es que las cámaras dejen de ser únicamente un mecanismo para observar y registrar lo que ocurre en una locación. La posibilidad de convertir esas imágenes en datos, cruzarlos con telemetría y construir indicadores sobre tiempos, movimientos y desvíos abre una segunda etapa: utilizar la visión artificial no solamente para reaccionar ante un incidente, sino para entender cómo funciona la operación y encontrar oportunidades de mejora antes de que los problemas impacten sobre la productividad.
ALTAVE amplía su presencia en la Argentina con soluciones de monitoreo inteligente para Vaca Muerta
, Loana Tejero












