La petrolera estatal noruega Equinor, confirmó este jueves que avanzará al segundo período exploratorio en las áreas AUS 105y AUS 106, en la Cuenca Austral del Mar Argentino, junto a YPFy CGC. La compañía, operadora de ambas licencias, informó que la perforación exploratoria está prevista para 2028-2029, “sujeta a la finalización de los procesos ambientales y regulatorios y la obtención de los permisos correspondientes”.
En el comunicado, Equinor sostuvo que “la Argentina sigue siendo una pieza importante del portafolio exploratorio internacional” y que la decisión “refleja el compromiso de largo plazo” con el desarrollo offshore argentino. Sin embargo, la letra chica del anuncio deja flotando la pregunta que en los círculos hidrocarburíferos ya se hacen: ¿por qué una petrolera que dice tener compromiso de largo plazo elige un horizonte de perforación que se sitúa justo después de las elecciones presidenciales de 2027?
El cronograma oficial de Equinor obviamente evita cualquier referencia al proceso electoral, pero el timing es elocuente. La perforación en la Cuenca Austral no ocurrirá antes de 2028, es decir, recién después de que los argentinos hayan definido quién gobernará el país a partir de diciembre de 2027. Para una inversión de esta naturaleza —cada pozo costaría unos US$70 millonesy la idea es presentar los tres proyectos en conjunto al RIGI, cuyo piso es de US$200 millones— la certeza política no es un detalle menor.
La suspicacia no surge del aire. En los últimos meses y por motivos antagónicos, el empresariado argentino y los inversores extranjeros vienen señalando que la incertidumbre sobre la continuidad de Javier Milei en el poder está congelando decisiones de inversión de largo plazo . Según Perfil, “la incertidumbre en torno a la posibilidad de reelección del presidente Javier Milei está enfriando rápidamente el ánimo inversor”, y empresas de los sectores de energía y minería están postergando nuevos proyectos o redirigiendo sus inversiones al exterior por “el riesgo político y la posibilidad de cambios en la dirección de las políticas”.
“Wait and see”: la estrategia que se impone
Un ejecutivo describió con precisión el humor del mercado: “Si se trata de una inversión de miles de millones de dólares a más de 10 años, muchos deciden esperar uno o dos años para ver qué pasa”. Y agregó que el detonante fue claro: “Después de la caída en la aprobación del gobierno de Milei, el juicio de inversión cambió”, por temor a “la posibilidad de un cambio de régimen y la inestabilidad social”.
Ese “esperar y ver” es exactamente lo que sugiere el calendario de Equinor. La compañía no abandona el país, pero tampoco compromete capital de perforación en el corto plazo. Mantiene las licencias, avanza en la parte administrativa y regulatoria, y se da un margen de casi dos años antes de meter la broca en el agua. En el medio, habrá una elección presidencial.
No se trata de un caso aislado. La propia dinámica del RIGI, el régimen de incentivos que Equinor pretende utilizar para sus tres proyectos offshore, depende de la continuidad de las políticas del actual gobierno. Un cambio de signo político en 2027 podría revisar o demorar las aprobaciones, y las empresas lo saben. De hecho, la renuncia del hasta hace poco responsable de Energía, Daniel González, ya había encendido alarmas sobre posibles demoras en las aprobaciones del RIGI para proyectos de petróleo y gas de más de US$70.000 millones, en un contexto en el que, como señaló un análisis financiero, “el riesgo de timing es más que un error de redondeo: Argentina está a un año de una elección”.
En concreto
Para la gran mayoría de los 23 a 29 proyectos que se aprobaron, lo que existe es exactamente eso: una aprobación regulatoria y un compromiso de inversión a futuro, con cronogramas que se extienden hasta 2027, 2028 o más allá. Para el sector, la conclusión es que el RIGI ha logrado una avalancha de anuncios y aprobaciones formales, pero la “concreción” en términos de capital desembolsado y obras en marcha es, por ahora, la excepción y no la regla.
Inversion extranjera directa
A pesar del discurso, del alineamiento con Donald Trump y con Israel, a pesar del ajuste presupuestario y demás medidas económicas impopulares adoptadas por Javier Milei, en 2024, la Argentina recibió US$ 11.644 millones de inversión extranjera directa (IED), por debajo de Brasil —US$ 71.070 millones—, Chile —US$ 12.521 millones— y Colombia —US$ 14.269 millones—, según la CEPAL.
En 2025, la brecha se profundizó: la IED descendió a US$ 3.134 millones, una caída del 73,1%, mientras Brasil captó US$ 77.676 millones y México US$ 43.221 millones. Así, la Argentina representó apenas el 1,6% de la IED regional, pese a las expectativas generadas por los incentivos a la inversión.
La caída que explica la cautela
El fundamento de esta cautela empresarial no es una especulación periodística: es una realidad de las encuestas. La imagen positiva de Milei se derrumbó del 58,7% que supo tener en mayo de 2024 a un 36% en septiembre de 2026, con un 56% de valoraciones negativas, según la medición de Giacobbe & Asociados. Otras encuestas de octubre de ese año ya mostraban un retroceso aún mayor, con la imagen positiva en 34,9% y la negativa escalando al 64,1%.
Con ese panorama, la posibilidad de que el oficialismo no logre la reelección dejó de ser un escenario de laboratorio para convertirse en la hipótesis de trabajo de más de un directorio. Y Equinor, como el resto de las grandes petroleras, no toma decisiones de cientos de millones de dólares mirando solo la geología. Las condiciones del subsuelo en la Cuenca Austral son prometedoras —los descubrimientos en Namibia y Sudáfrica alimentan la teoría de que el margen atlántico argentino podría ser similar—, pero el riesgo país y la volatilidad electoral pesan igual o más en la ecuación .
Equinor dice que avanza. Y técnicamente es cierto: pasa a la segunda fase, conserva las áreas y planea los pozos. Pero la decisión de no perforar hasta después de las elecciones, en un contexto en el que el propio empresariado admite que está esperando el resultado comicial para definir inversiones, deja abierta la lectura de que el anuncio es, en los hechos, una postergación a la espera de un panorama político más claro. O, dicho de otro modo: compromiso de largo plazo sí, pero con la broca guardada hasta ver quién gobierna.












