Mientras las exportaciones de energía, minería y agroindustria impulsan buena parte del crecimiento económico argentino, diversos estudios advierten que ese dinamismo todavía no logró traducirse en una recuperación sostenida de la inversión productiva ni del empleo formal.

Los indicadores más recientes muestran una brecha creciente entre actividad exportadora y formación de capital. Entre fines de 2023 y mediados de 2026, las ventas externas aumentaron 38% y el consumo privado avanzó 8%, pero la inversión productiva retrocedió 4%, según estimaciones elaboradas sobre datos oficiales.

A nivel de la estructura económica, la principal preocupación aparece en la formación bruta de capital fijo. Su participación cayó del 20% al 17,2% del PBI en apenas un año, mientras la inversión en maquinaria y equipos explicó más de tres cuartas partes de ese retroceso.

En ese contexto se inscribe el debate sobre el Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI). El programa acumula proyectos presentados por más de USD 81.000 millones y aprobaciones cercanas a los USD 30.000 millones, aunque los desembolsos efectivos continúan siendo reducidos en relación con las necesidades de inversión de la economía argentina.

Entre los emprendimientos más relevantes figura Argentina LNG, que contempla inversiones estimadas en USD 51.000 millones y compras a proveedores nacionales por unos USD 15.000 millones. La iniciativa representa uno de los casos más emblemáticos de la apuesta oficial por convertir recursos naturales en exportaciones de escala global.

.
7 Wtms

Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que el impacto laboral de estos desarrollos no depende exclusivamente del empleo directo. Una parte sustancial de los beneficios económicos surge de las cadenas de proveedores, servicios especializados, logística, ingeniería, mantenimiento y tecnología que se desarrollan alrededor de los grandes proyectos.

Australia constituye uno de los ejemplos más citados en ese sentido. La expansión de la minería permitió el surgimiento de un ecosistema de empresas de equipamiento, tecnología y servicios que terminó sosteniendo más de un millón de empleos entre puestos directos e indirectos.

De manera similar, Chile consolidó una extensa red de proveedores asociados a la actividad minera, ampliando el efecto económico más allá de los yacimientos y transformando a la industria en uno de los principales motores del empleo nacional.

Para el caso argentino, distintos estudios ubican al petróleo y a la minería entre los sectores con mayor capacidad de generar trabajo indirecto. La posibilidad de desarrollar cadenas de valor vinculadas a energía, minería e infraestructura aparece como uno de los factores centrales para ampliar el impacto de las inversiones actualmente en ejecución.

La discusión incorpora además una dimensión territorial. El avance de proyectos asociados a Vaca Muerta, al gas natural licuado y a los minerales críticos alimenta las expectativas de crecimiento en regiones como la Patagonia y el Noroeste Argentino, donde se concentran buena parte de las oportunidades de expansión productiva.

De cara a las próximas décadas, el interrogante no pasa solamente por cuánto exportará Argentina, sino por cuánta inversión logrará movilizar y cuánto trabajo de calidad podrá generar alrededor de esos proyectos. La diferencia entre un ciclo exportador y un proceso de desarrollo económico más amplio dependerá, en gran medida, de la capacidad para transformar recursos naturales en proveedores, servicios, infraestructura y nuevas capacidades productivas.

The post Exportaciones récord y escasa inversión: el desafío de convertir el boom energético en empleo sostenible first appeared on Runrun energético.