
El impacto de la guerra Rusia-Ucrania y el conflicto en Medio Oriente permiten identificar ganadores y perdedores a partir de tres variables: los flujos comerciales de energía, los ingresos o costos derivados de las exportaciones e importaciones y la influencia geopolítica. Bajo esos criterios, Roberto Brandt, consultor internacional en temas energéticos y estrategia corporativa, destacó que Estados Unidos y China aparecen entre los principales beneficiados, Rusia y los países del Golfo presentan un resultado más ambiguo y Europa queda como la gran perdedora.
El tema fue debatido en una nueva emisión de Dínamo de la que también participaron Juan Battaleme, miembro del CARI y ex secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa; Sofía del Carril, miembro del CARI y especialista en Relaciones Internacionales; y Fernando Krakowiak, periodista de EconoJournal, bajo la conducción de Nicolás Gandini.

Ganadores de las guerras
“Estados Unidos es claramente ganador en flujos, porque exporta mucho más, y en ingresos porque tiene precios más altos en petróleo y GNL, con este grano de la crisis del diésel como matiz [en referencia a la reciente amenaza de Donald Trump con restringir las exportaciones estadounidenses de diésel], pero para mí con pérdida de influencia geopolítica”, planteó Brandt.
Según el especialista, la participación estadounidense en el conflicto de Medio Oriente puede terminar debilitando su posición política en una región estratégica para el mercado energético mundial. “Estados Unidos se metió en un lío en el Golfo Pérsico y le va a resultar muy difícil contrarrestar la seducción futura de China en esa región”, sostuvo.
–Estados Unidos parecía inicialmente haberse metido en una situación de la que no sabía cómo salir, pero en la actualidad el 80% del tráfico de buques petroleros por el Estrecho de Ormuz se restableció respecto de la situación previa a la guerra y al mismo tiempo Estados Unidos está asfixiando a Irán con el bloqueo de sus puertos marítimos. Por ahora, Irán se limita a comerciar las reservas que tiene fuera del alcance del bloqueo. A comienzos de septiembre tenía 29 millones de barriles. Ahora le quedan unos 15 millones (en referencia a mediados de la semana pasada) y se supone que a mediados de octubre esas reservas, que van fundamentalmente a China, se van a agotar. Pareciera que la reformulación de la estrategia de Estados Unidos en el Golfo está llevando a Irán a la desesperación. ¿Mejoró la estrategia de Estados Unidos y puede ganar la guerra a partir de estos cambios? –le preguntó Krakowiak.
–Ajustó más que mejoró –respondió Brandt- porque la realidad es que cuando empezó la guerra el 28 de febrero, el Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA, y todo el establishment que diseña estrategias en Estados Unidos, habían alertado sobre el tema del Estrecho de Ormuz. En las escuelas militares norteamericanas esas simulaciones sobre la eventual toma del Estrecho de Ormuz se practican hace décadas. ¿Qué ocurrió? Tenés un presidente que en primera instancia desoyó esos consejos. Le dijeron que lo primero que tenía que hacer era evitar que le tomen el Estrecho de Ormuz y controlarlo, como hicieron Gran Bretaña y Estados Unidos cuando derrocaron al primer ministro (Mohammad) Mosaddegh en la década del 50. Luego, por el error cometido, se vio que Irán tenía una estrategia muy eficaz, entonces se generó el bloqueo del bloqueo, el bloqueo en el Golfo de Omán, que generó el bloqueo de tres cuestiones claves para Irán: la exportación de petróleo, el contrabando y el abastecimiento de misiles o insumos para los misiles, que venían fundamentalmente de China y algo de Rusia. En eso sí fue efectivo el ajuste de la estrategia y eso combinado a que CENTCOM (United States Central Command), que es la autoridad militar en el teatro de operaciones de Medio Oriente, inició el desminado de la costa más cercana a Omán y liberó parte del tránsito allí, no sin incidentes, efectivamente generó que una parte del petróleo vuelva a ser exportado, pero dudo que eso termine de afectar del todo a Irán. Le está haciendo mucho daño, pero no veo que eso le permita a Estados Unidos ganar la guerra. Además, en las guerras asimétricas hay que acordarse de la famosa frase de (Henry) Kissinger con el Vietcong: “Ellos ganan si no pierden y nosotros perdemos si no ganamos”. Es lo que está pasando.

Sofía del Carril coincidió con Brandt. “No veo una salida fácil a la guerra con Irán. Creo que hoy a nivel político Trump prioriza más el fin del conflicto entre Rusia y Ucrania más que lo que está sucediendo con Irán. No veo una salida fácil por lo que dice Roberto, pero también porque creo que uno de los efectos colaterales es el resquebrajamiento de la relación que Estados Unidos tenía con los países del Golfo, con Arabia Saudita, con Emiratos, con Qatar. Ahí se rompió la confianza. Más allá de Ormuz, también hubo un daño enorme en la infraestructura de petróleo y gas. Por ejemplo, pienso en la gran planta de GNL de Qatar que va a tardar dos o tres años en recuperarse. Hay algunas cuestiones, que tienen que ver con la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente, que no van a ser fácil de reestablecer.
China, en cambio, aparece para Brandt como uno de los actores mejor posicionados en las tres dimensiones. “Por su resiliencia, para mí es un claro ganador en todos los planos. Porque en flujos ha influido en los flujos mundiales; en precios tiene la capacidad de domesticar -China ha negociado acuerdos muy beneficiosos durante toda esta crisis, de descuentos muy grandes de precios de petróleo y GNL- y en influencia ni hablar: parecería que todo esto es un regalo que se le está haciendo a China para ganar influencia”, afirmó.
Más temprano en el programa, Brandt había atribuido esa capacidad china a tres factores: su poder como comprador, una estrategia de diversificación energética combinada con “flexibilidad táctica” y la planificación de largo plazo. A diferencia de Estados Unidos o Rusia, China no necesita ser autosuficiente para utilizar la energía como herramienta de poder.
El balance ruso es más contradictorio. Brandt consideró que Rusia también logró beneficiarse de la reconfiguración de los flujos y de los mayores precios internacionales de la energía, pero advirtió que la prolongación de la guerra puede deteriorar su posición estratégica.
“Rusia, que como Estados Unidos es también un petroestado blindado, para mí se beneficia en flujos porque le levantaron las sanciones, porque le dejaron operar las flotas fantasmas y porque exportó más; en ingresos porque los precios fueron más altos y además la Europa que le dejó de importar gas natural por ductos le compra GNL por cantidades enorme en este momento”, señaló.
Sin embargo, agregó que “es dudoso cómo va a quedar posicionado en influencia, porque la guerra en Ucrania lo desgasta y porque en materia energética va a ser cada vez más dependiente de China”.

Perdedores de la guerra
El resultado es mucho menos ambiguo en Europa. “Europa es para mí la gran perdedora en los tres niveles”, aseguró Brandt. “En flujos porque está teniendo grandes dificultades para abastecerse en energía; en precios porque está pagando costos altísimos”, explicó. A eso sumó la situación de los almacenamientos de gas antes del invierno europeo y los elevados precios del TTF. El tercer impacto es geopolítico. “En influencia ni hablar, perdieron a su aliado principal, hay toda una reconfiguración”, sostuvo.
Durante la charla también surgió la duda de si Europa está en condiciones de defenderse frente a un posible avance de Rusia hacia el oeste. “Los europeos pueden. –remarcó Juan Battaleme–. Hay un meme que dice que 600 millones de europeos, les piden a 300 millones de norteamericanos que los defiendan de 100 millones de rusos. Ese es el meme que le tiran los norteamericanos. En 2019, Barry Posen escribió un artículo que se llama “Europa puede defenderse a sí misma”. El problema es la cantidad de equipamiento de combate que se necesita para enfrentar a un actor como Rusia. El peso europeo estaba siempre en el transporte, en la logística, en la inteligencia de señales, en un montón de equipamiento militar necesario, pero el grueso lo tenía Estados Unidos en las misiones de ataque. Cuando Estados Unidos les dice basta, los europeos reconocen que su componente de ataque es menor al que deberían tener, pero ahí aparecen los turcos, que están en una ubicación geográfica central, y les dice: “Recuerden que después de Estados Unidos yo soy el segundo ejército de la OTAN”. Por lo tanto, 350 mil turcos deberían defender al francés que dice que Turquía no es Europa. Por eso la Unión Europea está considerando meter a Turquía, darle una perspectiva a Turquía”.
Los productores del Golfo Pérsico tampoco salen indemnes del conflicto. Aunque el incremento de los precios puede compensar parcialmente la caída de los volúmenes para algunos exportadores, Brandt señaló una consecuencia más estructural: la pérdida de confiabilidad de la región como fuente de suministro.
“Los países del Golfo Pérsico perdieron en flujos y perdieron en parte en ingresos, y digo en parte porque Arabia Saudita está, por petróleo, ingresando más con menos cantidad, por los precios. No es el caso de Qatar, que está muy mal en términos de ingresos por GNL, y claramente están perdiendo influencia y van a tener que reconfigurarse”, afirmó Brandt.
“Hoy siguen siendo petroestados pero son vulnerables, ya no están blindados. ¿Qué va a quedar de todo esto? Van a sufrir el karma de la inseguridad logística. O sea, de esto va a quedar que no son más proveedores confiables y que hay que buscar alternativas”, agregó.
Argentina ante una nueva ventana geopolítica
¿Y dónde queda posicionada la Argentina en este nuevo tablero geopolítico? En su balance final, Brandt ubicó a África y América Latina entre los potenciales beneficiarios, aunque introdujo una condición: “sujeto a que lo administremos bien”, ambas regiones podrían registrar ganancias en términos de flujos y precios, aunque no necesariamente de influencia geopolítica.
La discusión había aparecido anteriormente en el programa cuando Nicolás Gandini preguntó si la búsqueda de alternativas de suministro podía abrir una ventana concreta para los proyectos argentinos de exportación de petróleo y gas, o si esa posibilidad respondía más a las expectativas locales que a una necesidad efectiva del mercado internacional.
Con respecto a la Argentina, Brandt sostuvo que “desde un punto de vista estrictamente energético, lo que está pasando nos está favoreciendo por mayores ingresos por exportaciones y mayores mercados para nuestro petróleo y gas. Es una muy buena noticia para Vaca Muerta y para la minería, pero creo que tenemos que tener siempre la humildad de conocer nuestro lugar en el mundo. Si hay incertidumbre global nos puede arrastrar y si hay recesión, inflación o aumento de la tasa de interés internacional nos impacta. Tenemos que tener siempre la lucidez de saber que, si bien coyunturalmente esto nos favorece, nos conviene que vuelva a haber un equilibrio, lo cual no se ve tan claramente en este momento.
Sofía del Carril fue contundente: “Yo creo que la ventana existe, creo que hay que saber aprovecharla”. “Hay muchos países que se plantean la cuestión de la seguridad energética. Pero Estados Unidos no habla de seguridad, habla de dominancia. Son varios pasos más allá”, explicó y amplió: “¿Eso qué quiere decir? No solamente asegurar el caudal de energía que necesita hoy para sí mismo, sino también controlar esos recursos y la explotación de esos recursos para habilitar a ciertos jugadores y para vedar [otros]”.
Esa competencia no se limita a los hidrocarburos: alcanza también a minerales críticos y tierras raras y, según la especialista, aumenta el valor estratégico de los recursos disponibles en Argentina y América Latina.
Para del Carril, las inversiones que comenzaron a llegar al país son una señal concreta de ese proceso. “La ventana de oportunidad geopolítica creo que es real, que existe y que los números lo muestran si uno mira las inversiones o propuestas de inversión en el contexto del RIGI. Yo creo que no se pueden explicar esas inversiones concentradas en oil & gas y minería sin entender el tablero geopolítico”, afirmó.
Juan Battaleme coincidió, aunque introdujo una condición interna para que esa oportunidad pueda materializarse. “No solamente existe la ventana, sino también vos tenés que empujarla. Justamente coincide la ventana geopolítica con la orientación general que esta administración le puso a la política exterior”, sostuvo.
El especialista advirtió que las inversiones energéticas requieren tiempo y, por lo tanto, previsibilidad y socios confiables sobre las políticas que tendrá el país en los próximos gobiernos: “Si vos tenés una oposición que llega al poder y dice ‘yo cierro y reviso todo’, todos esos proyectos de inversión que son de largo plazo quedan en un stand by razonable”.
Del Carril retomó la misma idea hacia el cierre del programa. “Hay que saber leer el tablero, hacer prospectiva, entender cómo jugar a largo plazo”, sostuvo. En un escenario en el que el riesgo geopolítico cada vez impacta más en las decisiones de gobiernos y empresarios, consideró que las reconfiguraciones actuales “traen realmente muchas oportunidades para Argentina y para un sector como el energético”. “Necesitamos estrategia para poder aprovechar esta ventana de oportunidades”, concluyó.
, Redaccion EconoJournal












