Una inversión industrial de hasta US$ 1.800 millones podría modificar el perfil productivo del Cordón Industrial santafesino, aunque su avance depende de una condición esencial: el acceso al gas natural proveniente de Vaca Muerta.

Pampa Energía mantiene en evaluación una planta de urea y amoníaco en Puerto General San Martín, pero la iniciativa continúa ligada a la expansión de la infraestructura gasífera.

El proyecto contempla una capacidad estimada de 1,3 millones de toneladas anuales de fertilizantes y figura entre los desarrollos petroquímicos más importantes analizados para la región. Sin embargo, la ausencia de capacidad de transporte suficiente impide avanzar hacia una decisión final de inversión.

Detrás de esa limitación aparece el tramo Salliqueló-San Jerónimo del Gasoducto Perito Moreno, una obra originalmente prevista para extender el suministro de gas desde Vaca Muerta hacia Santa Fe. El tendido proyectado alcanza 524 kilómetros y podría transportar hasta 21 millones de metros cúbicos diarios.

En ese contexto, representantes sindicales e industriales volvieron a reclamar la reactivación del proyecto. El Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos impulsa gestiones para que la provincia otorgue carácter estratégico a la obra y participe activamente en la búsqueda de financiamiento.

Mientras Santa Fe continúa esperando definiciones sobre el gasoducto, Pampa Energía avanzó con una inversión confirmada de US$ 2.700 millones en Bahía Blanca para desarrollar la mayor planta de urea granulada de América Latina, con entrada en operación prevista para 2029.

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La diferencia entre ambos proyectos refleja el peso que tiene la infraestructura energética sobre las decisiones industriales. Bahía Blanca dispone de acceso garantizado al gas, mientras que el Gran Rosario sigue enfrentando restricciones que afectan tanto iniciativas futuras como la operación de plantas ya instaladas.

Según las estimaciones difundidas por el sector petroquímico, la planta santafesina podría generar entre 400 y 600 empleos directos permanentes y entre 1.200 y 1.800 puestos indirectos vinculados a logística, mantenimiento y servicios especializados.

Además del impacto laboral, el emprendimiento permitiría sustituir cerca del 60% de las importaciones argentinas de urea. De concretarse, el proyecto fortalecería el vínculo entre la producción de gas de Vaca Muerta y el complejo agroexportador, uno de los principales consumidores de fertilizantes del país.

Más allá del interés empresario, la definición final continúa dependiendo de una decisión de infraestructura. Si la extensión del gasoducto avanza, Santa Fe podría captar inversiones industriales por miles de millones de dólares y mejorar la competitividad de su entramado productivo. Si la obra permanece frenada, parte de esas oportunidades seguirán concentrándose en regiones que cuentan con mayor disponibilidad energética y mejores condiciones operativas.

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