
A casi 30 kilómetros de Sierra Grande, sobre la costa rionegrina del Golfo San Matías, tras un camino de ripio que atraviesa una estepa inusualmente verde por las tormentas convectivas asociadas al fenómeno El Niño, se imponen en el horizonte delineado por el mar los tanques del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS). Son seis estructuras de 30 metros de alto y 83 de diámetro que pueden almacenar hasta 750.000 barriles de petróleo cada una.
Allí, en la terminal onshore de Punta Colorada, termina la traza de 437 kilómetros que parte de la estación cabecera de Allen e incluye un cruce subfluvial del río Negro. Desde ese punto se exportará el crudo de Vaca Muerta. El proyecto demanda una inversión de unos US$ 3.000 millones de YPF y otros ocho socios: Pan American Energy, Vista, Pampa Energía, Pluspetrol, Chevron, Shell, Tecpetrol y la neuquina GyP. La obra apunta a cargar el primer buque en marzo de 2027. La exportación comenzará con 180.000 barriles diarios y la obra está dimensionada para alcanzar los 550.000 hacia fines de 2027.
Para llegar al predio hay que atravesar parte de las instalaciones de la vieja mina de HIPASAM (Hierro Patagónico de Sierra Grande S.A. Minera), testimonio del derrotero que vivió la región desde la década del 70, con sucesivos intentos de reactivación que quedaron truncos. Hoy la ciudad vuelve a movilizarse con esta obra: las plazas hoteleras están completas y la actividad comercial muestra un dinamismo impensado dos años atrás.
Dentro de la terminal, además de los tanques, se levanta un campamento: un laberinto de tráilers de oficina que dibujan calles por las que circulan constantemente los trabajadores. En otro sector, un pabellón habitacional donde viven, en turnos de 21 días de trabajo por 7 de descanso, 1.100 de las 1.500 personas que trabajan en esta parte de la obra.
El predio, de 160 hectáreas, fue comprado por YPF a la provincia de Río Negro hace poco más de dos años. Allí se montaron los seis tanques que son los más grandes de Sudamérica. Cada uno ocupa una superficie equivalente al 75% de una cancha de fútbol profesional, tiene la altura de un edificio de diez pisos y puede almacenar 120.000 metros cúbicos, el equivalente a 50 piletas olímpicas.
En la terminal también se instala la unidad LACT de medición y fiscalización, un entramado de ductos que controlará la cantidad y la calidad del crudo que se bombeará desde los tanques hacia las monoboyas, previo paso por una planta de filtrado. Además funcionará un Real Time Intelligence Center (RTIC), desde donde se controlarán parte de los procesos que comienzan en Allen y terminan en las monoboyas. La coordinación general estará a cargo del centro de monitoreo que YPF tiene en su torre de Puerto Madero.
El impacto de VMOS en Sierra Grande y la región

Gustavo Gallino, vicepresidente de Infraestructura de YPF y presidente de VMOS, detalló que en lo que va del proyecto se pagaron más de US$ 240 millones en salarios a trabajadores locales, con la contratación de 2.000 rionegrinos, de los cuales el 65% proviene del Alto Valle y el Valle Medio, y el 35%, de la Zona Atlántica. A eso se suman US$100 millones en contratos con empresas locales, US$ 300 millones en productos y servicios y US$ 9 millones en compras de terrenos, tasas y servidumbres con unos 70 propietarios a lo largo de la traza.
Gallino afirmó que la provincia fue «muy exigente» con el cumplimiento de las leyes provinciales, como la que establece que el 80% del personal contratado debe ser rionegrino. «A veces hay personal especializado que no está en la zona, pero en general se trata de cumplir con ese porcentaje y de trabajar fundamentalmente con empresas que tengan capacidades, y si son locales, mejor. Seguramente, con los proyectos que vengan y el crecimiento, lo vamos a poder hacer todavía más», explicó.
«Las empresas locales tienen que capacitarse, buscar mejora continua y trabajar para convertirse en compañías con capacidades para participar de estos proyectos. Nuestra idea es que YPF esté entre las diez principales empresas de shale del mundo y queremos que las empresas que trabajen con nosotros tengan la misma premisa», agregó.
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El directivo recordó el inicio del proyecto: «Cuando vinimos por primera vez, en julio de 2024, todavía no había nada. Visualizamos este terreno, que después se lo compramos a la provincia, y era todo una quimera: ni siquiera teníamos el proyecto terminado. En estos últimos años se armó el project finance, lo pudimos hacer con los socios y hoy es una realidad».
También se refirió al impacto en la ciudad: «Sierra Grande es una ciudad castigada. Me acuerdo de HIPASAM, que apareció con muchísima expectativa y se cayó; después vinieron los chinos y se volvió a caer. Uno ve hoy Sierra Grande en relación con cuando vinimos por primera vez y es otra ciudad. Uno la recorre y ve locales nuevos, negocios nuevos, hay muchísima gente que trabaja en el proyecto. Los proyectos de esta magnitud tienen que tener impacto en la comunidad. Todas estas grandes obras terminan modificándole la vida a la gente», remarcó.
Por qué Punta Colorada como cabecera de exportación
Gallino explicó los motivos por los que se eligió Punta Colorada como cabecera de exportación. Por un lado, las condiciones naturales: aguas profundas que permitirán el ingreso de buques VLCC, con capacidad para dos millones de barriles, el doble que los que pueden operar en Bahía Blanca, lo que reduce el costo de transporte por barril.
Por otro, el marco normativo: la modificación de la ley que prohibía la actividad hidrocarburífera en el Golfo San Matías y la adhesión de Río Negro al RIGI. «Fue la primera provincia que adhirió al RIGI nacional. La facilidad que da fue muy importante para los inversores, en términos económicos, pero también en términos de seguridad jurídica», señaló.
El VMOS comienza en la estación cabecera de Allen y sigue con la estación de bombeo de Chelforó. En la traza se suma una segunda estación de bombeo, en construcción, y una eventual tercera, que se construiría si la capacidad de exportación se amplía a 750.000 barriles diarios y, más adelante, al millón. El sistema termina en Punta Colorada, con la terminal onshore, donde están los tanques de almacenamiento, y la offshore, que se conectará mediante una plataforma submarina (PLEM) con las monoboyas que cargarán los buques.
El VMOS lleva 18 meses de ejecución. El oleoducto se terminó en mayo y la terminal onshore estaría lista a fines de octubre. En la obra marina resta completar el cruce costero, conectar las monoboyas y, en diciembre, instalar las mangueras flotantes y hacer las pruebas. «Si todo sale bien y se cumple lo previsto, en enero tendremos el oil in, el primer ingreso de petróleo al sistema», anticipó Gallino.
El llenado del oleoducto y de los tanques demandará entre 40 y 50 días, según el caudal que se inyecte y la disponibilidad de crudo de las operadoras y, según estimó Gustavo Chaab, CEO de VMOS, el primer buque zarparía cargado en marzo «como fecha temprana» y en abril «como fecha segura».
, Redaccion EconoJournal












