El Seminario Anual 2025 del Instituto Argentino de la Energía (IAE) “General Mosconi” se desarrolló en la sede del Consejo Profesional de Ingeniería Mecánica y Electricista (COPIME), en un clima de optimismo prudente. Allí, la figura central fue su presidente, Jorge Lapeña, cuyas reflexiones marcaron el tono general del encuentro y delinearon los principales desafíos que enfrenta el sector energético argentino.
Lapeña advirtió que el problema más profundo del sistema no es de carácter técnico sino político. La transición energética, señaló, exige “dirección y armonía para no seguir navegando sin timón”. Esta falta de conducción se manifiesta en la ausencia de políticas claras y en la escasa coordinación entre los gobiernos nacionales y provinciales.
“El sistema energético argentino —remarcó— está atravesado por la anarquía política: no hay definiciones concretas sobre si realmente estamos transitando un proceso de cambio frente al desafío climático.”
“El desafío que enfrenta el sector no es solo técnico. Es más bien político porque la transición energética requiere de dirección y armonía para no seguir navegando sin timón”.
Sus declaraciones plantearon un diagnóstico severo: sin una política energética coherente y federal, el país corre el riesgo de reincidir en los ciclos históricos de desinversión y desorden. Lapeña insistió en que la energía debe ser abordada desde una estrategia de Estado y no como una sucesión de medidas parciales o aisladas.

“El desafío que enfrenta el sector no es solo técnico. Es más bien político porque la transición energética requiere de dirección y armonía para no seguir navegando sin timón”
En ese contexto de advertencia y propuesta, se desarrollaron los paneles temáticos del seminario.
El primer panel reunió a Fernando Navajas (FIEL), Eduardo Montamat y Verónica Gesse, quienes coincidieron con la lectura de Lapeña respecto a la necesidad de una conducción clara para la transición. Analizaron la normalización del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), que ofrece oportunidades para mejorar el servicio eléctrico, pero cuya estabilidad depende de una regulación inteligente. Navajas alertó sobre los riesgos de impulsar un marco competitivo sin señales de precios ni gobernanza; Gesse reclamó reglas federales más coherentes; y Montamat destacó la necesidad de un esquema regulatorio que otorgue previsibilidad y transparencia.
En el segundo panel, con la participación de Jorge Lemos (Edesur), Martín Mandarano (YPF Luz) y Pablo Tarca (Transener), se abordó la necesidad urgente de inversiones en transporte y distribución. La perspectiva común es que los próximos dos a cinco años estarán signados por ajustes graduales, lo que refuerza el diagnóstico de Lapeña sobre la relevancia de la planificación.
Lemos advirtió que las 36 cuotas fijadas para la Revisión Quinquenal Tarifaria condicionan las inversiones; Mandarano destacó que la expansión renovable requiere planificación de largo plazo; y Tarca remarcó la falta de capacidad de transporte para nuevos operadores, poniendo nuevamente en primer plano la necesidad de políticas estables y financiamiento.
El tercer panel se orientó al futuro de Vaca Muerta y del sector hidrocarburífero, con los aportes de Mauricio Roitman, Daniel Dreizzen y Pablo Magistocchi. Todos coincidieron en que el desarrollo de infraestructura, la innovación tecnológica y la construcción de acuerdos de largo plazo serán claves para sostener el crecimiento de la producción de petróleo y gas.
Al cierre, Lapeña retomó su mensaje: la transición energética argentina dependerá menos de la disponibilidad de recursos o de capacidades técnicas, y más de la capacidad política para definir un rumbo estable.
“El desafío no es solo técnico —sintetizó—; es político. La transición energética requiere dirección y armonía. Sin eso, seguimos navegando sin timón.”
Su reflexión final dejó resonando una idea central: la energía argentina avanza hacia una etapa de transición y normalización, pero únicamente una política federal coherente evitará la repetición de los errores del pasado.




