La industria volvió a caer mientras aumentan las tarifas y los subsidios
La industria volvió a retroceder en julio y puso en duda la continuidad de la recuperación iniciada a fines de 2025, pese al crecimiento de la refinación de petróleo y la producción de alimentos. Según FIEL, la actividad fabril cayó 1,1% interanual, en un escenario atravesado por el fuerte deterioro automotor, tarifas de electricidad y gas que aumentaron por encima de la inflación y subsidios energéticos que, de acuerdo con el IIEP (UBA-Conicet), crecieron 21% en términos reales durante 2026.
Según datos preliminares del Índice de Producción Industrial (IPI) elaborado por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), entre enero y julio, la refinación de petróleo encabezó el crecimiento industrial, con una suba interanual del 9,4%. Le siguieron las industrias metálicas básicas, con un avance del 6,4%, y alimentos y bebidas, con una mejora del 3,2%.
La producción de químicos y plásticos se mantuvo en el mismo nivel que durante los primeros siete meses de 2025, mientras que los insumos textiles registraron una caída similar al promedio general de la industria. También retrocedieron los despachos de cigarrillos, un 1%; la producción metalmecánica, un 1,9%; papel y celulosa, un 2,5%; y minerales no metálicos, un 5,3%.
La industria automotriz en particular, acumuló la contracción más pronunciada, con una caída del 18,3% interanual, y se convirtió en el sector que más contribuyó al retroceso general de la actividad fabril durante los primeros siete meses del año.
Retroceso
La producción industrial argentina retrocedió 1,1% interanual en julio y acumuló una caída del 0,6% durante los primeros siete meses de 2026,. En términos desestacionalizados, la actividad fabril disminuyó 1,4% respecto de junio, lo que refuerza las señales de que la recuperación iniciada en noviembre de 2025 podría haberse interrumpido entre abril y mayo.

El desempeño industrial volvió a mostrar fuertes diferencias entre sectores. La industria automotriz registró la mayor caída de julio, en un contexto de retroceso de las ventas y creciente competencia de vehículos electrificados provenientes de países de fuera del Mercosur. Aunque las exportaciones de vehículos aumentaron con fuerza después de dos meses de contracción —impulsadas parcialmente por una baja base de comparación—, Argentina continuó perdiendo participación en Brasil tanto entre los automóviles importados como en el total de patentamientos. Además, varias terminales anticiparon nuevos recortes de producción para los próximos meses.
En el extremo opuesto, la producción de alimentos y bebidas alcanzó un récord para julio, impulsada principalmente por los alimentos y, en particular, por la elaboración de aceites. Ese crecimiento compensó ampliamente la caída de la faena vacuna, que registró la menor participación de hembras desde diciembre de 2022, en el marco del proceso de recomposición de los rodeos ganaderos.
La siderurgia y la refinación de petróleo también mantuvieron elevados niveles de producción, mientras que la industria química y plástica mostró una leve mejora. No obstante, FIEL advirtió sobre una evolución dispar dentro de este último sector: mientras se anuncian inversiones destinadas a ampliar la capacidad de transporte de los recursos de Vaca Muerta, la petroquímica básica acumula interrupciones en la elaboración de insumos. Entre ellas se encuentran el cese de la producción de caucho sintético y el freno en la fabricación de negro de humo, luego del cierre de una de las principales productoras de neumáticos.
Bienes durables
Al analizar la producción por tipo de bienes, los de consumo no durable mostraron el mejor desempeño, con un crecimiento interanual acumulado del 2,7%. Este segmento alcanzó niveles récord tanto en julio como en el acumulado de los primeros siete meses, superando los registros de 2022.
Los bienes de uso intermedio crecieron un 1% entre enero y julio. En cambio, la producción de bienes de capital cayó un 7% y la de bienes de consumo durable retrocedió un 8,5%. De este modo, los bienes de consumo no durable aumentaron su aporte para contener la caída de la industria, mientras que los bienes de capital y los durables profundizaron su contribución negativa.

FIEL concluye que la industria retrocedió tanto en la comparación interanual como frente al mes anterior. El récord de la producción de alimentos sostuvo a los bienes de consumo no durable, pero no alcanzó para compensar el deterioro automotriz y de otros sectores. La nueva caída desestacionalizada, además, debilitó las perspectivas de continuidad de la recuperación industrial que había comenzado en noviembre de 2025.
Tarifas en alza
El retroceso de la actividad industrial señalado por FIEL se produce, además, en un escenario de nuevos aumentos en las tarifas de electricidad y gas y de crecimiento del gasto estatal destinado a subsidiar la energía. Según el Reporte de Tarifas y Subsidios de agosto de 2026, elaborado por el Observatorio del IIEP (UBA-Conicet), los usuarios continúan afrontando una parte creciente de los costos, aunque persisten bonificaciones significativas para los hogares alcanzados por el nuevo esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF).
En agosto, la factura eléctrica de un usuario residencial sin subsidios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ubicó en $61.308 mensuales, mientras que la de gas natural alcanzó los $61.613. Respecto de julio, el cargo fijo de la electricidad aumentó 1,8% y el variable subió 2% para los hogares sin subsidios y 1,3% para los subsidiados. Sin embargo, la reducción estacional del consumo luego del pico invernal determinó una caída mensual del 10,1% en el gasto eléctrico.

En el caso del gas, el cargo fijo aumentó 1,9%, mientras que el componente variable se incrementó 5,7% para los usuarios sin subsidios y 8,2% para los subsidiados. Pese a esos ajustes, la menor demanda estacional provocó una reducción del 5% en la factura promedio respecto de julio.
En la comparación interanual, el gasto en electricidad aumentó 50% y el de gas natural, 43%, frente a una inflación estimada del 34%. Desde diciembre de 2023, el incremento acumulado llegó al 501% en electricidad y al 2.071% en gas. En los primeros ocho meses de 2026, las subas acumuladas fueron del 36,8% y del 168,2%, respectivamente.
El Estado y los costos
De acuerdo con el IIEP, las tarifas abonadas por los hogares del AMBA cubren, en promedio, el 55% del costo de los servicios públicos relevados, mientras que el Estado financia el 45% restante. La cobertura tarifaria había aumentado entre julio de 2025 y febrero de 2026, con un salto asociado a la implementación del nuevo esquema de subsidios, pero desde entonces volvió a mostrar una tendencia descendente.
En electricidad, el usuario residencial aporta mediante la tarifa el 63% del costo calculado sobre los precios de referencia y el Estado cubre el 37%. Si la comparación se realiza contra el costo estimado del Mercado Eléctrico Mayorista para el segmento residencial, la cobertura del usuario baja al 46% y el aporte estatal sube al 54%.
En gas natural, un usuario residencial promedio paga el 60% del costo de abastecimiento, mientras que el Estado aporta el 40% restante.
Durante agosto continuaron vigentes las bonificaciones extraordinarias del 25% sobre el precio mayorista del gas y del 16,6% sobre el precio mayorista de la electricidad. Estos descuentos se suman a la bonificación general del nuevo régimen de Subsidios Energéticos Focalizados. Así, para el bloque básico de consumo subsidiado, la bonificación total alcanza el 75% en gas y el 66,6% en electricidad.
Para la energía eléctrica, el beneficio se aplica hasta un consumo de 300 kWh durante agosto. En el gas, el límite subsidiado depende de los umbrales de consumo establecidos para cada región. Por encima de esos niveles, los hogares deben abonar el costo correspondiente sin bonificación.
Factura eléctrica
A escala nacional, la factura eléctrica promedio para un hogar sin subsidios alcanzó en agosto los $92.883, frente a los $58.124 pagados por un usuario subsidiado. La factura sin bonificación resultó así aproximadamente 1,6 veces superior.
La composición de la factura eléctrica también varía según el segmento. Para un usuario sin subsidios, el 33% corresponde al costo de la energía, el 41% al Valor Agregado de Distribución (VAD) y el 26% a impuestos. Entre los hogares subsidiados, la energía representa el 21%, la distribución el 52% y los impuestos el 26%.
Las diferencias tarifarias entre provincias siguen siendo muy marcadas. Para un consumo residencial de 265 kWh mensuales sin subsidios, la brecha entre Neuquén —con una factura 71% superior al promedio nacional— y los usuarios de Edenor en el AMBA —37% por debajo de la media— alcanza los 109 puntos porcentuales. El IIEP explicó que esta dispersión responde a diferencias en los costos de las redes, las estructuras tarifarias, la frecuencia de actualización, la carga impositiva y los marcos regulatorios provinciales y municipales.
En gas natural, la factura promedio nacional ajustada por estacionalidad fue de $90.359 para un usuario sin subsidios y de $57.994 para uno subsidiado. En las facturas sin bonificación, el precio del gas representa el 53% del total, el VAD el 25% y los impuestos el 22%. Para los hogares subsidiados, esas participaciones son del 40%, 38% y 22%, respectivamente.
El peso conjunto de las facturas de electricidad y gas equivale al 5,1% del salario RIPTE estimado para un usuario sin subsidios y al 3,7% para uno subsidiado. Los hogares con ingresos superiores a tres canastas básicas no califican para recibir bonificaciones sobre los precios mayoristas.
Más subsidios
A pesar de la recomposición tarifaria, los subsidios a la energía aumentaron 58% nominal y 21% en términos reales en el acumulado hasta el 17 de agosto de 2026. El sector energético concentró el 77% de los subsidios económicos relevados y acumuló transferencias por $4,43 billones, expresadas en moneda de agosto.
Las transferencias a Cammesa, principal partida del sector, llegaron a $3,67 billones y crecieron 93% nominal y 46% real respecto del mismo período de 2025. El IIEP atribuyó este aumento al mayor costo de la energía despachada durante el período invernal.
En sentido contrario, las transferencias a Enarsa se redujeron 20% nominal y 36% real, hasta $601.235 millones. Los recursos destinados al Fondo Fiduciario para el Consumo de Gas Licuado de Petróleo y Gas por Redes aumentaron 197% nominal y 131% real, hasta $120.428 millones. Por su parte, las transferencias al Plan Gas.Ar —que incluyen compensaciones por las bonificaciones aplicadas al precio del gas natural— cayeron 66% nominal y 73% real, hasta $37.044 millones.
Aunque el gasto energético volvió a crecer durante 2026, la mirada de más largo plazo muestra una reducción significativa: los subsidios acumulados en los últimos doce meses se encuentran 59% por debajo del nivel registrado en diciembre de 2023 y 73% por debajo del máximo alcanzado en junio de 2022. No obstante, el IIEP observó que actualmente se mantienen estancados alrededor de un promedio anual de $10,6 billones, medidos en moneda constante de agosto de 2026.














TRAGEDIA EN VACA MUERTA: ASÍ FUE LA VIOLENTA FUGA DE GAS


















































































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