El petróleo y el gas alcanzaron en 2025 los niveles más altos en décadas, con Vaca Muerta explicando hasta el 70 % de la producción nacional. La expansión de la infraestructura y los proyectos de exportación abren una oportunidad histórica, condicionada por costos elevados y la volatilidad del mercado global.
El sector hidrocarburifero argentino atraviesa una fase de expansión sostenida que no solo define su presente productivo, sino que proyecta un cambio estructural de largo alcance en la economía nacional. Un análisis reciente coincide en que la industria del petróleo y el gas se encuentra inmersa en un ciclo de crecimiento impulsado, principalmente, por el desarrollo acelerado de Vaca Muerta y por lo proyectos de exportación de gas natural licuado (GNL) y crudo que se proyectan en el horizonte. Todo indica que la inversión y la actividad productiva continuarán siendo ejes centrales durante 2026, aun en un contexto internacional marcado por la volatilidad de precios y las tensiones geopolíticas.
Las proyecciones para 2025 anticipan lo que podría constituir un hito histórico: la producción de hidrocarburos podría alcanzar los niveles más elevados del último siglo, tanto en petróleo como en gas natural. Este desempeño excepcional se explica, en gran medida, por la contribución del desarrollo no convencional, que ha permitido consolidar a la Argentina como uno de los principales productores de energía de América Latina. Informes sectoriales señalan que la formación neuquina ya explica entre el 60 % y el 70 % de la producción total de hidrocarburos del país, con una participación aún mayor en el crecimiento incremental de los últimos años.
La dinámica expansiva también se refleja en el movimiento corporativo dentro del sector. En Chubut, la compañía Crown Point Energy concretó la adquisición de una participación mayoritaria, cercana al 59 %, en un conjunto de concesiones hidrocarburíferas que incluyen los yacimientos El Tordillo, La Tapera y Puesto Quiroga, junto con infraestructura asociada. Este tipo de operaciones empresariales refuerza la percepción de que los activos productivos argentinos continúan despertando interés inversor, incluso en provincias con tradición convencional, en un contexto de revalorización de reservas y mejoras operativas.
En paralelo, el Gobierno nacional avanzó en la actualización de precios mayoristas del gas natural. A través de una resolución oficial, se dispuso un incremento en el valor del gas en el Punto de Ingreso al Sistema de Transporte (PIST), que comenzará a trasladarse a las facturas a partir de enero de 2026. La medida se enmarca en el Plan Gas.Ar y tiene como objetivo alinear los precios internos con la estructura de costos y los compromisos contractuales, una decisión con impacto directo en las tarifas, la rentabilidad de las empresas y el equilibrio fiscal del sistema energético.
El peso estratégico de Vaca Muerta quedó particularmente en evidencia durante 2025. Según un análisis publicado recientemente, la formación fue determinante para sostener el superávit comercial energético del país, al explicar aproximadamente el 74 % del saldo positivo total en los primeros once meses del año. Este resultado se alcanzó en un contexto de récords simultáneos de extracción de petróleo y gas, y permitió reducir de manera significativa la necesidad de importaciones energéticas, con el consecuente alivio sobre las cuentas externas.
El dinamismo no se limita a los grandes operadores. Empresas de menor escala, también buscan iniciar o ampliar su producción en Vaca Muerta, lo que podría traducirse en mayores niveles de inversión y en una diversificación creciente del ecosistema productivo. Esta multiplicidad de actores fortalece la competencia, amplía la base de proveedores y contribuye a la consolidación de un entramado industrial más complejo y resiliente.
En el plano internacional, el contexto de precios del crudo añadió un factor adicional de complejidad. Durante las últimas semanas, el valor del petróleo se mantuvo elevado como consecuencia de tensiones geopolíticas globales, lo que tuvo un impacto directo en el mercado interno argentino, con aumentos en los precios de las naftas y el gasoil aplicados por las petroleras. Sin embargo, hacia fines de 2025 comenzaron a manifestarse señales de una posible corrección a la baja en los precios internacionales, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de las inversiones en un país con costos operativos relativamente elevados.
La evolución productiva de 2025 puede reconstruirse con precisión a partir de una secuencia de hitos clave. Entre enero y julio, la producción nacional de petróleo creció aproximadamente un 11 % interanual, mientras que la de gas natural avanzó en torno al 4 %, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario. Este desempeño estuvo impulsado casi exclusivamente por el no convencional, que ya representa alrededor del 60 % del petróleo extraído en el país. En julio, la producción de gas natural alcanzó un máximo histórico cercano a los 161 millones de metros cúbicos diarios, el nivel más alto desde 2003. En octubre, la Argentina superó su récord histórico de producción de petróleo —vigente desde antes de 1998— al alcanzar unos 859.500 barriles diarios, con Vaca Muerta aportando aproximadamente el 68 % del total. En noviembre, la producción se mantuvo en niveles récord, con unos 857.700 barriles diarios de petróleo y 122,3 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, nuevamente con una participación cercana al 70 % por parte de la formación neuquina. El cierre de diciembre consolidó un año histórico, aunque dejó planteado un desafío central: la caída de los precios internacionales del crudo comenzó a tensionar la rentabilidad del sector, en un contexto de costos locales elevados.
De cara a 2026, los impactos económicos y regulatorios se perfilan con claridad. Vaca Muerta continuará siendo el motor principal de la producción hidrocarburífera, con un aporte decisivo al saldo de la balanza comercial energética y a la generación de divisas. Proyecciones sectoriales indican que, de mantenerse el ritmo de inversión y desarrollo, la Argentina podría acercarse a una producción de un millón de barriles diarios hacia fines de 2026 o comienzos de 2027, aunque este escenario depende críticamente de la evolución de los precios internacionales.
Al mismo tiempo, el sector enfrenta el desafío de la competitividad. Los costos de perforación en la Argentina pueden ser hasta un 40 % más altos, medidos en dólares, que en Estados Unidos, lo que obliga a mejorar productividad y eficiencia en un contexto de precios globales potencialmente más bajos. Esta sensibilidad a los ciclos internacionales condiciona la planificación de largo plazo, especialmente en materia de infraestructura y expansión exportadora.
En este marco, la infraestructura emerge como un factor estratégico. Entre enero y noviembre de 2025 avanzó la construcción del oleoducto Vaca Muerta Sur, una obra de más de 3.000 millones de dólares destinada a conectar Neuquén con una futura terminal marítima en Río Negro, cuya puesta en operación está prevista para el cuarto trimestre de 2026. En paralelo, se proyecta la ampliación del sistema gasífero, incluido el gasoducto Perito Moreno, con inversiones estimadas en 700 millones de dólares para elevar la capacidad de transporte a 35 millones de metros cúbicos diarios hacia el invierno 2026/27.
En diciembre de 2025, YPF anunció planes de inversión por unos 6.000 millones de dólares para 2026, un incremento cercano al 20 % respecto del año anterior, a pesar del contexto de precios internacionales más moderados. En el mismo anuncio, la compañía ratificó el avance del proyecto Argentina LNG, desarrollado junto con Eni y ADNOC’s XRG, que prevé una inversión total del orden de los 20.000 millones de dólares. La decisión final de inversión está prevista para mediados de 2026, con el objetivo de desarrollar una terminal de exportación de gas licuado con capacidad estimada en 12 millones de toneladas anuales a partir de 2030.
Durante la primavera de 2026 se esperan definiciones clave, tanto en materia de inversión como de regulación. La ampliación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), con inclusión de proyectos upstream e integrales, apunta a ofrecer estabilidad fiscal y acceso a divisas por más de 30 años, un elemento central para atraer capitales de gran escala. Hacia el invierno 2026/27, las ampliaciones en transporte permitirían mayores flujos de gas hacia el centro y norte del país, así como una mayor capacidad exportadora intrarregional.
En el horizonte de largo plazo, el proyecto Argentina LNG proyecta exportaciones de hasta 12 millones de toneladas anuales de GNL a partir de 2030, con un potencial impacto de hasta 30.000 millones de dólares anuales en exportaciones energéticas, sumando petróleo, gas y derivados. Este proceso promete consolidar a la energía como uno de los pilares estructurales del superávit comercial argentino, al tiempo que impulsa la generación de empleo, el desarrollo de proveedores locales y la integración del ecosistema productivo nacional.
Los datos son contundentes: cerca de 857.700 bbp/d y 122,3 MMm3 de gas en noviembre de 2025; una participación de Vaca Muerta que oscila entre el 65 % y el 70 % de la producción total; una meta potencial de un millón de barriles diarios hacia fines de 2026 o inicios de 2027; y costos de perforación sensiblemente superiores a los de Estados Unidos, que condicionan la competitividad. En este delicado equilibrio entre oportunidad histórica y desafíos estructurales se juega, en definitiva, el futuro energético y macroeconómico de la Argentina.





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