La crisis energética que atraviesa Cuba deriva en limitaciones severas en el abastecimiento de carburantes, clave para el transporte y la distribución de alimentos, se hace evidente en las calles de la isla, donde residentes y visitantes describen un panorama marcado por apagones prolongados y dificultades cotidianas.

La situación se agravó tras la firma de una orden ejecutiva por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 29 de enero, que impone aranceles a los países que comercien combustible con Cuba.

Algunos turistas han reportado que durante su estadía hubo cortes de hasta 18 horas diarias y desabastecimiento de combustible. “Me preocupa no poder venir a ver a mi papá. Sin combustible no se puede hacer nada”, expresó Yohandri, una cubana residente en Estados Unidos, en declaraciones a la agencia de noticias Xinhua. A su juicio, la orden ejecutiva de la Casa Blanca afecta a la población, ya que la falta de diésel y gasolina repercute en la electricidad y en la disponibilidad de alimentos.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió el pasado viernes que la actual escasez de petróleo, agravada por las restricciones impuestas, pone en riesgo la disponibilidad de servicios esenciales en toda la isla y afecta severamente los derechos humanos del pueblo cubano. Cuba carece de suficiente capacidad de producción y refinación propia para cubrir la demanda interna, por lo que cualquier obstáculo adicional en la cadena de abastecimiento se traduce en más interrupciones del servicio eléctrico y mayores presiones inflacionarias.

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