Neuquén avanza en la evaluación de arenas silíceas locales y promueve una instancia de coordinación federal para ordenar un mercado en expansión.

La discusión sobre la logística de la arena en Vaca Muerta volvió al centro del debate a partir de la propuesta del ministro Federico Sturzenegger, quien planteó la posibilidad de reducir costos mediante el uso de la hidrovía y una flexibilización del cabotaje.
La idea apunta a trasladar arena desde Entre Ríos hasta el puerto de San Antonio Este y, desde allí, hacia los yacimientos. “¿Se imaginan cómo mejoraría la competitividad si la arena que va de Entre Ríos a Vaca Muerta pudiera salir por el río Paraná, entrar al puerto de San Antonio y de allí llegar por el río hasta Vaca Muerta?”, planteó el ministro, al sugerir un esquema logístico integrado por la hidrovía y transporte interior.
Independientemente de los errores geográficos, puso en la mesa dos discusiones clave: la de los costos un insumo clave para la producción hidrocarburífera así como la intervención de un funcionario en los negocios privados.
La necesidad de bajar costos logísticos y diversificar modos de transporte— es compartido por toda la industria. Sin embargo, la propuesta abrió cuestionamientos inmediatos desde Río Negro. El vicegobernador Pedro Pesatti señaló un punto crítico: el esquema no resuelve el tramo territorial más complejo. El puerto de San Antonio Este no tiene conexión fluvial directa con el sistema interior, lo que implica un traslado adicional de aproximadamente 180 kilómetros que, sin infraestructura adecuada, reintroduce el uso intensivo de camiones y diluye buena parte de la eficiencia buscada.
En este contexto, desde la provincia se impulsa una alternativa más estructural: la construcción de un ramal ferroviario de entre 220 y 250 kilómetros que conecte el puerto con el nodo Choele Choel–Darwin.
A diferencia del planteo fluvial aislado, esta opción permitiría integrar puerto, tren y producción en un esquema multimodal, con impacto no sólo en el shale sino también en economías regionales como la fruticultura.

Más allá del camino

Pero el debate excede lo estrictamente logístico. Las declaraciones de Sturzenegger también abrieron una discusión sobre el rol del Estado. En un gobierno que se define como liberal, la sugerencia de esquemas operativos concretos —como una ruta específica para abaratar costos en la industria— introduce una tensión evidente. En términos de consistencia doctrinaria, cabe preguntarse si corresponde que el Estado avance más allá de la regulación general para insinuar soluciones particulares de negocio.
La cuestión no es menor: cuando un funcionario no sólo fija reglas sino que orienta alternativas específicas, se vuelve difusa la frontera entre política pública y direccionamiento económico.
Incluso sin que exista un interés directo, ese tipo de intervenciones puede generar señales ambiguas al mercado o percepciones de cercanía con determinados actores.
En paralelo a esta discusión, emerge otro proceso que podría alterar de manera más profunda la estructura de costos del sector: el desarrollo de arenas locales. Por primera vez, la actividad en Vaca Muerta comienza a incorporar arenas silíceas producidas en Neuquén, lo que marca un cambio respecto de la histórica dependencia de insumos provenientes de otras regiones.
Dado que cada pozo requiere grandes volúmenes de arena —uno de los principales componentes del costo operativo—, la posibilidad de abastecimiento local abre un escenario distinto.
Algunas operadoras ya avanzan en esa dirección: YPF realiza ensayos combinando material neuquino con arenas tradicionales, mientras que Vista Energy desarrolla un esquema más integrado, con producción propia y procesamiento cercano a sus áreas de operación.
Aunque la escala aún es incipiente, el interés crece junto con los estudios de calidad y las nuevas exploraciones. En este proceso también participa Cormine, que avanza en la evaluación técnica de sus yacimientos, analizando propiedades clave como resistencia y morfología del grano.
En definitiva, la discusión sobre la arena expone dos planos complementarios.
Por un lado, el debate inmediato sobre cómo optimizar la logística —donde la propuesta fluvial aparece incompleta sin una solución multimodal robusta—.
Por otro, una transformación más profunda vinculada al desarrollo de insumos locales, que podría reducir estructuralmente los costos y reconfigurar el mapa productivo.
Entre ambas dimensiones se juega la competitividad futura de Vaca Muerta: no sólo en cómo se transporta la arena, sino en dónde y cómo se produce.