La derrota oficialista funcionó como un plebiscito adverso para Javier Milei, que ahora enfrenta un Congreso más hostil y un frente económico en creciente incertidumbre.

En una jornada política con baja participación, el domingo 7 de septiembre de 2025, los bonaerenses fueron convocados a renovar 46 bancas de diputados y 23 de senadores provinciales en una elección que se convirtió en un clave termómetro para la dinámica nacional. Con una participación cercana al 63 % —sobre más de 13,3 millones de ciudadanos habilitados—, la alianza peronista Fuerza Patria se alzó con una victoria contundente, alcanzando el 47,8 % de los votos, aventajando en más de 13 puntos porcentuales a la coalición libertaria La Libertad Avanza, que obtuvo entre el 33,7. El triunfo peronista se consolidó en seis de las ocho secciones electorales, incluidas las más pobladas —la primera y la tercera—, mientras que La Libertad Avanza solo prevaleció en la quinta y sexta. La victoria de Fuerza Patria no solo refuerza su control sobre la Legislatura bonaerense, sino que también proyecta a su líder regional, Axel Kicillof, como una figura de peso para la oposición con miras al porvenir político nacional.

Internas

En el corazón del peronismo se libró una disputa silenciosa pero decisiva: Cristina Fernández de Kirchner, emblema del kirchnerismo, debió enfrentar las tensiones internas que desató la figura en ascenso de Axel Kicillof. El gobernador bonaerense, en un gesto de autonomía política, optó por desdoblar la elección, una estrategia rechazada por el cristinismo pero que, al cabo, se reveló como el pilar de la campaña triunfante. En distintos municipios —como Coronel Suárez y General Pueyrredón— se evidenció con claridad la fractura: las listas respaldadas por referentes de Kicillof se midieron contra las impulsadas por La Cámpora, el brazo político de Cristina liderado por Máximo Kirchner. La escena culminante llegó con la victoria, cuando los militantes, entre banderas y cánticos, proclamaron: “Es para Axel, la conducción”, consagrando así el liderazgo del gobernador sobre la expresidenta en la interna del PJ bonaerense. La conclusión resultó ineludible: Cristina y su espacio cedieron la batalla estratégica y simbólica, mientras Kicillof emergía como el nuevo faro de referencia provincial.

Más allá del peronismo, la contienda dejó también heridos en la vereda oficialista. En La Libertad Avanza, el traspié electoral golpeó con particular fuerza a Karina Milei y su entorno, en particular “Lule” y Martín Menem. La secretaria general de la Presidencia y hermana del mandatario, convertida en uno de los rostros más expuestos de una derrota signada por las coimas confesadas por el ex funcionario Spagnuolo justo en el área más sensible para el electorado: los discapacitados. La elección términos políticos, funcionó como un plebiscito inesperadamente adverso para el gobierno nacional.

 Los mercados

El impacto en los mercados fue inmediato, casi visceral, como un reflejo instintivo frente a los números de la elección. Apenas confirmada la derrota de Javier Milei en la provincia de Buenos Aires, el índice S&P Merval se precipitó cerca de un 20 % en dólares, mientras los bonos soberanos sufrieron fuertes retrocesos. El mensaje fue claro: dudas crecientes sobre la gobernabilidad y la continuidad del ajuste fiscal. En paralelo, el riesgo país escaló nuevamente por encima de los 900 puntos básicos, señal inequívoca de la desconfianza externa.

El peso argentino tampoco escapó a la presión. La demanda de divisas en el mercado paralelo creció de inmediato, alimentada por la percepción de que el revés político podía frenar o incluso bloquear reformas clave, con el consecuente riesgo de mayor emisión y menor disciplina fiscal. Para muchos analistas, esta derrota significó un “corte de alas” a la agenda liberal de Milei, reduciendo las posibilidades de avanzar con privatizaciones, desregulaciones y un Estado más acotado. El fortalecimiento del peronismo bonaerense anticipa, además, un Congreso más hostil tras las legislativas de octubre. Desde la mirada de los bancos de inversión, el episodio marcó el fin del breve “período de luna de miel” con los mercados: lo que antes era expectativa, ahora es incertidumbre.

El sector energético

En este contexto, el sector energético se erige como un caso particular. Hasta ahora, había sido uno de los grandes ganadores de la gestión libertaria: superávits significativos, exportaciones reactivadas y llegada de capital, con Vaca Muerta como epicentro de divisas. Solo en los primeros once meses de 2024 se acumularon más de 4.800 millones de dólares de superávit. Sin embargo, bajo esa superficie afloran fisuras: cortes persistentes, déficits de abastecimiento y gasoductos de Vaca Muerta funcionando a apenas un 30 %, pese a aumentos tarifarios de magnitud inédita —hasta 1.482 % en gas desde diciembre de 2023—.

La política de subsidios energéticos refleja el mismo dilema. El gobierno había avanzado en recortes relevantes, como los 2,6 millones de dólares anuales ahorrados al excluir de beneficios a barrios cerrados del AMBA. Tras la derrota, la presión política apunta a acelerar y ampliar la segmentación: la georreferenciación para excluir zonas de alto poder adquisitivo, que ya estaba en marcha, podría intensificarse.

En materia de inversiones, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) muestra una brecha entre expectativas y realidad. Aunque se aprobaron siete proyectos por unos 13.067 millones de dólares y hay otros en evaluación por más de 21.281 millones, las cifras distan del ambicioso objetivo inicial de 47.100 millones. Entre los emprendimientos más relevantes se cuentan el Oleoducto Sur de Vaca Muerta y un megaproyecto de licuefacción de gas natural de Southern Energy. Aun así, el riesgo país elevado y la volatilidad política amenazan con enfriar el entusiasmo inversor, especialmente en sectores de alta intensidad de capital.

La contundente derrota en Buenos Aires no solo golpea la narrativa oficialista: constituye un anticipo de la dura prueba que representan las elecciones legislativas del 26 de octubre. Si bien Milei insiste en su discurso de disciplina fiscal, la duda ahora es si podrá movilizar el voto y sostener su programa reformista frente a un peronismo revitalizado.

El tablero legislativo se vuelve aún más desafiante. En Diputados, donde se renovarán 127 de las 257 bancas, un buen desempeño opositor podría ampliar la fuerza de Unión por la Patria y erosionar aún más a LLA, que ya parte de una representación acotada. En el Senado, con 24 bancas en juego, el escenario luce todavía menos favorable: la oposición podría consolidar un dominio que complique cualquier iniciativa oficialista. La debilidad parlamentaria es palpable: la Libertad Avanza no controla ni el 15 % de las bancas y acaba de sufrir un revés histórico con el rechazo masivo a un decreto presidencial en materia de asistencia social.

De cara a octubre, los pronósticos auguran un panorama áspero para Milei. Un Congreso más adverso, menos permeable a reformas liberales, y un oficialismo crecientemente aislado políticamente. La movilización territorial del peronismo y la dispersión de la oposición no peronista refuerzan la tendencia. Aun así, no todo queda clausurado: con negociaciones puntuales y alianzas estratégicas, el gobierno aún podría rescatar algunas de sus iniciativas. Pero la épica de la transformación radical se enfrenta ahora a la áspera aritmética parlamentaria y a la fría desconfianza de los mercados.