
El escenario en Medio Oriente alcanzó un nuevo pico de tensión tras las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El mandatario lanzó una advertencia directa a los aliados de la OTAN: “Es lógico que quienes se benefician del estrecho ayuden a garantizar que no ocurra nada malo allí. Si no hay respuesta, o si la respuesta es negativa, creo que será muy malo para el futuro de la OTAN”, aseguró Trump.
La situación se enmarca en lo que se percibe como una guerra de desgaste ejecutada por el régimen chiíta de Irán contra Estados Unidos e Israel. Mientras Teherán lanza misiles contra blancos civiles en ciudades como Tel Aviv, Jerusalén y Dubái, el cerco sobre Ormuz se aprieta. Ante esto, el Pentágono comenzó a distribuir inteligencia militar a sus socios regionales y prepara una flota para proteger a los cargueros. Por su parte, Alireza Tangsiri, comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria de Irán, afirmó mediante un comunicado que el estrecho no fue bloqueado militarmente y que “simplemente está bajo control”.
Trump también puso la mira sobre Pekín, recordándoles que obtienen el 90 % de su petróleo de esa vía. El mandatario espera que China ayude a destrabar el paso antes de su visita oficial programada para abril; de hecho, sugirió que podría retrasar su cumbre con Xi Jinping si no hay señales de cooperación. Según el presidente, tanto Europa como China dependen “en gran medida del petróleo del Golfo”, a diferencia de Estados Unidos: “En realidad, lo que pido es que esos países intervengan y protejan su propio territorio, porque es su territorio. Se podría argumentar que quizá no deberíamos estar allí en absoluto, porque no lo necesitamos. Tenemos mucho petróleo”, declaró a la prensa a bordo del Air Force One.
Sin embargo, la propuesta de construir un mecanismo de protección naval quedó estancada por la reticencia de los socios históricos. Trump cuestionó duramente la postura del Reino Unido, país al que se suele considerar el “aliado número uno”. El mandatario se quejó de que Londres solo ofreció enviar barcos después de que Washington hubiera “prácticamente eliminado el potencial de peligro”. Al respecto, afirmó: “Necesitamos esos buques antes de ganar, no después de ganar”. Tanto el premier británico, Keir Starmer, como el francés, Emmanuel Macron, deslizaron que solo aportarían sus flotas una vez finalizado el conflicto.
Ante esta situación, Washington evalúa medidas extremas. El Pentágono ya ordenó el movimiento de la Unidad 31 Expedicionaria de Marines hacia Medio Oriente. El despliegue incluye el buque de asalto anfibio USS Tripoli, 2.200 infantes de marina, aviones de ataque F-35B y otros 2.800 efectivos de apoyo de la Armada. Esta decisión marcaría un giro drástico, ya que implicaría que tropas estadounidenses se involucren directamente en el terreno de combate para escoltar a los petroleros si los aliados mantienen su negativa a intervenir.
La tajante respuesta de la OTAN
El vocero del gobierno de Berlín, Stefan Kornelius, le contestó al presidente de Estados Unidos, que advirtió que la Alianza Atlántica tendrá un futuro “muy malo”si no colabora con el desbloqueo del estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán en plena guerra en Medio Oriente.
El vocero del canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que “la OTAN es una alianza para la defensa del territorio” de sus miembros y que en la situación actual “no existe el mandato para desplegarla”: “Esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN. No es la guerra de la OTAN”
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