El panorama de los hidrocarburos ha dado un giro radical este 5 de enero de 2026. Tras la captura de Nicolás Maduro, el mercado global asimila que las mayores reservas probadas del mundo han quedado bajo la órbita de influencia de Washington. Según reportes de Reuters, el crudo WTI operó con una subida moderada del 1,7% (58,32 dólares), reflejando una tensión inicial que fue rápidamente matizada por la expectativa de una oferta masiva a mediano plazo.

En Wall Street, las acciones de las petroleras con activos estratégicos en la región vivieron una jornada de euforia. Chevron Corp. lideró el repunte con un alza del 5,7%, impulsada por la confianza de los inversores en que el control estadounidense de la zona facilitará una reconstrucción sin precedentes del sector. Las empresas de servicios técnicos, como SLB y Halliburton, también registraron subas superiores al 7%, anticipando un ciclo de inversión masiva para reparar una infraestructura que hoy opera al mínimo de su capacidad.

Uno de los puntos más disruptivos ha sido el enfoque del presidente Donald Trump respecto a China, el mayor comprador de crudo venezolano bajo el régimen anterior. Contrario a la tesis de un bloqueo total, Trump ha sugerido que Estados Unidos capitalizará este recurso mediante una diplomacia comercial directa. “Vamos a venderle crudo a China; no vamos a decir que no”, ha sido el mensaje central, indicando que Washington busca regularizar las exportaciones venezolanas —antes ocultas en “flotas en la sombra”— para que los beneficios fluyan hacia empresas estadounidenses y la reconstrucción local.

Sin embargo, esta apertura comercial viene condicionada. Bloomberg detalla que el plan de la Casa Blanca implica eliminar los descuentos que China obtenía en el mercado negro, forzando a Pekín a comprar bajo precios de mercado regulados. Al mismo tiempo, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha enfatizado que la prioridad será el suministro a las refinerías de la Costa del Golfo, lo que sugiere que China seguirá recibiendo petróleo, pero bajo los términos y la supervisión de la nueva administración interventora.

En cuanto a las proyecciones globales, la brecha entre la Agencia Internacional de Energía (IEA) y la OPEP parece resolverse a favor de la primera. La IEA mantiene su previsión de un superávit de casi 4 millones de barriles diarios para finales de 2026. Con las reservas venezolanas ahora alineadas con los intereses de producción de EE. UU., las barreras geopolíticas que mantenían ese crudo fuera del circuito formal se desvanecen, validando la tesis de un mercado con exceso de oferta que actuará como un techo para los precios.

Por el contrario, la OPEP ha manifestado históricamente que la demanda global requiere más barriles para evitar un déficit. No obstante, con Venezuela operativamente fuera de la esfera de influencia de la OPEP+ y bajo control de Washington, la capacidad del cartel para gestionar el mercado mediante recortes de producción ha quedado severamente mermada. Pareciera hoy que el centro de gravedad energético se ha desplazado hacia el Hemisferio Occidental.

El impacto técnico para las operadoras es inmediato. El crudo pesado venezolano es el complemento necesario para el shale producido en Estados Unidos. Según Bloomberg, la reactivación de los mejoradores de crudo en la Faja del Orinoco permitirá a refinadoras como Valero (+9,8%) y Marathon Petroleum (+6,1%) optimizar sus procesos de mezcla, reduciendo costos operativos y alterando la estructura competitiva del mercado de derivados.

No obstante, Reuters advierte que la “victoria” petrolera es una apuesta de largo aliento. Pasar de la producción marginal actual a niveles competitivos internacionales requerirá inversiones estimadas en 100.000 millones de dólares. La velocidad con la que el capital privado estadounidense logre movilizar equipos de perforación hacia zonas críticas como el Lago de Maracaibo definirá si Venezuela actúa como un motor de crecimiento o simplemente como un activo estratégico en reserva.

Pekín, por su parte, observa el proceso con “grave preocupación”. Para China, la captura de Maduro representa la pérdida de un aliado que le garantizaba suministros fuera del sistema financiero del dólar. La declaración de Trump sobre seguir vendiéndoles crudo parece ser una herramienta de presión: Pekín podrá seguir comprando energía, pero deberá hacerlo bajo un esquema que fortalezca el dominio energético de EE. UU. en la región.

Eel inicio de 2026 marca el fin del crudo venezolano como factor de desestabilización para convertirse en un activo de “abundancia administrada”. Mientras la IEA anticipa un escenario de precios contenidos por el superávit, el sector hidrocarburífero se prepara para una reconfiguración donde la eficiencia operativa y el control geopolítico de las rutas de exportación hacia Asia serán las nuevas variables maestras del mercado.