Los precios del crudo aflojaron este lunes, en una rueda marcada por señales de distensión parcial en uno de los puntos más sensibles del mercado energético global: el estrecho de Ormuz. Declaraciones desde Washington y la posibilidad de nuevas liberaciones de reservas estratégicas ayudaron a recortar parte de las subas acumuladas en las últimas semanas.

El Brent cayó 1,4% y se ubicó en US$101,68 dólares por barril, mientras que el WTI retrocedió 4% hasta los US$94,76. La corrección llega después de un rally fuerte: ambos benchmarks habían escalado a máximos desde 2022 y acumulan subas superiores al 40% desde el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán a fines de febrero.

Uno de los factores que moderó los precios fue el mensaje del Tesoro estadounidense. Washington señaló que, por ahora, no objetará el tránsito de ciertos buques iraníes, indios y chinos a través del estrecho de Ormuz. La definición introduce un matiz relevante en medio del conflicto, porque reduce el riesgo inmediato de un bloqueo total en una vía por la que circula cerca de un quinto del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.

En paralelo, se mantienen negociaciones indirectas para sostener la navegación comercial. Irán solicitó a India la liberación de tres petroleros retenidos en febrero, en el marco de conversaciones más amplias para garantizar el paso seguro de buques vinculados al comercio indio.

Sin embargo, el frente geopolítico sigue lejos de estabilizarse. Aliados de Estados Unidos descartaron, por el momento, desplegar fuerzas navales para asegurar el tránsito en la zona, pese a los pedidos de la Casa Blanca. Desde Europa, la postura es más ambigua: si bien no hay respaldo a la ofensiva militar contra Irán, algunos gobiernos dejan abierta la puerta a futuras acciones para resguardar la libertad de navegación.

En este contexto, la política energética vuelve a jugar un rol central. Gobiernos de países consumidores buscan amortiguar el impacto del encarecimiento del crudo sobre la inflación y la actividad económica. La IEA (agencia internacional de energia) dejó abierta la posibilidad de nuevas liberaciones de reservas estratégicas. Según su director ejecutivo, incluso después del mayor uso coordinado de stocks de la historia, todavía quedarían más de 1.400 millones de barriles disponibles.

De hecho, ya está en marcha una inyección significativa. Más de 400 millones de barriles comenzarán a volcarse al mercado en las próximas semanas, en un intento por contener la volatilidad de los precios.

En el terreno militar, las perspectivas tampoco ayudan a despejar incertidumbre. Israel anticipó que sus operaciones podrían extenderse al menos tres semanas más, mientras continúan los ataques sobre infraestructura iraní. Desde Washington, estiman que el conflicto podría resolverse en un plazo similar, con una eventual normalización de la oferta energética.

La escalada incluyó amenazas sobre la isla de Kharg, clave para las exportaciones iraníes, y nuevos episodios de represalias. A esto se suman disrupciones concretas en la logística regional. ADNOC suspendió cargas de crudo en Emiratos Árabes Unidos tras un ataque con drones que provocó incendios en una terminal estratégica.

En Fujairah, uno de los principales hubs fuera del estrecho de Ormuz, las operaciones comenzaron a reactivarse parcialmente. Dos de los tres puntos de carga ya están operativos. Desde allí se despacha alrededor de 1 millón de barriles diarios de crudo Murban, un volumen que representa cerca del 1% de la demanda global.

El mercado, por ahora, se mueve entre señales cruzadas. Por un lado, la continuidad del conflicto mantiene el riesgo geopolítico elevado. Por otro, las medidas para sostener el flujo de crudo y el uso de reservas estratégicas actúan como un freno a nuevas subas abruptas. El equilibrio es frágil y depende, en buena medida, de lo que ocurra en Ormuz en las próximas semanas.