
Gerardo Rabinovich*
En la mañana del 28 de abril España quedó a oscuras en forma imprevista: padres saliendo desesperados de su trabajo yendo a buscar a sus hijos a la escuela, familiares tratando de encontrar a sus seres queridos en los trenes y subterráneos detenidos en la mitad de las vías, sin comunicaciones, sin smartphones ni Internet, vuelos desviados sin poder aterrizar en aeropuertos españoles. Un verdadero desastre. Poco después se perdió el suministro en Portugal, y Francia tuvo que interrumpir la interconexión que tiene con España para que la falla no se propague por toda Europa. El servicio se fue reponiendo a lo largo de las siguientes cuarenta y ocho horas.
El párrafo anterior habla por sí solo y con mucha claridad sobre la importancia y la esencialidad del servicio eléctrico en nuestras modernas sociedades.
Los medios y las redes sociales estallaron posteriormente buscando las razones del colapso, planteando en algunos casos teorías conspirativas, como ciberataques procedentes de Rusia, u otras interesadas echando la culpa a la alta penetración de la energías renovables, en particular la energía solar fotovoltaica, en el sistema eléctrico español, y advirtiendo que todo intento por reemplazar combustibles fósiles estaba destinado al fracaso.
Poco menos de tres meses después, hacia fines de junio se conocieron las investigaciones oficiales que descartaron las teorías conspirativas, y explicaron que las fallas se produjeron por sobretensiones extremas, desajustes entre oferta y demanda, operadores actuando fuera de tiempo, agentes que no siguieron los protocolos de seguridad, ya sea por imposibilidad técnica o inconveniencias económicas, y herramientas para equilibrar las redes disponibles pero no obligatorias que podrían haberse utilizado evitando que el sistema eléctrico fuera cayendo como un castillo de naipes[i].
Las instituciones que deben intervenir en el mercado eléctrico obtuvieron un duro aprendizaje y emitieron una cantidad de recomendaciones que comienzan a ponerse en práctica. Para el grueso de la población el problema desapareció cuando volvió el servicio eléctrico y se normalizaron las prestaciones y para los medios y las redes dejó de ser un tema que mereciera seguir en cartelera, sin noticias sensacionales.
Solo un largo y aburrido informe técnico, que bien comunicado hubiera servido para que la sociedad conozca toda la complejidad que esconde la industria eléctrica, que no tolera interrupciones largas ni accidentes y que debe estar en todo momento cuando se la requiere, como el aire y el agua. La electricidad no es un bien como cualquier otro dice el profesor Jacques Percebois (2018), no es almacenable, es esencial, se consume cuando se produce, tiene precios distintos en distintos momentos del día, de la semana y del ano[ii].
Esta larga introducción nos permite comprender los desafíos de la reconstrucción del mercado eléctrico argentino, que sufrió la intervención de todos los gobiernos del siglo XXI, transformando al operador del sistema eléctrico, CAMMESA, en el único comprador y vendedor de la electricidad del país, y canalizando enormes subsidios desde 2005, cuantificados por Alejandro Einstoss (2025)[iii], en casi 150.000 mil millones de u$s y siendo responsable de casi todo el desequilibrio fiscal de nuestra economía en este primer cuarto de siglo.
En los dieciocho meses que lleva gobernando la actual administración, sigue sin poder encontrar el punto de arreglo del sector eléctrico. El diagnóstico es el correcto y es consensuado:
- un parque de generación eléctrica compuesto por máquinas en gran medida obsoletas, que no son capaces de satisfacer el pico de la demanda máxima de verano. En febrero llego a los 30.2 GW y hubo que recurrir a importaciones desde Brasil para no interrumpir el abastecimiento. En el transcurso del presente año no se incorporaron nuevas maquinas térmicas y se retiraron aproximadamente 150 MW. Este retiro fue parcialmente compensado por la incorporación de 300 MW solares fotovoltaicos. Digo parcialmente porque la energía producida por los parques solares tiene un rendimiento del 20%,
- no se conocen nuevos proyectos en construcción, y por lo tanto el abastecimiento del próximo verano está seriamente comprometido, y el de los años subsiguientes también;
- un sistema de transmisión en alta tensión saturado, que produce interrupciones de servicio en distintas regiones del país, como los cortes en Centro y NEA en este verano, y en el AMBA en el mes de marzo;
- los plazos de las concesiones hidroeléctricas se encuentran totalmente vencidos y no se encuentra la solución para que estas instalaciones vuelvan a sus concedentes o sean nuevamente concesionadas. Vale la pena resaltar que estas centrales hidroeléctricas tienen una antigüedad que va desde los 50 anos en el caso de El Chocón, y a los 32 anos en el caso de Piedra del Águila, entre las más importantes del Comahue. Salto Grande, compartida con Uruguay es de 1983 (42 años) y Yacyreta compartida con Paraguay ya cumple 31 años. Todas requieren fuertes inversiones para ser modernizadas y extender su vida útil.
Sin embargo, las soluciones no aparecen. Las ideas no parecen ser muy atractivas para eventuales interesados en las nuevas concesiones hidroeléctricas, y se recurre a fórmulas ya experimentadas en los anos 1990 para la expansión de las líneas eléctricas de alta tensión, que nunca han funcionado.
Existe financiamiento internacional para ambos problemas que el Estado se resiste a tomar, insistiendo en delegar en la iniciativa del sector privado, que no parece muy interesado en asumir estos riesgos, preservando los objetivos de equilibrio fiscal y eliminación del impuesto inflacionario.
En el caso especifico de la energía eléctrica, la participación del sector público siempre ha sido indispensable para equilibrar las expectativas de rentabilidad del sector privado, y para habilitar el desarrollo de nuevos proyectos que en definitiva se vuelcan sobre la competitividad del país, tanto en la industria como en el campo.
Casi la mitad de la electricidad que consumimos se produce con gas natural. Esta es una palanca de competitividad que no se sabe como aprovechar. El gas natural es el gran director del sector energético argentino.
La revolución del shale oil y del shale gas en los Estados Unidos a partir de 2010, llevó a este país a ser el primer productor mundial de petróleo y gas natural, pero el impacto más importante fue la reducción de los costos del gas natural en el mercado interno, que permitió la reindustrialización del país, la reducción del precio de la electricidad por la sustitución del carbon por el gas natural de muy bajo costo, y convertirse en el primer exportador mundial de GNL[iv], según Daniel Yergin (2020).
La abundancia del recurso en Vaca Muerta, no puede ser evacuada a los centros de consumo por una infraestructura insuficiente. La segunda etapa del gasoducto Perito Moreno es una obra muy importante para habilitar proyectos de exportación hacia Brasil, y para satisfacer los picos de la demanda invernal.
En el mes de junio pasado nos despertamos con la novedad de cortes de gas en casi todo el país por un pico de demanda causado por una ola de frio polar prolongada.
¿Como es posible que esto suceda en un país que no se cansa de pregonar sus ambiciones de exportar grandes cantidades de petróleo y gas natural al resto del planeta? ¿Porque no se puede replicar la exitosa experiencia del shale oil de los Estados Unidos, con precios del gas natural en baja atrayendo proyectos industriales que generen empleo y riqueza y reduciendo el costo de la electricidad?
El mes pasado, la Secretaria de Energía admitió la compra de gas natural a un valor de 7 u$s/MMBtu, el doble casi del pactado en el Plan Gas, que ya era un precio promocional para incrementar la producción en Vaca Muerta. ¿Como se explica en un país donde el recurso es abundante? ¿Es posible exportar con estos precios? ¿Hay un problema de competitividad con nuestro gas?
La coordinación gas-electricidad es critica para lograr salir del laberinto en el que nos introdujo el populismo energético del siglo XXI en la Argentina. Precios del gas natural compatibles con los precios de exportación de Vaca Muerta van a permitir la reconstrucción del mercado eléctrico, en el cual se puedan establecer contratos de abastecimiento entre productores de gas y generadores de electricidad, sin pasar por la intermediación de CAMMESA, y contratos de abastecimiento de electricidad entre generadores y distribuidores, sin pasar por la intermediación de CAMMESA.
El costo medio de generación en junio fue de 94 u$s/MWh. La cobertura de costos con el precio estacional fue apenas del 51%[v]. El problema de los subsidios eléctricos no está resuelto. El espejismo del verano desapareció rápidamente, cuando la cobertura de costos llegaba al 80%. En los próximos meses los subsidios volverán a ser importantes, con costos medios de generación reflejando precios del gas natural muy altos. Los objetivos fiscales e inflacionarios se ven amenazados por el conjunto gas-electricidad.
Volviendo al principio, es muy probable que ocurran incidentes cono los ocurridos en España, y para estar preparados se requiere una visión integral del problema energético. Es una obligación indelegable del Estado Nacional, a través de sus instituciones de planificación, hoy desmanteladas. La respuesta a las preguntas y la mitigación de la incertidumbre existente pasan por mecanismos que solamente pueden ser diseñados desde la Nación, a través de un Plan Energético Nacional de largo plazo. El sector privado lo necesita como guía de sus inversiones y la sociedad como un garantía de la seguridad de abastecimiento.
Hoy paradójicamente comprometida, en un país que sueña con que el recurso de Vaca Muerta lo saque de la pobreza, mientras el gas y la electricidad se cortan cuando mas se necesitan,
- Vicepresidente Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi”
[i] Versión no confidencial del informe del comité para el análisis de las circunstancias que concurrieron en la crisis de electricidad del 28 de abril de 2025. Consejo de Seguridad Nacional, Gobierno de España (junio 2025).
[ii] Jacques Percebois: Energie, Economie et Politiques, de Boeck,, Paris, 2014.
[iii] Einstoss, A. (2025). Lo que falta en la corrección de subsidios, Clarín, 15 julio 2025.
[iv] Daniel Yergin: The New Map: Energy, Climate and the Clash of the Nations, Penguin Books, 2020.
[v] Observatorio de la Transición Energética, Fundación Torcuato di Tella.




