En enero, la situación dentro de la OPEP resultó tensa. Aunque el conjunto produjo menos petróleo, los mercados observaban con atención cada indicio de desequilibrio. Este descenso sucede mientras, en otro extremo, Venezuela logra avances notorios. Allí, tras meses de caída, la extracción casi alcanza nuevamente el umbral de un millón de barriles por día.

El 9 de febrero de 2026, una revisión realizada por Reuters mostró que la producción de la OPEP durante enero descendió 60.000 barriles diarios frente a diciembre. En conjunto, llegó a 28,34 millones de bpd. Aunque ciertos países aumentaron su extracción, el panorama general reflejó reducciones sostenidas. Factores técnicos influyeron, junto con restricciones estructurales prolongadas. La disminución persiste sin relación directa con mejoras operativas recientes.

Fue sobre todo por lo que ocurrió en Nigeria y Libia. Operaciones interrumpidas afectaron las salidas desde Nigeria. Las cargas se vieron limitadas allí debido a problemas de transporte. En Libia, condiciones climáticas adversas causaron cierres portuarios. Algunos muelles importantes dejaron de funcionar temporalmente. Esto ya ha sucedido antes en ese territorio. Interrupciones fuera del control comercial son comunes en dicho lugar.

Pese a la demanda elevada, Irán extrajo volúmenes menores. Debido a las restricciones impuestas por Estados Unidos, sus envíos al exterior se mantienen limitados. Aunque el mercado global necesita más suministro, su participación sigue disminuyendo. Como consecuencia, su influencia en el comercio energético mundial permanece restringida.

Un descenso siguió a la medida de OPEP+, tras decidir detener subidas programadas desde comienzo del año 2026. En lugar de añadir crudo, el grupo priorizó estabilidad; algunos miembros funcionan casi al límite actualmente. Más aún, sus esfuerzos giran hacia conservación de infraestructura antes que crecimiento productivo. La revisión responde así a limitaciones físicas, no solo decisiones estratégicas entre países aliados.

Por otro lado, Venezuela tomó un rumbo distinto. Superando los 600.000 barriles por día, la Faja del Orinoco impulsó el total productivo hasta acercarse al millón de bpd. Ese nivel no ocurría desde hace mucho tiempo. Tras una extensa etapa de descenso, ahora hay indicios claros de giro en la trayectoria.

Un alza ocurrió gracias a que dejaron de reducir producción dentro del país junto con mejores condiciones para vender petróleo al exterior. Como las restricciones bajaron, fue posible sacar reservas almacenadas, encender nuevamente perforaciones paralizadas y continuar iniciativas sin avance por ausencia de compradores.

Ahora el escenario político es distinto. Luego de una larga etapa marcada por la inestabilidad y ausencia de recursos, el sector petrolero del país se ajusta a condiciones distintas: normativas renovadas, colaboraciones con compañías internacionales entran en juego, mientras que mantener los envíos al exterior gana prioridad.

Lejos aún de máximos pasados, la mejora pone otra vez a Venezuela bajo observación comercial, especialmente en petróleos densos. Con continuidad en esta tendencia, las refinerías podrían ver cambios, así como los patrones de valoración.

Con el panorama actual, domina una tensión notable en el mercado. Parte de la OPEP reduce su suministro. Al mismo tiempo, vuelven lentamente los barriles procedentes de Venezuela. Varios productores trabajan cerca del máximo posible. Ya desde principios de 2026, cualquier falla significativa resultaría compleja de absorber.