Semanas atrás, el presidente de Chile, Gabriel Boric, anunció que presentará un proyecto de ley para adelantar el plan de descarbonización al 2035 -o antes-, y desde aquel entonces surgieron cuestionamientos desde sectores estratégicos del país. 

Andrés Romero, presidente del directorio de Valgesta Nueva Energía, planteó que el retiro acelerado de las termoeléctricas a carbón debe ir acompañado de un enfoque integral que ponga en el centro la seguridad del sistema eléctrico.

“No estoy en contra de la iniciativa, pero si consideramos que hubo un blackout en febrero del presente año, creo que la señal que dio el presidente no es la adecuada”, sostuvo en conversación con Energía Estratégica.

Si bien se desconocen los pormenores del proyecto que prepara el Poder Ejecutivo, desde la consultora apuntaron que se requiere poner en la mira otros focos principales para avanzar con la transición de manera segura y que impacte a favor en los costos para los usuarios finales. 

“La seguridad debe ser el apellido de la nueva etapa de transición. Hay que hacer una profunda revisión de la norma técnica, seguridad, calidad, servicio. Lo está haciendo el regulador, pero tiene que ser con un trabajo mucho más amplio y con más detenimiento”, subrayó el ejecutivo. 

Bajo ese panorama, el entrevistado recordó que Chile está protagonizando una de las transiciones más rápidas del mundo. En 2024, el 72% de la generación eléctrica provino de fuentes renovables y un 35% específicamente de solar y eólica. No obstante, advierte que esa velocidad ha traído consecuencias. 

El blackout del 27 de febrero es, para Romero, un punto de inflexión. La magnitud del evento, en el contexto de una matriz altamente renovable, revela una vulnerabilidad estructural. 

En este marco, el presidente del directorio de Valgesta enumera una serie de acciones que considera prioritarias. La primera es una revisión profunda de la normativa vigente, seguido por la realización de planes de contingencia y determinación de inversiones clave para responder a situaciones críticas como el corte eléctrico masivo. 

Además, propone un giro en la política de fiscalización de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC): “Debiera incorporar la prevención de estas contingencias dentro de su política de fiscalización, y por tanto y de manera central, la seguridad de suministro”.

Otro punto crítico es el impacto de la salida de las centrales térmicas sobre la estabilidad del sistema, particularmente en lo que refiere a inercia y cortocircuito. 

“Hay que evaluar la costo-eficiencia, si esto significa que tenemos que incorporar tecnología, como los condensadores síncronos, y si los ciudadanos están disponibles a pagar esos costos. Y de igual modo, debemos actualizar la regulación de la distribución eléctrica, aunque sea de manera progresiva”, manifestó. 

Almacenamiento: estrella en ascenso, pero con riesgos

El almacenamiento energético será una pieza clave del nuevo sistema. Chile ya cuenta con 999 MW de potencia operativa en baterías, 574 MW en fases de prueba y más de 3500 MW en construcción según datos del sector. 

Pero la tendencia no frenará ahí, sino que se espera un crecimiento sostenido y estratégico en materia de storage, ya que existen 8299 MW aprobados y 14597 MW de capacidad BESS en distintas etapas calificación

Este desarrollo, impulsado por señales regulatorias como la modificación del reglamento de transferencias de potencia, se ve favorecido por una caída sostenida de los costos tecnológicos.

Pero no todo son luces. Romero observa con cautela el ritmo de instalación y los incentivos económicos, lo que podría conllevar el riesgo de “canibalización en el mercado”, un fenómeno que ya afectó a los parques solares debido a la saturación de la oferta. 

“A futuro puede haber agentes perjudicados en sus ingresos y generar un desbalance en el mercado de potencia”, concluyó el especialista remarcando la importancia de estudiar la entrada de baterías y coordinar su integración en el sistema de manera estratégica, instando a que la planificación BESS se aborde con la misma rigurosidad que se exige para el resto del sistema eléctrico.

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