Empresas Públicas de Medellín (EPM) decidió suspender temporalmente la construcción del parque eólico E200, con una capacidad de 200 MW en La Guajira, pese a contar con la licencia ambiental.
La empresa considera inviable avanzar debido a la complejidad social del territorio y deja el proyecto «guardado» sin una fecha clara para su reactivación.
Esta suspensión no es un caso aislado. Otros desarrolladores como Celsia, Enel Colombia y EDP Renewables también enfrentan paralizaciones en La Guajira, sumando en total 1.535 MW detenidos.
En concreto, Celsia tiene detenidos los parques Camelias y Acacia (330 MW); Enel suspendió Tumawind (200 MW) y Chemesky (100 MW), además de vender Windpeshi (205 MW) a Ecopetrol tras su paralización en mayo de 2023; y EDP canceló Alpha y Beta, que juntos aportarían cerca de 500 MW.
Uno de los problemas centrales es la infraestructura de conexión. La línea de transmisión Colectora, crucial para evacuar la energía generada en la región, estaba programada inicialmente para noviembre de 2022.
Tras múltiples retrasos, su entrada en operación se ha pospuesto hasta agosto de 2026, aumentando la incertidumbre técnica y contribuyendo a la decisión de EPM de detener el proyecto E200.
Otro desafío significativo radica en los conflictos con las comunidades indígenas Wayuu. Las empresas han enfrentado hasta ahora 235 procesos de consulta previa con importantes desacuerdos y retrasos, según advierten desde el sector.
El gran potencial eólico de Colombia está concentrado en La Guajira, una zona con desafíos sociales profundos. La demora en la infraestructura de transmisión fue clave para que estos proyectos no puedan honrar sus compromisos comerciales, acumulando pérdidas desde 2023 que los han hecho inviables.
Alejandro Lucio, CEO de Óptima Consultores, afirma que «aunque se espera que la línea de transmisión Colectora finalmente opere hacia 2026, es demasiado tarde para las empresas originales, que ya agotaron su paciencia y su capacidad de absorber pérdidas».
Sin embargo, en diálogo con Energía Estratégica remarca que los problemas fundamentales siguen siendo sociales y de infraestructura y sostiene: «Las empresas simplificaron excesivamente el contexto colombiano, tomando riesgos mal calculados».
En este contexto, cobra relevancia el papel que está asumiendo Ecopetrol, que ha comenzado a adquirir proyectos eólicos detenidos como parte de su estrategia de transformación hacia una empresa de energías renovables.
Aunque actualmente la normativa le impide actuar como generador, la empresa ha comenzado a avanzar en el sector a través de la figura del «autogenerador remoto», una modalidad recientemente habilitada que le permite producir energía en una ubicación distinta a la del consumo propio.
El colapso del desarrollo eólico onshore en Colombia se evidencia no solo en cifras alarmantes, sino en la incapacidad de resolver cuellos de botella estructurales y sociales, alertando que la simple disponibilidad del recurso eólico no garantiza su aprovechamiento efectivo.
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