Chile atraviesa un punto crítico en su transición energética. A pesar de haber alcanzado una matriz eléctrica con un 68% de generación renovable, el país mantiene una fuerte dependencia de los combustibles fósiles en su consumo total de energía, según información compartida por la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA).
“La electrificación no avanza ni ocurre al ritmo que debería en Chile para disminuir la dependencia de fósiles”, planteó Ana Lía Rojas, directora ejecutiva de ACERA, durante #NosVemosenFES, el ciclo de streamings virtuales que organiza Future Energy Summit (FES) y que busca conversaciones descontracturadas para conocer a los líderes del sector renovable de Latinoamérica y Europa.
El rezago se evidencia con fuerza en el ritmo de crecimiento de la demanda eléctrica. En 2024, el consumo aumentó solo un 1,8%, y para 2025 se prevé un crecimiento nulo.. La consecuencia directa de este estancamiento es que el 64% del consumo energético total del país sigue basado en combustibles fósiles, a pesar de tener disponible una matriz limpia.
Rojas identificó varios factores que contribuyen a esta situación. Uno de ellos es la falta de foco en los sectores productivos con mayor consumo energético, donde se debería priorizar la electrificación. En ese sentido, destacó el caso de la minería, donde las decisiones aún se definen por criterios de costos y seguridad de suministro, lo que ha limitado su avance en materia de electrificación.
“También hay grados de electrificación residencial que ocurren en algunos nichos de mercado. Y a futuro debemos ser capaces de doblar el chair de electricidad actual y aspirar a un 45-50% en los próximos 20 años”, afirmó Rojas, apuntando a un salto estructural que permita acelerar la transición energética.
Además del impacto ambiental, la directora ejecutiva de ACERA enfatizó que la electrificación representa una oportunidad para el desarrollo industrial de Chile, donde todas las tecnologías convivan y se pueda implementar en base a renovables, almacenamiento y gas.
Sin embargo, advirtió que el país ha desviado su atención de este objetivo estratégico, atrapado en discusiones de corto plazo o en aquellas que ya llevan tiempo de debate sin definición clara.
“Las políticas que apuntarían a ese largo plazo no las estamos pudiendo desarrollar porque nos hemos dedicado a muchos temas que desviaron el foco, como por ejemplo 4 años de congelamiento de tarifas, la discusión de los subsidios eléctricos hace más de un año, retrasos en procesos de líneas de transmisión y distribución, entre otros”, subrayó.
Falta de institucionalidad y planificación a largo plazo
Uno de los vacíos estructurales que más preocupa a ACERA es la ausencia de una política nacional de electrificación. Según Rojas, no existe un organismo con atribuciones específicas para liderar esta transición, lo que deja al país sin una brújula para avanzar de forma ordenada y sostenida.
Este vacío institucional permite que la coyuntura invada constantemente la planificación energética, restando continuidad a cualquier estrategia de largo plazo. Para la ejecutiva, este problema estructural compromete la viabilidad de alcanzar los objetivos climáticos y de desarrollo industrial del país.
“El corto plazo y la coyuntura terminan por invadir la planificación de la estrategia de largo plazo”, concluyó Rojas, con un llamado claro a retomar el rumbo de la transición con una visión técnica, institucional y estratégica.
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