Hace dos semanas el Gobierno Federal de México, a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), confirmó la construcción de dos plantas termosolares con almacenamiento en Baja California Sur que sumarán 100 megawatts (MW) de capacidad instalada. La decisión fue celebrada por Jaqueline Valenzuela, directora ejecutiva del Centro de Energía Renovable y Calidad Ambiental (CERCA) del estado, quien subrayó que “es muy importante que se empiece a hablar de proyectos de energía renovable y no solo de proyectos de combustibles fósiles”.
Valenzuela destacó que hasta ahora las iniciativas anunciadas para el estado habían estado ligadas al gas y al diésel, pero que el viraje de la administración de Claudia Sheinbaum hacia energías limpias constituye una “señal clara de transición”.
La especialista explicó que el anuncio es significativo porque Baja California Sur funciona como una isla energética: sus sistemas no están conectados entre sí ni con el Sistema Eléctrico Nacional. “Eso nos pone en una situación de vulnerabilidad energética”, señaló, y recordó que la infraestructura actual data de 1979. “Es urgente sustituir estas unidades que a la fecha operan prácticamente después de 50 años”, advirtió en diálogo con Energía Estratégica.
Por ello, consideró que el estado podía convertirse en modelo nacional: “Este anuncio es positivo para que Baja California Sur sea un laboratorio de energías renovables, de tecnologías innovadoras que posteriormente puedan trasladarse al Sistema Interconectado Nacional de México”, afirmó.
Desde el estado señalan que la ubicación de las nuevas centrales debería responder a criterios técnicos. En ese sentido, Valenzuela consideró que “si estaríamos hablando en términos de probar la tecnología, el lugar idóneo sería el sistema Mulegé, porque el impacto para la poca población de ese municipio sería manejable”. Posteriormente, la segunda central podría integrarse al sistema de Baja California Sur, que es más grande pero sigue siendo marginal respecto al consumo nacional.
Actualmente, solo el 11% de la matriz eléctrica de Baja California Sur proviene de renovables, principalmente de proyectos privados que suman unos 350 MW. No obstante, Valenzuela afirmó que se podría triplicar la capacidad instalada actual y llegar a los 1.200 megawatts que necesita el sistema del estado.
Entre los principales retos para consolidar la transición, Valenzuela destacó el almacenamiento y la sustitución de las centrales fósiles obsoletas. Explicó que hasta ahora México había avanzado con proyectos renovables intermitentes, pero sin resolver cómo respaldarlos en horas sin sol o viento. “Con esta tecnología en particular estábamos explorando algo que no se había hecho en México, que son los sistemas de almacenamiento necesarios para que la tecnología renovable crezca a la par de los combustibles fósiles”, puntualizó. La ejecutiva subrayó que la termosolar con sales fundidas permitirá garantizar energía firme por 8 horas continuas, lo que representa un cambio estructural frente a la dependencia del gas y el diésel. El subsecretario de Planeación de la Secretaría de Energía, Jorge Islas Samperio, remarcó que la elección de esta tecnología se debió justamente a su capacidad firme, un factor diferencial frente a otras renovables intermitentes.
Valenzuela también resaltó la necesidad de marcos regulatorios claros. Desde CERCA trabajan junto al Congreso estatal en una Ley de Fomento a las Energías Renovables, que busca armonizar tres esquemas regulatorios distintos vigentes en México desde 2013. “Creemos que Baja California Sur también puede tener este liderazgo en tener una primera ley que haga una armonización de los tres diferentes esquemas de regulación que operan al día de hoy”, señaló.
Por otro lado, Valenzuela analizó la reciente ampliación del esquema regulatorio de generación distribuida, que elevó el límite de 0,5 MW a 0,7 MW, y reclamó que este cambio no quedara restringido a proyectos comerciales. “Lo que estamos pidiendo es que, a partir de la ampliación del límite, se dé prioridad a los consumos domésticos y sociales. Y así estaríamos hablando por primera vez en México de democratización de la energía”, sostuvo.
Finalmente, insistió en que la sustitución de unidades fósiles es un reclamo ciudadano: “Tenemos unidades que funcionan en las peores condiciones ambientales y que ya es una demanda ciudadana la sustitución de estas unidades”.
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