Panamá lanza una licitación clave para el sector eléctrico, la primera a largo plazo en más de diez años y exclusiva para fuentes renovables. El proceso busca adjudicar contratos de suministro por 20 años a partir de enero de 2029, orientado a la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas y eólicas, con posibilidad de incorporar almacenamiento con baterías.
Federico Fernández Dupouy, managing director de OTEPI y profesor en el IESA, sostuvo que el diseño de esta licitación podría generar precios altamente competitivos. “Probablemente termine siendo más bajo, ojalá que sea algo por energía en seis o siete centavos por kilovatio hora”, manifestó, en referencia a las expectativas actuales del mercado.
La licitación representa una apuesta a futuro, con proyectos que aún no han sido construidos. “Es para empezar dentro de muchos años y es de hidroeléctricas y eólicas que van a construirse, o sea que es una apuesta a qué pasa cuando esto tenga que arrancar por allá por el año 2029”, explicó Fernández Dupouy. A su juicio, ese horizonte temporal puede alentar precios bajos, pero también introduce incertidumbres sobre la demanda y las condiciones del sistema eléctrico.
La referencia más cercana es la licitación de 2023, en la que se presentaron decenas de ofertas para distintas tecnologías. En aquel proceso, los precios se movieron entre 6 y 14 centavos por kWh.
Uno de los factores más celebrados de la licitación actual es la duración del contrato. “Los contratos a 20 años son el sueño de cualquier desarrollador para pegarse a la red”, afirmó el managing director de OTEPI y profesor en el IESA, quien comparó estas condiciones con mercados internacionales donde ya se observan plazos más cortos, incluso de 10 o 15 años.
Según el ejecutivo, esta podría ser la última oportunidad con condiciones tan atractivas: “Ya empezaron a pasar el mensaje de que 20 años es ahorita pero quizás más nunca”.
La estructura financiera parece bien encaminada. “Yo sí creo que hay mucho apetito de bancos locales”, indicó. Además, destacó el interés de fondos internacionales, bancos de segundo piso y capital privado: “Hay capitales internacionales muy pendientes y… también hay gente privada con ganas de hacerlo”. En su visión, esta combinación de actores podría garantizar un financiamiento sólido y diverso para los proyectos ganadores.
Desde el punto de vista técnico, Fernández Dupouy advirtió que la licitación debe evitar replicar errores del pasado. Entre sus recomendaciones estuvo permitir bloques horarios que favorezcan la participación de tecnologías variables como la solar y la eólica. “Bloques horarios facilitarían la competencia de las renovables variables”, subrayó, remarcando la necesidad de no exigir firmeza de potencia en horarios donde esas fuentes no pueden operar.
Sobre el uso de precios máximos, sugirió precaución. “Poner un precio máximo es interesante solo como referencia, pero el precio virtual que usamos la otra vez fue demasiado bajo”, criticó. Para él, la clave estará en asegurar normas claras, múltiples competidores y condiciones técnicas bien definidas: “Empezamos bien con este esquema de que cada año ya por lo menos en los próximos tres o cuatro años se propone algo”.
Según el cronograma oficial, esta será la primera de cinco licitaciones que, entre 2025 y 2027, sumarán más de 1.420 MWEq y 1.335 MW en potencia. A futuro, se incluirán también reconversiones térmicas, centrales solares nuevas y proyectos abiertos a todas las tecnologías. La licitación de octubre de 2025, sin embargo, será la única con contratos de 20 años y enfocada exclusivamente en nuevas centrales hidroeléctricas y eólicas.
Con este esquema, Panamá busca atraer inversiones y avanzar en la descarbonización del sistema. “Yo sí tengo confianza en que la suma de los de afuera y los de adentro dará decenas de ofertas en cada una de las licitaciones programadas”, concluyó Fernández Dupouy.
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