América Latina se encontró en una encrucijada energética sin precedentes: un crecimiento exponencial de la demanda eléctrica empujado por la electromovilidad, el hidrógeno, la digitalización y el cambio climático, en un contexto donde aún persisten brechas en infraestructura y una baja integración regional. Esta fue la principal conclusión del panel “Perspectiva Energética Regional” desarrollado durante la X Semana de la Energía organizada por OLADE.

“En los próximos años vamos a tener un salto importante en demanda eléctrica. No vamos a tener la capacidad de atender eso si no lo planificamos desde ahora”, advirtió Leandro Pereira de Andrade, director del Departamento de Información, Estudios y Eficiencia Energética del Ministerio de Minas y Energía de Brasil.

Desde Honduras, el secretario de Energía, Eric Tejada, complementó que su país experimenta un aumento interanual del 18% en la demanda eléctrica, impulsado por la electrificación del transporte, la climatización de viviendas y la expansión industrial.

“Estamos trabajando con modelos prospectivos, porque es una realidad que en todos los países vamos a experimentar incrementos sustanciales”, manifestó.

La aparición de nuevos consumidores intensivos como los data centers, la cripto minería, la industria turística y los parques industriales demandó una respuesta urgente en infraestructura energética.

“No hay forma de que un sistema pueda acompañar esa carga si no se planifica desde ahora”, subrayó Pereira de Andrade, quien aseguró que Brasil tenía actualmente más de 60 proyectos de data centers en análisis para los próximos cinco años.

El crecimiento del consumo eléctrico también se extendió a usos residenciales. “Con olas de calor de 40° en primavera, la gente empieza a climatizar sus viviendas. La electrificación residencial también empuja la demanda”, explicó el funcionario brasileño.

En el caso de Paraguay, el viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, sostuvo que la principal preocupación era que ese crecimiento “sea con contenido nacional, con más desarrollo local”. En esa línea, enfatizó la necesidad de vincular la política energética con una visión de industrialización: “Queremos utilizar los recursos renovables para generar energía más competitiva, que dé valor agregado y puestos de trabajo”, afirmó.

Planificación, integración y diversificación: pilares para sostener la transición

El consenso de los países apuntó a que la integración energética regional es clave para sostener la transición, pero todos coincidieron en que su avance había sido muy limitado.

“Desde el año 2000 hasta hoy se han hecho más de 15 estudios de interconexión regional. No necesitamos más estudios, necesitamos voluntad política y decisiones concretas”, enfatizó Pereira de Andrade. A su vez, consideró urgente la necesidad de pensar la infraestructura de transmisión con visión supranacional: “Hay que planificar más allá de las fronteras”, indicó.

En esa misma línea, Bejarano sostuvo que “la interconexión con Brasil es crítica, porque estamos compartiendo energía sin aprovechar toda la complementariedad de nuestras matrices”, haciendo referencia a la central de Itaipú. El funcionario también se mostró abierto a una integración eléctrica más profunda con países vecinos, pero resaltó que “hay que crear mecanismos de gobernanza que den certezas a los actores”, remarcó.

Ryan Copp, director de Energía del Ministerio de Servicios Públicos de Belice, aportó una visión centroamericana: “No podemos ver la región como países individuales, hay que verla como un conjunto. La integración energética debe pensarse como una necesidad urgente”, sostuvo.

El gas natural fue mencionado como un energético clave para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico en la transición hacia fuentes limpias. “Hoy tenemos 27 GW de gas en operación, pero con utilización inferior al 25% en promedio. Esto significa que es una reserva estratégica que hay que usar mejor”, detalló Pereira de Andrade.

En el caso de Honduras, Tejada enfatizó que si bien estaban apostando por renovables, el gas natural seguía siendo parte esencial de su matriz en el corto y mediano plazo: “Necesitamos firmeza y confiabilidad para acompañar esta transición”, señaló.

También hubo un retorno de interés por la energía hidroeléctrica, especialmente en países como Paraguay y Brasil, donde la sequía de años anteriores generó cuestionamientos a su viabilidad. “Volvemos a mirar a la hidroeléctrica como una fuente firme, aunque sabemos que el cambio climático afecta su previsibilidad”, mencionó Pereira de Andrade.

El almacenamiento energético surgió como una tecnología estratégica para sostener el crecimiento de renovables intermitentes. Jaime Sigetti, director general en Chile de Miny and Company, aseguró que los proyectos con almacenamiento estaban ganando terreno en su país. “Chile fue el primero en tener la Ley de Almacenamiento. Se está invirtiendo y avanzando fuerte en eso”, remarcó.

Desde todos los países se remarcó la necesidad de planificar el sistema energético con un enfoque social, ambiental y de equidad territorial.

Tejada sostuvo que uno de los grandes desafíos era implementar proyectos energéticos que “respeten a las comunidades, generen valor local y no reproduzcan modelos extractivistas”. También advirtió sobre los riesgos de que la transición energética terminara siendo desigual: “Hay que evitar que esta transformación beneficie a unos pocos y deje a muchos atrás”, alertó.

Desde el Banco Mundial, la moderadora del panel, Lucía Espinelli, reforzó la idea de una transición justa y ordenada. “Lo importante es que los países puedan identificar sus cuellos de botella, que trabajen con planificación y que no esperen a que los problemas escalen”, concluyó.

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