El sistema eléctrico chileno está transitando un punto de quiebre silencioso. Mientras se acelera la salida de generación convencional y crecen las renovables con convertidores de potencia, la red pierde una pieza clave que hasta hace poco se daba por sentada: la inercia. ¿Quién asegura ahora la estabilidad si no hay máquinas sincrónicas girando?
Huawei puso esa pregunta sobre la mesa en el arranque del FES Chile, durante el panel 1 del primer día. El foco no estuvo en la promesa del almacenamiento masivo o en nuevas capacidades de arbitraje, sino en un problema más estructural: la seguridad operativa del sistema en escenarios de alta penetración renovable.
“Estamos desplazando máquinas sincrónicas por convertidores y, por ende, está disminuyendo la seguridad y la robustez de los sistemas, en particular el de Chile”, advirtió Felipe Rivero, Product Manager de Huawei Digital Power, en su intervención en el panel.
La solución técnica existe y Huawei ya la tiene lista: grid forming, la capacidad de los sistemas BESS de simular el comportamiento de generadores convencionales, aportando inercia virtual, control de frecuencia y capacidad de formar red. Pero según Rivero, nadie está pagando por eso.
“Se necesitan señales de mercado para poder utilizar el grid forming”, lanzó, sintetizando el principal cuello de botella que enfrenta la transición energética en países como Chile.
La Comisión Nacional de Energía (CNE) ya lanzó una consulta pública sobre los requerimientos técnicos y anunció que en los próximos meses trabajará en el esquema de remuneración. Sin embargo, en el terreno, los proyectos de almacenamiento que se están construyendo no contemplan aún estas funciones. La mayoría vienen pensados para arbitrar energía, pero no están diseñados ni contratados para soportar la red.
Rivero fue claro en que, mientras no exista un mercado que reconozca el valor del grid forming, su adopción será marginal. En el norte del país, donde la generación solar ya domina, se ha tenido que volver a prender máquinas sincrónicas para cumplir con una restricción de inercia de 9 GVAs por segundo. Esa necesidad técnica, a su vez, implica mayor curtailment, lo que revela una paradoja: se instala más renovable, pero no se puede despachar.
“Un sistema no puede ser descarbonizado si no es seguro”, resumió el ejecutivo. Y detrás de esa frase se esconde un desafío aún mayor: garantizar estabilidad con tecnologías que aún no tienen ni precio ni contrato.
Huawei no está esperando que la regulación se alinee. Sus nuevos sistemas ya se entregan con capacidad de grid forming incorporada, incluso si el cliente no la activa. Es parte de una estrategia más amplia: verticalizar todo el paquete, desde la batería hasta el transformador, para asegurar compatibilidad y confiabilidad.
El enfoque no es menor. La compañía ya opera proyectos en condiciones extremas, como los 400 MW y 1,3 GWh de almacenamiento en Arabia Saudita, o en Mongolia, donde las temperaturas bajo cero dominan el invierno. En ambos casos, los sistemas están diseñados para operar sin interrupciones durante 20 a 25 años.
Rivero explicó que el compromiso de Huawei con sus clientes es acompañarlos en toda la vida útil del proyecto, tanto en la etapa de diseño como durante la operación. Pero también enfatizó que la competencia se está volviendo cada vez más agresiva, y eso exige seguir invirtiendo en eficiencia, durabilidad y densidad energética.
Mientras el marco regulatorio no termine de definir el valor de los servicios complementarios como el grid forming, Huawei ya está posicionando sus equipos para ese escenario. La tecnología no está esperando: el mercado sí.
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