En un auditorio repleto de representantes del sector energético, Francesco Bertoli, CEO de Enel Colombia, fue categórico: «La señal que da mayor confianza es el hecho de que hay necesidad de energía en el país». Su intervención en el Future Energy Summit en Bogotá dejó en claro que el desafío ya no es solo de transición, sino de capacidad real para responder a una demanda creciente con soluciones pragmáticas y una ejecución urgente.

En un contexto de proyectos demorados, incertidumbre normativa y creciente presión de la demanda, el ejecutivo puso el foco en lo esencial: el país no puede permitirse seguir estancando inversiones.

«Si hay demanda, antes o después llegarán las condiciones para que exista la oferta», enfatizó, convencido de que el mercado se está ajustando tarde a la realidad.

Aunque Enel sigue ampliando su portafolio en renovables, la empresa reconoce la necesidad de una postura pragmática. «No estamos invirtiendo en nada de térmicas. Pero es difícil decir que el térmico no va a necesitarse en Colombia en el mediano plazo, si uno lo mide con números y datos», sostuvo Bertoli, abriendo paso a un discurso de «adición energética», más que transición.

Frente a los desafíos técnico-regulatorios, Bertoli destacó que la estabilidad de las reglas de juego es clave para que los inversionistas tomen decisiones con confianza y comprometan recursos significativos en el país.

En este sentido, el sector viene atravesando un período de intensa reconfiguración normativa. El Ministerio de Minas y Energía lanzó en octubre la reglamentación para la subasta de asignación de Obligaciones de Energía Firme (OEF) para el periodo 2027-2028, mientras que la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) avanza con la consulta pública sobre modificaciones al esquema de cargo por confiabilidad.

A su vez, el proyecto de decreto de subastas de largo plazo para renovables y almacenamiento ya fue presentado, incorporando por primera vez requisitos específicos para sistemas BESS.

No obstante, persisten incertidumbres respecto a los tiempos de adjudicación, los criterios de conexión y, especialmente, las garantías frente al riesgo de congestión en redes, un tema que ha retrasado más de 12 proyectos renovables desde 2023.

Lo que está en juego: más inversión, menos excusas

La postergación de obras estructurales, los cuellos de botella en la transmisión y los retrasos en la asignación de puntos de conexión ya no son problemas técnicos, son una amenaza directa a la seguridad energética del país en plena curva de electrificación, según se conversó en el panel del que participó el CEO de Enel.

En ese marco, Bertoliindicó que la propuesta de transición energética debe incorporar una mirada de adición: al cierre de 2025, Colombia sumará más de 3 GW de proyectos renovables en ejecución, pero más del 60% enfrenta aún desafíos de conexión debido a saturación en la infraestructura. Mientras tanto, el sistema sigue dependiendo de una base térmica que, aunque envejecida y costosa, sostiene la confiabilidad frente al fenómeno de El Niño.

Más allá de las anécdotas del pasado, lo verdaderamente crítico es la convergencia entre discurso y ejecución. El Gobierno avanza con reglamentaciones clave, pero la velocidad del mercado exige mucho más que nuevos documentos: requiere decisiones prontas, reglas claras y liderazgo táctico.

Los promotores de proyectos lo saben: sin un salto forward en la capacidad de transmisión —y sin una política de incentivos efectiva para almacenamiento— el país corre el riesgo de quedar atrapado entre metas ambiciosas y un sistema operativo que no acompaña el ritmo.

En un sector donde la demanda crece, la narrativa no puede ser otra que la de la acción. A juicio de Bertoli, quienes hoy aseguren “energía en puntos de conexión estratégicos” serán los ganadores del mercado energético colombiano en los próximos cuatro años.

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