La industria energética cerró una semana cargada de definiciones en la que quedó al descubierto un diagnóstico compartido: Argentina ingresó en una nueva fase del desarrollo energético, impulsada por Vaca Muerta, pero la infraestructura disponible y la capacidad de ejecución se aproximan a su techo.

Los anuncios de inversiones millonarias conviven con advertencias técnicas. Para Neuquén y Río Negro, epicentro operativo y logístico del sector, ese desbalance ya es palpable y condicionará la velocidad del crecimiento durante los próximos años.

El mapa de proyectos simultáneos se presenta ambicioso. La ampliación del Gasoducto Perito Moreno, adjudicada a inversión privada mediante el nuevo esquema de ENARSA, avanza con el objetivo de elevar el transporte entre Tratayén y Salliqueló e incorporar nuevas plantas compresoras. Su entrada en operación, prevista para 2027, busca destrabar el cuello que hoy impide llevar más gas de Vaca Muerta al AMBA y al Litoral.

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Al mismo tiempo, el sector trabaja en la próxima frontera: el procesamiento del gas rico. TGS describió la profundización de los estudios para un sistema de 600 km hacia Bahía Blanca, con una nueva planta de fraccionamiento y capacidad de almacenaje. La expansión permitiría evacuar hasta 46 millones de m³/día de gas y generar flujos exportables de GLP y gasolina natural, una pieza estratégica para diversificar divisas.

En petróleo, la actividad se concentra en los ductos que nacen en Neuquén y desembocan en los puertos de exportación. Oldelval presentó en detalle el proyecto Duplicar Norte, una ampliación que sumará capacidad sobre el tramo Allen–Puerto Rosales y que se complementa con Duplicar Plus, ya avanzado. Ambos emprendimientos permitirán sostener la creciente producción neuquina sin restringir evacuación, un aspecto clave en un escenario donde el shale domina la curva de oferta.

Estas obras nacen en la región Comahue, pero su impacto es nacional: la Argentina se juega en ellas su capacidad para transformar el crecimiento de Vaca Muerta en exportaciones sostenidas.

Los constructores encendieron la alarma: falta capacidad para ejecutar todo al mismo tiempo

Un panel integrado por Sacde, Techint Ingeniería y Construcción y Contreras Hermanos en el EnergyDay organizado por Econojournal fue categórico: la suma de obras previstas para los próximos tres años supera la capacidad actual del sector para desplegar frentes simultáneos de gran escala. Esa tensión no responde solo a montos de inversión, sino a la disponibilidad de personal calificado, equipos de soldadura especializada, módulos compresores, válvulas importadas, logística pesada y supervisión técnica.

El mercado de infraestructura energética, coincidieron, vive un fenómeno inusual: compiten en paralelo los proyectos de transporte de gas, las ampliaciones de oleoductos, las expansiones en petroquímica, las obras eléctricas y la construcción asociada a proyectos futuros de GNL. En la práctica, el mayor riesgo no es la falta de proyectos, sino la saturación del aparato constructivo.

A esto se suma un factor que los ejecutores calificaron como decisivo: la previsibilidad contractual. La falta de criterios uniformes en redeterminación de precios, la volatilidad macroeconómica y los cambios normativos afectan la toma de decisiones para ampliar flotas, contratar personal estable o sumar equipamiento. Sin una hoja de ruta regulatoria consistente, la capacidad de ejecución se vuelve intermitente.

Neuquén y Río Negro frente al desafío operativo y territorial

La presión sobre la infraestructura no se limita a los ductos. Neuquén y Río Negro concentran los tramos críticos de la logística que sostiene al shale, y ya enfrentan limitaciones en rutas, áreas industriales, servicios urbanos y provisión de insumos.

La audiencia pública convocada esta semana en Cipolletti para evaluar el Estudio de Impacto Ambiental de Duplicar Norte refleja la necesidad de articular los tiempos regulatorios con el ritmo acelerado de obras. La aprobación ambiental se volvió un componente estructural de la ecuación: sin la licencia social, la inversión no avanza; con trámites demorados, el riesgo de congestionamiento operativo crece.

El entramado pyme neuquino —hoy indispensable en metalmecánica, montaje y servicios— encara un desafío doble. Debe escalar en capacidad y profesionalización para sostener la demanda de 2026–2029, pero también necesita capital y previsibilidad para asumir mayores riesgos. Las compañías operadoras coinciden en que la “última milla” será local, pero solo si la cadena regional logra consolidarse a tiempo.

Una ventana de oportunidad que exige coordinación, no solo inversión

Los encuentros de esta semana dejaron un mensaje claro: la expansión del sector energético argentino no se definirá por la disponibilidad de capital —que hoy es significativa— sino por la capacidad de ejecutar proyectos sin que se estrangulen entre sí.

La agenda para 2026–2029 ya está trazada: más transporte de gas, más oleoductos, más petroquímica, más exportación y más integración con mercados como Brasil, Chile y el GNL global. Sin embargo, esa hoja de ruta solo será viable si se evita que los cuellos de botella técnicos, regulatorios y logísticos limiten el crecimiento.

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Fuente: ADN Sur

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