Las energías renovables están alterando silenciosamente la formación del precio eléctrico en Guatemala. Aunque por ahora participan poco como tecnologías marginales, desplazan volúmenes crecientes de energía más costosa y, con la llegada del almacenamiento, podrían dejar de ser tomadoras de precio para empezar a fijarlo.

En el período de diciembre de 2024 a noviembre de 2025, las tecnologías solares y eólicas apenas marcaron el Precio de Oportunidad de la Energía (POE) en 13 y 24 horas respectivamente, de un total de 8760 horas. A simple vista, parecerían actores secundarios. Sin embargo, la tendencia indica lo contrario.

Las plantas renovables desplazan MWh de tecnologías más costosas, reordenan el despacho y empujan hacia los márgenes a las tecnologías convencionales. Esta presión sistémica ha cambiado las reglas de juego. Y con la incorporación de sistemas de almacenamiento con baterías (BESS), el rol de las renovables podría escalar aún más.

La clave está en que, al sumar almacenamiento, una planta renovable ya no depende del sol o el viento para despachar en tiempo real. Puede almacenar y decidir cuándo inyectar. En términos de mercado, eso significa convertirse en formadora de precio.

En Texas, esta transformación ya ocurrió. En Guatemala, aún no se concreta, pero el movimiento ya comenzó. Proveedores han llegado con soluciones modulares en contenedores, con capacidades cercanas a 5 MWh, aunque todavía sin implementaciones masivas.

Más allá de la tecnología, el cuello de botella es económico. Leonardo David, Consultor de renovables, lo sintetizó con claridad:

“Existe una oportunidad clara de activar el mercado del almacenamiento mediante esquemas que reconozcan los distintos servicios que las baterías pueden aportar al sistema eléctrico”.

La referencia es directa al modelo de NYSERDA, en Nueva York, donde las baterías acceden a ingresos por varios servicios: reducción de demanda, potencia instalada, servicios auxiliares y, en menor medida, arbitraje energético. Este enfoque multiplica su viabilidad económica sin depender de que el precio spot sea alto.

En el contexto guatemalteco, donde la penetración renovable sigue creciendo, replicar este tipo de modelo permitiría acelerar inversiones en almacenamiento distribuido, mejorar la flexibilidad del sistema y cambiar la lógica de precios.

Hoy, el precio spot está aún fuertemente marcado por otras tecnologías, pero las señales ya están claras. El POE promedio registrado por las renovables fue de apenas $1,65 USD/MWh para la solar y 0,86 USD/MWh para la eólica, frente a valores más altos en otras fuentes. Sin embargo, la participación marginal no refleja su influencia real.

“Los GDR que no cuentan con PPA tienden a ser los más vulnerables a las reducciones de precio spot, ya que éste determina su precio de venta para la producción que no está bajo contrato”, advirtió David, señalando que si bien las renovables empujan el precio a la baja, esto también obliga a pensar modelos de comercialización más estables para actores distribuidos.

El escenario se completa con un mercado en transformación. Mientras las tecnologías variables siguen creciendo en capacidad instalada, el almacenamiento se perfila como el eslabón clave para que esa energía no solo entre al sistema, sino que también empiece a formar precios.

El desafío ya no es técnico, es regulatorio y económico. Reconocer el valor completo de las renovables y su almacenamiento no solo evitará impactos financieros a los actores más expuestos, sino que definirá quién marcará el precio eléctrico en Guatemala en los próximos años. Y todo indica que serán las renovables.

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