La transición energética chilena enfrenta un nuevo desafío: activar la demanda eléctrica para sostener el ritmo de inversión y reconversión tecnológica. Así lo planteó Juan Villavicencio, CEO de Engie Chile, durante su participación en el Future Energy Summit (FES) Southern Cone.

“Si no tenemos más demanda, no va a ser posible seguir invirtiendo en esta transformación”, advirtió el ejecutivo.

En su visión, la transformación energética no puede sostenerse únicamente con nueva oferta renovable: es indispensable que haya más consumo eléctrico, especialmente en sectores como la minería, la industria o el transporte.

Reviva la participación de Juan Villavicencio, CEO de Engie Chile, en el FES Southern Cone aquí: https://www.youtube.com/watch?v=dcqxLQGp3SE

Desde Engie, el compromiso con la descarbonización está en marcha: la empresa cerrará todas sus unidades a carbón para 2026, comenzando con una central de 1 GW en Mejillones el próximo año. El enfoque no es solo desmantelar infraestructura, sino transformarla. Parte de estos activos están siendo reconvertidos para alojar baterías, y otros servirán como respaldo térmico.

Actualmente, la empresa ya tiene más de 400 MW en baterías operando, con cinco horas de almacenamiento, lo que representa un salto cualitativo en capacidad de gestión y flexibilidad. Estos proyectos se complementan con plantas que operarán con gas natural, una tecnología que Villavicencio defendió como respaldo necesario para garantizar seguridad de suministro en esta etapa.

“Tenemos que pensar en una matriz flexible. Si no hay respaldo, no vamos a tener seguridad de suministro ni viabilidad para las renovables”, explicó.

En ese sentido, destacó que la transformación del sistema no solo se basa en reemplazar una tecnología por otra, sino en diseñar un modelo que sea económicamente viable, flexible y seguro.

Además de la reconversión tecnológica, el CEO alertó sobre las barreras estructurales que aún frenan el desarrollo del sector. Uno de los principales obstáculos está en los permisos: trámites lentos, falta de coordinación entre organismos y una brecha entre el discurso político y los hechos concretos.

“Nos llenamos la boca hablando de transición, pero seguimos con permisos atrasados y falta de coordinación. No hay coherencia entre el discurso y los hechos”, criticó.

También subrayó que el cuello de botella en la infraestructura de transmisión pone en riesgo toda la planificación energética.

A esto se suma la preocupación por las señales económicas que hoy entrega el sistema eléctrico chileno. Villavicencio sostuvo que no se está reconociendo el valor de tecnologías claves como el almacenamiento o el respaldo.

Incluso hay proyectos nuevos en riesgo de cierre por falta de incentivos claros, mientras algunas centrales a carbón siguen operando porque los precios del mercado lo permiten.

“¿Dónde están las señales adecuadas?”, cuestionó, advirtiendo que esta distorsión genera incertidumbre para los inversionistas.

En su análisis, la transición energética requiere señales coherentes, reglas claras y una estructura de precios que acompañe el cambio.

La visión de Engie es avanzar en una transformación profunda del sistema energético chileno. Pero esa transición, insistió Villavicencio, no podrá sostenerse sin una base de consumo eléctrico sólida: “No se trata solo de generar energía limpia. Se trata de usarla”.

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