Durante su visita a Estados Unidos, Gustavo Petro sostuvo un encuentro con Donald Trump en el que volvió a ubicar a las energías limpias como parte central de su visión de desarrollo. Desde su cuenta oficial en X, el presidente colombiano aseguró: “El eje del desarrollo debe ser la agricultura, la industria y las energías limpias”, al tiempo que llamó a empresarios a invertir en el país.

El mensaje generó atención inmediata en el sector energético por el contraste con la situación interna: a menos de un año del plazo fijado, Colombia apenas logró incorporar un tercio de los 6000 MW renovables proyectados, según datos de Energía Estratégica.

La ejecución de proyectos adjudicados no avanza al ritmo previsto, y más de 4000 MW siguen fuera de operación, en gran parte por trabas regulatorias y falta de condiciones para el despliegue efectivo.

“Queremos trabajo en Colombia. Queremos empresas que vayan a Colombia”, publicó el mandatario, dejando clara su intención de vincular inversión extranjera con transición energética.

La oportunidad para proyectar a Colombia como socio estratégico en energías renovables coincidió con un escenario local tenso: permisos ambientales demorados, dificultades en conexiones a red y marcos contractuales poco claros afectan la concreción de proyectos ya asignados. A eso se suma un clima de incertidumbre sobre los incentivos disponibles para futuras inversiones.

En un plano más político y geopolítico, fuentes cercanas del sector consideraron que cualquier diálogo entre los presidentes de Colombia y Estados Unidos que reafirme las relaciones históricas entre ambos países es favorable para el desarrollo, estabilidad y crecimiento compartido. Señalaron que “es positivo que se amplíe la agenda de cooperación bilateral a temas económicos, de inversión, comercio exterior y energía”.

Este análisis sugiere que, más allá de la dimensión declarativa, la reunión podría abrir espacios concretos para estrechar la cooperación en renovación tecnológica, atracción de capitales y proyectos de energía limpia, dentro del marco del Tratado de Libre Comercio y la política de cooperación entre ambos países.

Un sector con retos urgentes y reformas en marcha

Mientras el Ejecutivo impulsa la narrativa internacional, en Colombia se avanza en reformas regulatorias que buscan ajustar el funcionamiento interno del mercado eléctrico. Uno de los frentes más visibles fue la consulta pública abierta por la CREG para actualizar el Código de Medida, normativa técnica que no se revisaba desde hace más de diez años. La intención es dotar de mayor precisión y transparencia al registro de generación y consumo, particularmente en segmentos como la generación distribuida y la autogeneración.

Adicionalmente, el país reactivó procesos de subasta de cargo por confiabilidad para el período 2029–2030, mecanismo clave para garantizar suministro firme en el mediano plazo y que ha sido considerado necesario por analistas del sector.

Desde una perspectiva más amplia, voces del sector coincidieron —también en carácter reservado— en que el desarrollo del potencial renovable colombiano podría fortalecer la relación con Estados Unidos, especialmente en el marco de la cooperación energética hemisférica. En ese sentido, destacaron que la ejecución de la interconexión eléctrica con Centroamérica y posteriormente con México podría consolidar una integración regional clave.

Asimismo, consideraron que Colombia podría jugar un rol estratégico en la canalización de inversiones estadounidenses en Venezuela, como parte de un eventual acuerdo bilateral. Además, señalaron que hay oportunidades para que Estados Unidos preste asistencia técnica en proyectos de hidrógeno verde, tecnologías nucleares avanzadas como los SMR, e incluso en el desarrollo de centros de datos alimentados por energías renovables y sistemas BESS de almacenamiento a gran escala.

La reunión entre Petro y Trump, entonces, adquirió un perfil dual: por un lado, fue un esfuerzo diplomático para posicionar a Colombia como destino de inversión en renovables, y por otro, expuso la urgencia de traducir esos compromisos en resultados concretos en el mercado interno.

La posibilidad de atraer inversión extranjera —especialmente en tecnologías limpias, infraestructura, y proyectos de integración regional— se perfila como una de las lecturas más relevantes de este acercamiento bilateral, en medio de un sector que todavía enfrenta desafíos de ejecución y señales regulatorias por consolidar.

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