El Ministerio de Energía de Chile inició la consulta pública de la actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde 2026-2030. A seis años del lanzamiento del documento original, la nueva propuesta reduce las metas de producción, ajusta al alza los costos proyectados y prioriza la consolidación de capacidades locales antes que la exportación masiva.
El cambio más relevante frente a la estrategia 2020 es la reformulación de los objetivos cuantificables. En lugar de los 25 GW de capacidad de electrólisis propuestos para 2030, ahora se proyecta producir entre 100 kt/año y 200 kt/año de hidrógeno verde equivalente para consumo interno al comienzo de la siguiente década, además de 300 a 700 kt/año al 2035 para exportación y alcanzar entre 2 y 3,5 millones de toneladas al 2050.
Es decir que en 2020, el éxito se medía en gigavatios, pero la administración saliente ha decidido cambiar la métrica, reemplazándola por hitos regulatorios y de infraestructura necesarios para habilitar la industria.
Mientras que a nivel de costos, se abandona la ambiciosa meta de 1,5 USD/kg, sino que ahora se estima menos de 4 USD/kg al 2030 y bajo los 2 USD recién hacia el año 2045 (600 USD/tonelada para el amoníaco verde).
El documento actualizado argumenta que consolidar el consumo local es «esencial para apalancar la exportación» y «reducir riesgos a partir de proyectos pequeños o medianos». La idea es utilizar a la industria nacional (minería, refinerías) como un laboratorio de pruebas y escala antes de lanzarse masivamente a los puertos internacionales.
Este ajuste de ambición responde al ritmo más lento del mercado global, la caída más moderada en los precios de electrolizadores y las dificultades para lograr economías de escala fuera de China que puedan reducir significativamente su costo.
De todos modos, el gobierno reconoce que el país encabeza las inversiones en hidrógeno verde en Latinoamérica, cumpliendo la meta de USD 5000 millones y de 5 GW de capacidad de electrólisis, contabilizando lo declarado por los proyectos de H2V en operación, construcción y aquellos presentados el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), como también información de la Corporación de Bienes de Capital.
Derivados y demanda: el nuevo eje del desarrollo
Uno de los cambios más visibles es el protagonismo que adquieren los derivados del hidrógeno, como el amoníaco, metanol y e-fuels. De hecho, el documento incorpora el cambio de título oficial a “Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y Derivados”, reconociendo su rol fundamental para la viabilidad logística y comercial del sector.
Al mismo tiempo, el nuevo enfoque reposiciona la demanda interna como pilar de corto y mediano plazo. Frente al impulso exportador dominante en 2020, hoy se apuesta por generar condiciones para una industria local robusta, con aprendizajes técnicos, capital humano calificado y encadenamientos productivos, a fin de generar transferencia tecnológica necesaria para la etapa exportadora.
La actualización también fija hitos habilitantes al 2030, como la instalación de infraestructura logística portuaria, un sistema nacional de certificación, el uso de agua desalada o reciclada para la electrólisis y programas piloto en educación técnica. Estas medidas buscan asegurar que el despliegue sea sostenible en términos económicos, sociales y ambientales.
En paralelo, se proyectan inversiones de hasta 32 mil millones de dólares para 2035, y la creación de entre 36.000 y 85.000 empleos directos, impulsando no solo el crecimiento del sector, sino también la diversificación productiva en regiones clave como Magallanes y Antofagasta.
La consulta pública de esta estrategia está abierta hasta el 15 de febrero de 2026 en el sitio web del Ministerio de Energía (www.energia.gob.cl). En tanto que la versión final se publicará en marzo, incorporando los comentarios recibidos.
La entrada Chile recalibra su brújula de hidrógeno verde: ¿Qué cambió en los objetivos desde 2020? se publicó primero en Energía Estratégica.





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