La producción de gas en Vaca Muerta comenzó 2026 con una tendencia clara: el shale gas sigue creciendo, pero el mayor impulso proviene del gas asociado, el subproducto que emerge junto con el petróleo en las áreas de mayor desarrollo. El fenómeno está reconfigurando la dinámica del sector y abre un debate sobre cómo monetizar un volumen que ya marca récords históricos.

En enero, el shale gas superó los 72 millones de metros cúbicos diarios, con un incremento interanual superior al 6%. El crecimiento se explica por nuevas conexiones de pozos y por la consolidación de bloques que ya cuentan con infraestructura de transporte y procesamiento. Sin embargo, ese avance quedó opacado por el salto del gas asociado, que duplicó su volumen en un año y alcanzó 26,7 millones de metros cúbicos diarios, el nivel más alto registrado hasta ahora.

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Un subproducto que gana protagonismo

El gas asociado crece al ritmo del shale oil. A medida que las operadoras aceleran la extracción de petróleo en áreas como Loma Campana, La Amarga Chica, Bajada del Palo o Bandurria Sur, el volumen de gas que emerge como subproducto aumenta en paralelo. Este gas es rico en componentes de alto valor —etano, propano, butano y pentanos— y tiene un costo marginal bajo, lo que lo convierte en un insumo atractivo para proyectos de valor agregado.

La industria ya trabaja en iniciativas para capturar ese potencial. Entre ellas se destacan los proyectos de fraccionamiento de líquidos y los desarrollos orientados a exportación, como Vaca Muerta Liquids y Argentina LNG, que buscan transformar el excedente en productos con mayor precio internacional.

Un crecimiento que plantea desafíos

El salto del gas asociado también genera tensiones. En períodos de baja demanda interna, la sobreoferta presiona los precios spot y obliga a algunas operadoras gasíferas a cerrar pozos de manera temporal. El fenómeno se repite cada verano y afecta especialmente a los productores que dependen del gas seco, cuyo valor cae frente a un mercado saturado.

Aun así, el sector coincide en que el gas asociado es una oportunidad estratégica. Su composición permite desarrollar cadenas de valor más complejas y avanzar hacia exportaciones de mayor escala, siempre que existan infraestructura y reglas claras para procesarlo y transportarlo.

El shale gas mantiene su ritmo

Aunque el gas asociado se lleva los titulares, el shale gas también mostró un inicio de año sólido. La producción superó los 72,7 millones de metros cúbicos diarios, con un crecimiento interanual del 6,4%. Los bloques líderes siguen siendo Fortín de Piedra (Tecpetrol), La Calera (Pluspetrol), Aguada Pichana Este (TotalEnergies) y Aguada Pichana Oeste (PAE).

El desempeño se apoya en la conexión de nuevos pozos —13 solo en enero— y en mejoras operativas que permiten sostener la curva ascendente del no convencional.

Un 2026 que arranca con señales fuertes

El arranque del año confirma que Vaca Muerta continúa siendo el motor del crecimiento energético argentino. La combinación de shale gas estable y gas asociado en expansión proyecta un escenario favorable para el superávit energético, que podría superar los US$ 8.000 millones en 2026 si se mantienen los niveles actuales de producción y exportación.

El desafío ahora es convertir ese salto en infraestructura, inversiones y mercados que permitan capturar el valor de un recurso que ya no es solo un subproducto, sino un componente central de la nueva matriz gasífera del país.

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