El salto productivo del shale obliga a repensar transporte, almacenamiento e inventarios. La eficiencia logística emerge como un factor decisivo para sostener la escala y la competitividad del desarrollo energético.
Vaca Muerta avanza hacia una etapa de mayor madurez productiva y el desafío ya no se limita a perforar más pozos o aumentar la cantidad de fracturas.
El verdadero cuello de botella aparece en la capacidad del sistema para acompañar ese crecimiento con una logística ordenada, eficiente y a gran escala. En la Cuenca Neuquina, el movimiento permanente de insumos, equipos y servicios dejó de ser una cuestión operativa para convertirse en una variable estratégica del negocio.
El aumento sostenido de la actividad petrolera y gasífera multiplica la demanda de materiales críticos, repuestos, caños, arena, químicos y componentes de gran porte.
Cada pozo implica una cadena de abastecimiento compleja que, si no está correctamente sincronizada, impacta directamente en los costos y en los tiempos de producción. En ese escenario, la logística se vuelve un factor determinante para sostener la competitividad de Vaca Muerta frente a otros desarrollos no convencionales del mundo.
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Durante años, el esquema predominante en la región se apoyó en soluciones fragmentadas: transporte puntual, depósitos dispersos y coordinación limitada entre actores. Sin embargo, el crecimiento de la cuenca empuja hacia un modelo distinto, basado en operadores logísticos integrales que no solo trasladan carga, sino que gestionan inventarios, coordinan flujos y aportan tecnología para optimizar procesos.
“La logística dejó de ser solo mover camiones. Hoy implica planificación, trazabilidad y conocimiento profundo del negocio energético”, explicó Gonzalo Cicilio, gerente de Energía y Minería del Grupo Logístico Andreani. Según señaló, el nuevo escenario exige integrar transporte, almacenamiento y gestión de stock en un mismo sistema para reducir ineficiencias y minimizar tiempos muertos en los yacimientos.
La cercanía a los principales centros de operación se volvió un activo clave. Contar con depósitos estratégicos en localidades como Añelo o Rincón de los Sauces permite responder con rapidez ante contingencias y evitar demoras que pueden traducirse en pérdidas millonarias. A la vez, la infraestructura debe adaptarse a cargas cada vez más pesadas y sobredimensionadas, con equipamiento específico y servicios disponibles a demanda.
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Otro de los cambios estructurales se da en la gestión de inventarios. El sobrestock histórico dentro de los yacimientos representa costos ocultos y riesgos operativos. La digitalización de la cadena de suministro y la adopción de esquemas inspirados en el modelo “just in time” apuntan a reducir materiales ociosos y mejorar la eficiencia general del sistema.
Este nuevo paradigma también abre oportunidades para las pymes de servicios, que muchas veces no cuentan con la escala necesaria para montar su propia estructura logística. La posibilidad de integrarse a redes compartidas les permite competir con estándares más altos y participar del crecimiento de la cuenca sin asumir inversiones desmedidas.
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Fuente: Contexto Tucumán
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