Panamá se posiciona como un referente regional al impulsar la energía solar como eje de democratización del acceso a la energía. Con una estrategia clara de largo plazo, el país ya suma 165,8 MW de capacidad instalada en autoconsumo, cifra que crece de la mano del marco normativo y una planificación construida de forma multisectorial.
“El panameño ha encontrado en la energía solar distribuida un aliado frente a los costos de energía”, afirma Rosilena Lindo Riggs, asesora global en Energía y Clima y ex secretaria Nacional de Energía de Panamá, en conversación con Energía Estratégica.
El auge del autoconsumo no es casual. Responde a la implementación progresiva de la Estrategia Nacional de Generación Distribuida, que ya cuenta con un 55% de avance al primer semestre de 2024. Este plan proyecta alcanzar 1.700 MW de capacidad instalada en autoconsumo renovable para 2030, equivalente al 14% de la energía total requerida.
Actualmente, una de las tres distribuidoras eléctricas del país ya supera el 3% de penetración energética y el 10% en potencia instalada mediante autoconsumo, según la Cámara Panameña de Energía Solar.
“Esta estrategia se está implementando activamente desde el sector privado, y se constituye en la herramienta por excelencia de descentralización y resiliencia energética”, destaca Lindo.
Gobernanza compartida y marco legal sólido
Este proceso se enmarca dentro de la Agenda Nacional de Transición Energética, lanzada en 2020 con ocho estrategias clave. Según Lindo, su fortaleza radica en que fue construida “de la mano del sector privado, academia, sector público y sociedad civil”, otorgando a cada actor un rol claro dentro de la transición.
El soporte jurídico incluye normas como:
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La Ley 37 de 2013, modificada por la Ley 417 de 2023, que otorga incentivos fiscales para tecnologías solares.
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La Ley 45, que establece un régimen de incentivos para fuentes renovables y limpias.
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Las resoluciones de gabinete que aprueban estrategias sobre generación distribuida, innovación del sistema eléctrico y lineamientos generales de transición energética.
“Este marco legal les provee seguridad jurídica y claridad a los inversionistas”, enfatiza la ex funcionaria.
Desafíos pendientes: regulación, tarifas y equidad
A pesar del avance, Lindo advierte sobre riesgos latentes. “Es crítico que la regulación de la generación solar distribuida no vaya en detrimento de esta herramienta de democratización”, plantea, en referencia al debate del denominado “impuesto al sol”.
Para sostener el crecimiento del autoconsumo, Panamá necesita:
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Finalizar la homologación de criterios técnicos para instalaciones.
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Simplificar procedimientos para proyectos de pequeña escala.
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Lanzar una plataforma digital de trámites, diseñada en conjunto con el BID y los municipios.
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Incrementar los límites de capacidad instalada permitida.
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Liberar el acceso público a la información técnica por circuito.
Además, Lindo plantea la necesidad de una regulación específica para generación distribuida comunitaria y de un modelo tarifario con separación de cargos fijos y variables, fundamentado en estudios financieros. Todo ello, según su visión, debería financiarse aprovechando esquemas de financiamiento climático, dada la función adaptativa de la generación distribuida ante eventos extremos.
“La generación distribuida es una medida de adaptación ante un clima cambiante”, resume.
Interconexión regional: la conexión con Colombia avanza
En paralelo a su desarrollo interno, Panamá avanza en el proyecto de interconexión eléctrica con Colombia, una obra estratégica para reforzar la confiabilidad del sistema y su integración regional.
Actualmente, el proyecto depende del avance del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) en territorio colombiano, presentado oficialmente en febrero. Del lado panameño, el EIA también está en ajustes por cambios regulatorios y requiere el consentimiento favorable de tres grupos étnicos.
En paralelo, Panamá y Colombia trabajan en la armonización regulatoria binacional, necesaria para definir ingresos, viabilidad financiera y para la actualización del modelo de costos (CAPEX) y financiamiento, bajo la supervisión técnica del BID Invest.
“Una vez culminado este proceso, la empresa ICP podrá avanzar en las licitaciones y la construcción del proyecto”, detalla Lindo.
Una visión estratégica a largo plazo
La apuesta panameña no se limita a sumar megavatios: busca construir un modelo energético más participativo, resiliente y sostenible. “Las plantas solares nuevas son parte de la respuesta de un sector privado que se siente parte del camino trazado por Panamá hace 20 años”, destaca Lindo, en referencia al proceso de gobernanza iniciado en 2020.
Con reglas claras, visión compartida y proyectos de integración regional en curso, Panamá avanza hacia un sistema donde la energía renovable no solo sea abundante, sino accesible y justa para todos.
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