Costa Rica, reconocida por liderar la transición energética en América Latina, enfrentó en 2024 una serie de tensiones estructurales que pusieron a prueba su matriz renovable. La combinación de variabilidad climática, mantenimiento de plantas críticas y la falta de mecanismos de regulación rápida generó una mayor dependencia del respaldo térmico, con impactos en costos y metas de descarbonización.

Pablo Bermúdez Vives, asesor en Gestión Ambiental del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), explicó que el año cerró con una generación térmica equivalente al 12% del total, un nivel inusualmente alto para la matriz costarricense. “Estas cifras se debieron a condiciones climáticas que redujeron las lluvias y a la falta de flexibilidad operativa para responder con fuentes renovables”, indicó Bermúdez.

La situación llevó a que la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (ARESEP) emitiera alertas sobre la necesidad de gestionar los riesgos operativos de cara a 2025. El análisis regulador anticipó presiones sobre los costos y posibles restricciones si se mantiene el patrón hidrológico y no se refuerzan las capacidades regulables del sistema.

Una parte crítica de esa presión provino de mantenimientos programados en grandes plantas hidroeléctricas y geotérmicas. Bermúdez detalló que “el Plan de Expansión de la Generación 2024 del ICE reportó intervenciones prolongadas que sacaron capacidad firme del sistema”, incluyendo centrales como Cachí, Arenal, Dengo, Ventanas Garita y Miravalles 1–2. La combinación de estas salidas simultáneas acentuó la dependencia del respaldo térmico.

Falencias estructurales del mercado y recomendaciones urgentes

A estos factores técnicos se sumaron obstáculos estructurales del mercado. Costa Rica no opera un mercado spot ni permite clientes libres, lo que limita la competencia y la flexibilidad en la gestión de la demanda. “Las compras de energía están concentradas en el ICE, bajo regulación directa de ARESEP”, señaló Bermúdez.

Además, el país no cuenta aún con la capacidad suficiente para absorber la creciente participación de renovables variables, como la solar y la eólica. “El propio Plan de Expansión recomendó aumentar la capacidad de regulación —como baterías y proyectos regulables— y ajustar la operación del sistema”, remarcó el funcionario.

ARESEP, por su parte, aprobó recientemente procedimientos técnicos en el marco del POASEN, pero los actores del sector advierten que aún existen rezagos normativos y operativos para responder con agilidad a las condiciones del sistema. La falta de una señal de precio dinámica y de herramientas de mercado robustas también dificulta el despliegue de soluciones rápidas.

“Costa Rica construyó una matriz ejemplar, pero los últimos años demostraron que mantener el liderazgo requiere ajustes estructurales, capacidades operativas y planificación más flexible”, concluyó Bermúdez.

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