
El precio internacional del petróleo volvió a escalar con fuerza este lunes. El Brent superó los 116 dólares por barril en las primeras horas de la jornada, impulsado por una nueva oleada de ataques de Irán sobre infraestructura estratégica en Medio Oriente, lo que reavivó temores sobre el abastecimiento global de crudo y derivados.
La suba es seguida de cerca por los principales actores del mercado petrolero local, que esta semana deberán definir una variable clave: el precio del barril doméstico para abril.
Del lado de la oferta, el foco está puesto en los productores no integrados entre los que figura Vista Energy, Pluspetrol, CAPSA, Tecpetrol, CGC, Chevron y Phoenix Global Resources, entre otros.
Del lado de la demanda, la atención se concentra fundamentalmente en las refinadoras puras como Raízen, que comercializa la marca Shell en el país, Trafigura, y en menor medida en compañías integradas como YPF y Pan American Energy (PAE).
Un mercado operando sin precio definido
En rigor, el mercado ya viene funcionando bajo un esquema transitorio. Raízen —que opera la refinería de Dock Sud— está recibiendo crudo desde el 15 de marzo sin un precio definido con sus proveedores.
En términos regulatorios, el nuevo marco inaugurado tras la Ley Bases —que introdujo cambios en el artículo 6 de la Ley 17.319— establece que ese petróleo debería pagarse a precio de paridad de exportación.
Sin embargo, en la práctica, fuentes privadas del sector advierten que ese criterio es difícil de aplicar de forma directa en el mercado doméstico actual. Por eso, el precio final del crudo que procesen las refinadoras surgirá, una vez más, de una negociación entre privados que debería encauzarse esta semana, en el cierre de marzo, de cara a definir cuáles serán los precios locales del crudo que entrarán en vigencia a partir del 1º de abril.
El límite: lo que permite el surtidor

El principal condicionante es el precio de los combustibles en el mercado local. A pesar de que en las últimas semanas los surtidores registraron aumentos de entre 15% y 18%, el valor actual de la nafta y el gasoil todavía no convalida un barril a paridad de exportación si se toma como referencia un Brent por encima de los 100 dólares.
Según fuentes privadas consultadas por EconoJournal, el precio doméstico hoy permite reconocer un valor del crudo Medanito de Vaca Muerta entre US$85 y US$90, en un rango compatible con los valores actuales de surtidor y con márgenes de refinación ajustados pero todavía operables.
El interrogante hacia adelante es cómo seguirá aterrizando el precio interno del petróleo en función de si se establece o no un sendero entre productores y refinadores que permita ir mejorando el precio interno del petróleo en función de lo que se pague en las estaciones de servicio.
En ese plano, es clave saber si en abril se registrará una nueva suba de doble dígito del precio de combustible como sucedió en marzo o si el Gobierno buscará reducir esa cifra en no más de un 5 o 6 por ciento mensual.
Diferencias contractuales
La negociación también está atravesada por las particularidades comerciales de cada refinadora.
Raízen define el precio del crudo en ciclos de 30 días que corren a partir del 15 de cada mes. El período actual comenzó el 15 de marzo y se extenderá hasta el 15 de abril.
Trafigura, en cambio, opera con esquemas mensuales calendario, por lo que deberá definir esta semana el precio de compra para todo abril.
La apuesta oficial: acuerdo sin intervención
El Gobierno sigue de cerca la dinámica, aunque por ahora optó por no intervenir directamente en el mercado. La apuesta es que productores y refinadores alcancen un acuerdo comercial que evite tensiones mayores y que puedan complicar el suministro de nafta y, fundamentalmente, de gasoil de cara al arranque de la cosecha gruesa en abril.
En ese contexto, el abastecimiento de gasoil aparece como el principal foco de preocupación. El precio del heating oil —referencia internacional para la importación de gasoil— viene registrando subas incluso superiores a las del crudo, lo que encarece la reposición de producto en el mercado local.
A eso se suma una mayor demanda desde Asia, que está absorbiendo volúmenes relevantes de ese derivado, lo que complejiza aún más el escenario de abastecimiento. Por eso, el foco del mercado de refinación está puesto hoy en garantizar la oferta de gasoil.
El objetivo implícito sigue siendo que el precio interno converja gradualmente hacia niveles internacionales, pero sin trasladar en forma directa todo ese impacto al surtidor.
Una discusión recurrente
La actual desconexión entre el precio local y la referencia internacional no es una novedad. Por el contrario, fue una constante en el mercado argentino durante la última década.
Incluso durante la gestión de Alberto Fernández, la industria desarrolló mecanismos informales de autorregulación, en los que se definía un precio de referencia interno mientras se mantenía la paridad de exportación para los saldos exportables. Ese esquema, con matices, sigue vigente.
El desafío: coordinar sin árbitro

Uno de los principales desafíos que enfrenta el mercado esta semana es lograr que la interlocución entre privados fluya con suficiente velocidad y eficacia para cerrar un acuerdo antes de fin de mes -en la práctica, este martes- , o al menos definir un esquema que permita administrar la volatilidad del precio internacional en abril.
La dificultad no es menor: se trata de la última semana de marzo, el momento en el que debe quedar definido -o encaminado- el precio al que se comercializará el crudo el mes próximo.
Ese proceso, además, se da sin un liderazgo claro. Por un lado, el Gobierno nacional se mantuvo prescindente de esta agenda, a diferencia de lo ocurrido en administraciones anteriores donde solía oficiar como articulador del mercado.
Por otro, tampoco emergió hasta ahora un rol activo de YPF como principal jugador del sector. La compañía, que históricamente funcionó como ordenador de precios y coordinador informal entre actores, no avanzó por el momento en la generación de una mesa o canales de negociación para encauzar la discusión.
Lo que está en juego
El interrogante ahora es doble. Por un lado, si todos los productores estarán dispuestos a resignar parte de la renta para cerrar un acuerdo con las refinadoras. Por otro, en qué nivel se ubicará ese consenso.
La discusión de fondo pasa por definir quién captura la renta inesperada en el mercado petrolero en un contexto de precios internacionales elevados: si los productores, los refinadores o los consumidores.
En lo inmediato, el mercado deberá resolver si el barril doméstico se ubica más cerca de los 85 dólares o de los 90. Un rango que, en definitiva, marcará el equilibrio entre precios en surtidor, rentabilidad del upstream y necesidad -o no- de intervención estatal.
, Nicolas Gandini





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