Por Redacción Runrún Energético

En una cumbre estratégica celebrada en Neuquén, los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza) y Rolando Figueroa (Neuquén) acordaron una hoja de ruta conjunta para exigir la finalización de la Ruta Nacional 40 Sur, la arteria vital que conecta el polo logístico de Malargüe con la cuenca neuquina.

La obra, que enfrenta años de parálisis en el tramo Bardas Blancas–Ranquil Norte, es considerada “prioritaria” por las operadoras del sector, ya que su pavimentación permitiría una optimización del CAPEX logístico superior al 15%, agilizando el movimiento de sets de fractura y cuadrillas hacia el bloque norte de Vaca Muerta.

Ante el abandono de la jurisdicción nacional, ambos mandatarios exploran mecanismos de financiamiento alternativos, incluyendo el aporte privado de petroleras bajo esquemas de crédito fiscal o compensación de regalías.

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La arquitectura del proyecto busca consolidar a Malargüe como el gran “hub de servicios” para el desarrollo no convencional del lado mendocino y el norte neuquino. Actualmente, tramos críticos como el de La Pasarela presentan un avance físico del 0%, obligando a la logística pesada a realizar rodeos ineficientes que incrementan la huella de carbono y el costo de mantenimiento de flota.

La pavimentación de los 80 kilómetros pendientes no solo beneficiaría al sector hidrocarburífero, sino que es el requisito sine qua non para la viabilidad de Potasio Río Colorado y el Distrito Minero Occidental. Para 2026, la Mesa de Competitividad de Vaca Muerta ha puesto la lupa en este corredor, advirtiendo que, sin una ruta 40 operativa, la eficiencia ganada en la boca del pozo seguirá diluyéndose en los cuellos de botella del transporte terrestre.

Visión de Runrún Energético

Desde Runrún observamos que la alianza Cornejo-Figueroa es la respuesta pragmática al retiro del Estado Nacional en materia de obra pública. La Ruta 40 ya no es un proyecto vial; es un activo estratégico de la balanza comercial energética. Si el RIGI busca atraer inversiones de clase mundial, la infraestructura debe estar a la altura.

Mendoza tiene en Malargüe el potencial para aliviar la saturación de Añelo, pero sin asfalto, ese potencial es solo una expresión de deseos. La provincialización o el financiamiento privado de rutas nacionales es el nuevo estándar: quien quiera producir energía de exportación, deberá asegurar primero que los camiones puedan llegar a destino.

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