Tras una puja geopolítica, Colombia detuvo sus exportaciones de electricidad a Ecuador. La decisión, adoptada mediante resolución del Ministerio de Minas y Energía, respondió a la imposición de un arancel del 30 % sobre la energía colombiana por parte del país vecino, lo que alteró las condiciones del intercambio bajo el marco regulatorio de la Comunidad Andina.
Con esta medida, Bogotá buscó proteger su abastecimiento interno y evitar que una decisión unilateral afectara la estabilidad del sistema interconectado nacional.
El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, afirmó que se trató de una acción necesaria ante la falta de respeto a los acuerdos regionales.
“Debimos actuar con firmeza para defender la dignidad del país”, aseguró.
Además de la suspensión del suministro, Colombia aplicó un arancel del 20 % a las importaciones de productos industriales ecuatorianos. La disputa, originada por un diferendo sobre precios de bolsa y condiciones técnicas de los intercambios eléctricos, escaló hacia un conflicto bilateral con consecuencias comerciales y diplomáticas más amplias.
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Si bien existen momentos en los que Colombia importa electricidad, la relación energética con Ecuador ha sido mayoritariamente de exportación. Las transacciones entre ambos países están reguladas por un despacho binacional con precios de bolsa independientes, y Ecuador ha manifestado en ocasiones su desacuerdo con los valores ofrecidos por el sistema colombiano. La nueva carga arancelaria, aplicada sobre energía “en pie”, aumentó el costo final del recurso para la demanda ecuatoriana.
La suspensión coincidió con la activación de medidas extraordinarias por parte del Ejecutivo colombiano en el marco del Estado de Emergencia Económica. El decreto 0044 introdujo contribuciones solidarias y medidas fiscales temporales para sostener la continuidad del servicio, sobre todo en zonas vulnerables como la región Caribe.
Integración regional bajo presión
Colombia y Ecuador están conectados desde hace más de dos décadas mediante líneas de transmisión de alta tensión, lo que ha permitido transferencias bidireccionales de energía en momentos de escasez. Sin embargo, la falta de un organismo regional con funciones técnicas vinculantes ha dejado expuestos los mecanismos de integración frente a decisiones políticas unilaterales.
En ese contexto, desde el sector se advirtió que la situación podría ser una oportunidad para rediseñar las reglas de la integración, ya que no existe una entidad neutral que armonice las disposiciones entre países. Este tipo de decisiones arancelarias deberían abrir la puerta a una discusión más profunda sobre los esquemas regionales.
Ecuador depende estructuralmente de la hidroelectricidad y ha enfrentado cortes prolongados en períodos secos. En 2024, Colombia le vendió energía incluso en medio de su propio estrés hídrico, evitando apagones de hasta 14 horas.
En condiciones normales, el país andino importa entre el 8 % y el 10 % de su demanda diaria desde Colombia. Con la medida en vigor, se esperan impactos operativos en el sistema ecuatoriano, mientras que para Colombia el efecto será principalmente comercial.
“La integración no puede construirse a costa de nuestra soberanía ni del bienestar de la población”, concluyó Palma, quien dejó abierta la posibilidad de retomar los intercambios si se restablecen condiciones de respeto y legalidad.
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