La historia personal de Rosilena Lindo Riggs está marcada por una visión de servicio público, justicia social y vocación científica que la llevó a convertirse en una de las principales arquitectas de la transición energética panameña. Su recorrido atraviesa instituciones como el Canal de Panamá, el Ministerio de Ambiente, el PNUMA y la Secretaría Nacional de Energía, desde donde impulsó políticas pioneras con enfoque inclusivo, técnico y territorial.
En una entrevista con Energía Estratégica, la ingeniera y asesora global repasa su trayectoria, desafíos, aprendizajes y visión para el futuro de la región.
—¿Qué la impulsó a estudiar ingeniería y, más adelante, especializarse en energía y gestión ambiental? ¿Hubo un momento clave en su vida?
A los 8 años, durante unas vacaciones, le conté a mi abuela que quería diseñar espacios para estudiar y proteger la naturaleza. Soñaba con trabajar en Naciones Unidas, hablar cuatro idiomas, viajar por el mundo y generar oportunidades para que las mujeres lideraran. Agradezco a Dios porque me permitió convertir mis sueños de niña en realidad.
Mi padre es ingeniero civil, lo que influyó en mi decisión de estudiar esa carrera. Cuando un profesor me ofreció colaborar en la instalación del Nodo NASA en Panamá, conocí el mundo de la energía. Mi primera tarea fue leer las guías del IPCC y recopilar datos para calcular emisiones del sector energético. Ahí me enamoré de la energía, de su rol económico, pero también del potencial de transformar un modelo de desarrollo basado en combustibles fósiles.
—¿Cómo fue el tránsito profesional hasta llegar a la Secretaría Nacional de Energía?
Al regresar de mis estudios en Alemania, trabajé en la ampliación del Canal de Panamá en control de calidad de las superficies hidráulicas. Fue una experiencia valiosa, técnica y humana, donde conocí a un mentor que me animó a volver al sector energético.
Después, asumí la Dirección Nacional de Cambio Climático en la antigua Autoridad del Ambiente. Junto a un equipo de 34 personas, creamos la primera Contribución Nacionalmente Determinada de Panamá, transformamos la ANAM en el Ministerio de Ambiente e incluimos el cambio climático en la ley ambiental. También negociamos el Acuerdo de París en temas de bosques y dimos voz internacional a los pueblos originarios.
Más tarde, como especialista senior en UNEP, lideré el proyecto de calentamiento solar de agua y contribuí al análisis de la transición energética en América Latina. Organizamos un encuentro con representantes del sector energía de los candidatos presidenciales para presentar el estudio “Carbono Cero América Latina”. Uno de ellos, ya como secretario de Energía, me invitó a ser parte de su equipo como subsecretaria.
—¿Qué desafíos enfrentó como la primera mujer secretaria de Energía en Panamá?
Fue un proceso lleno de desafíos, pero también de aprendizajes. La sororidad nacional, regional y global jugó un papel clave. Gracias a esa red de mujeres, logramos impulsar la agenda energética con una mirada técnica e inclusiva.
Uno de los grandes desafíos fue construir una metodología participativa durante la pandemia. Logramos que cada persona que participó en las estrategias pudiera identificar sus aportes reflejados en los documentos. Diseñamos políticas como la Estrategia de Acceso Universal a la Energía, la de Generación Distribuida, de Eficiencia Energética, de Innovación del Sistema Interconectado, entre otras. Más de 16.500 horas persona fueron invertidas en el diseño de estos instrumentos.
Como secretaria, tuve apenas siete meses de gestión, en plena contienda electoral. No logramos presentar la ley de transición energética. Me llevo como lección que ese tipo de reformas deben plantearse desde el primer año. También comprendí que, aunque el sector es masculinizado, el proceso de construcción de la Hoja de Ruta “Nexo Mujer y Energía” fue el más participativo. En Panamá, hombres y mujeres están dispuestos a construir un sector en igualdad.
—¿Cuál considera su mayor contribución en términos de política pública energética?
Destaco con orgullo la Estrategia Nacional de Generación Distribuida, que comencé a moldear desde que ingresé a la Secretaría. Fue elaborada con apoyo técnico del BID y nos tomó tiempo definir su alcance. Hoy Panamá pasó de 30 MW a más de 200 MW instalados, y si se cumplen los compromisos, se espera un crecimiento exponencial en los próximos dos años.
También considero transformadores el Plan de Electrificación Rural Georreferenciado y la Estrategia de Acceso Universal, porque plantean que no es aceptable pasar de no tener energía a vivir en pobreza energética. Defienden el derecho a un consumo eficiente y suficiente, sin ciudadanos de segunda clase.
—¿Hay algún proyecto que recuerde especialmente por su impacto social?
La Estrategia de Comunicación para la Transición Energética fue única por su enfoque. Partimos de un estudio del Banco Mundial sobre la percepción energética en Panamá, que reveló intereses diferenciados por género y región. Decidí estudiar un diplomado en comunicación y marketing para poder liderarla.
Es fundamental que la población tenga acceso a información clara y culturalmente representativa, para que pueda tomar decisiones informadas al adoptar tecnologías energéticas. Por ejemplo, que una dueña de salón de belleza sepa que un aire acondicionado eficiente puede reducir su factura en un 70 %.
—¿Qué experiencia profesional la marcó profundamente en el sector de renovables?
Diseñar e implementar el programa de capacitación en energía solar fotovoltaica para mujeres de la Comarca Ngäbe-Buglé cambió mi vida por completo. Ver el crecimiento de 85 mujeres rurales fue inspirador.
Invité a una de ellas, Lilibeth Jiménez, a un evento en Brasil. Allí me compartió algo que transformó mi forma de entender la transición energética: “Al programa le faltó brindar apoyo psicológico para gestionar el impacto cultural de convertirse en mujeres generadoras de ingresos”. Comprendí que la transición energética también transforma culturas y debe ser gestionada con sensibilidad.
—¿Cuál es el principal reto de la región en materia energética?
Latinoamérica y el Caribe deben acelerar la inversión en renovables y el diseño regulatorio para electrificar la economía, en un contexto de fragmentación geopolítica, ciberseguridad y crisis climática.
Necesitamos romper con regulaciones que favorezcan una sola tecnología. La riqueza de la transición está en la diversidad de fuentes y esquemas. Pero el cuello de botella es claro: movilizar capital a bajo costo y ampliar la infraestructura de transmisión. Sin eso, no podremos sacar de la pobreza a los 162 millones de personas que hoy la padecen en la región, según CEPAL.
—¿Qué mensaje daría a las jóvenes que están comenzando en este sector?
La igualdad de género no es un tema de mujeres, es un imperativo del desarrollo global. Necesitamos medidas especiales para compensar las desigualdades estructurales y defender la justicia social con datos claros.
A las jóvenes les digo que expandan su red de colaboración con todos los actores, sin importar género. El talento no tiene etnia, rostro ni género. La sororidad ha demostrado ser clave para el crecimiento de las mujeres en energía, y hay que seguir comunicando estratégicamente para contrarrestar las voces que subestiman la igualdad.
—¿Qué legado le gustaría dejar en el sector energético y climático?
Quiero seguir construyendo puentes entre gobiernos, sector privado, cooperación internacional, comunidades y juventudes. Sueño con una economía basada en más de 80 % de energía renovable, y con personas respirando aire limpio.
Seguiré trabajando con determinación para que las juventudes tengan más oportunidades que yo y para que las mujeres —de todas las edades y etnias— encuentren en el sector energético un espacio pleno para desarrollar sus talentos. Todo esto mientras cuidamos juntos nuestra casa común.
La entrada De soñar con la ONU a liderar la transición energética de Panamá: la historia de Rosilena Lindo Riggs se publicó primero en Energía Estratégica.





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