El crecimiento sostenido de la deuda de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) con generadores privados se consolidó como una de las principales obstáculos para el desarrollo renovable en Honduras, ya que el pasivo superó los 17385 millones de lempiras (cerca de USD 655 millones) con atrasos prolongados que impactaron directamente en la cadena de pagos del sistema eléctrico.

El presidente de la Asociación Hondureña de Energía Renovable, Eduardo Bennaton, advirtió en entrevista con Energía Estratégica que «no es solo un problema financiero, es un problema de confianza país”, poniendo el foco en la variable central que hoy limita el desarrollo del sector.

La consecuencia directa es el encarecimiento del capital o la migración de inversiones hacia mercados más estables y en proyectos intensivos en inversión, la certeza de ingresos resulta clave para estructurar financiamiento.

“Cuando esa certeza se debilita, el costo del capital sube o la inversión simplemente se va a otros mercados”, explicó Bennaton.

Incluso, diversas compañías exigen el pago de facturas vencidas que acumulan entre cuatro y hasta siete meses por energía ya entregada, consumida y abonada por los usuarios de la empresa estatal cuando la ENEE dispone de un plazo de 45 días calendario para abonar cada mes de suministro eléctrico.

Sin embargo, esos fondos no se han destinado completamente a saldar los compromisos pendientes con los generadores privados.

El impacto trasciende los proyectos actuales y condiciona el posicionamiento regional, dado que Honduras cuenta con recursos renovables competitivos, pero enfrenta un cuello de botella vinculado a la credibilidad del sistema eléctrico, lo que limita su capacidad de atraer nuevos desarrollos frente a países con marcos más previsibles.

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En ese contexto, el deterioro de la cadena de pagos introduce incertidumbre en los flujos proyectados, afectando la bancabilidad y elevando las exigencias de los financiadores.

Esto se traduce en precios más altos o menor participación en futuras licitaciones, debilitando la competitividad del país.

A su vez, la situación se agrava por la estructura de generación. Una porción relevante del sistema continúa dependiendo de fuentes térmicas, lo que mantiene la exposición a la volatilidad internacional de combustibles y refuerza la necesidad de avanzar hacia contratos renovables más estables.

Para el sector, la normalización financiera es condición necesaria para cualquier reforma. Restablecer la disciplina de pago y consolidar garantías efectivas aparece como el punto de partida para recuperar la confianza del mercado, antes incluso de avanzar en cambios regulatorios más amplios.

Bajo este escenario, Bennaton fue contundente respecto a las expectativas: “si se corrige ese punto, la inversión regresa; si no, seguiremos perdiendo competitividad regional”, marcando el vínculo directo entre estabilidad financiera y desarrollo del sector.

El mercado mantiene una visión cautelosa a la espera de señales concretas. Si bien existen indicios iniciales de reordenamiento, la fragilidad estructural de la ENEE continúa siendo el principal factor de incertidumbre.

De cara al corto y mediano plazo, la ventana de oportunidad permanece abierta, pero condicionada a la ejecución efectiva de medidas. La recuperación del sector dependerá de la capacidad de traducir anuncios en hechos verificables, especialmente en materia de pagos, regulación y estructura de mercado.

En ese sentido, el presidente de la AHER concluyó: “Si esas señales se convierten en hechos, 2026 todavía puede ser un año de relanzamiento para las renovables en Honduras”.

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