La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a impactar de forma inmediata en los mercados energéticos globales, ya que la tensión geopolítica impulsó los precios del gas y del petróleo y puso en evidencia la exposición de muchos sistemas eléctricos a la volatilidad de los combustibles fósiles.

En Europa el efecto fue particularmente visible: el costo de generar electricidad con gas aumentó más de 50% en los primeros diez días desde el inicio del conflicto, impulsado por el salto del precio del gas en los mercados internacionales.

En paralelo, la Unión Europea pagó unos 2500 millones de euros adicionales por importaciones de combustibles fósiles en apenas diez días, reflejando el peso que aún tienen estos recursos en la matriz energética del bloque.

“Esperaríamos cierto impacto en los precios de la electricidad”, afirmó Chris Rosslowe, Senior Energy Analyst en Ember,, quien también explicó que el impacto tiende a ser mayor en los países donde el gas tiene un rol central en la formación del precio eléctrico, como ocurre en Italia.

La relación entre el gas y el precio de la electricidad responde al funcionamiento del mercado eléctrico europeo, dado que, bajo el esquema marginalista, la tecnología más cara necesaria para cubrir la demanda fija el precio final del sistema. Y en muchos casos resulta gas o carbón y, por tanto, cuando el precio de éstos sube, el costo eléctrico tiende a seguir la misma tendencia.

Sin embargo, el crecimiento de las energías renovables comenzó a modificar gradualmente esta dinámica, debido a que a medida que aumenta la participación de fuentes limpias en la generación, disminuye la necesidad de recurrir a centrales fósiles para cubrir la demanda.

Por lo que Rosslowe destacó el caso de España como uno de los ejemplos más claros de este cambio: “La expansión eólica y solar es el principal motor del desacople entre los precios del gas y la electricidad en España”.

Los datos reflejan esa evolución, donde la participación conjunta de solar y eólica en la generación eléctrica española pasó del 33% en 2021 al 42% en 2025, reduciendo la influencia gasífera en el MEM en apenas 15% de las horas; mientras que en Italia lo hizo en el 89%, evidenciando una dependencia mucho mayor del combustible fósil.

Rosslowe también señaló que el caso español demuestra cómo las energías renovables pueden actuar como un escudo frente a la volatilidad del gas, algo especialmente relevante en un contexto global que ya experimentó dos grandes shocks de precios fósiles en apenas cinco años.

Incluso, según un informe del think tank energético, el mundo instaló la cifra récord de 814 GW de capacidad de energía solar y eólica en 2025, un 17% más que el año anterior. Y para ponerlo en contexto: la electricidad generada solo por los GW añadidos el último año podría sustituir a más de una séptima parte de la generación mundial de gas, o casi el doble del volumen total de exportaciones anuales de gas natual licuado (GNL) de Catar.

La energía solar representó la mayor parte de las nuevas incorporaciones de capacidad, con casi 4 GW nuevos añadidos a nivel mundial por cada 1 GW de energía eólica. En 2025 se añadieron 647 GW de capacidad solar en todo el mundo, frente a los 582 GW de 2024, lo que significa un aumento interanual del 11 %.

América Latina: exportadores e importadores frente al shock energético

La volatilidad de los precios energéticos generada por el conflicto también tiene implicancias para América Latina, aunque con efectos distintos según la estructura energética de cada país.

Esto impacta de manera diferente en los sistemas energéticos de América Latina, según si un país es exportador o importador neto de hidrocarburos”, explicó Wilmar Suarez, Energy Analyst en Ember.

En ese contexto, países exportadores de petróleo y gas como Brasil, Colombia o Venezuela podrían beneficiarse de mayores ingresos por ventas externas, impulsados por el aumento de los precios internacionales.

Por el contrario, economías importadoras como Chile o Perú enfrentarían mayores costos energéticos, lo que puede presionar las balanzas comerciales y trasladarse a los precios de transporte y electricidad.

Más allá de esas diferencias, el contexto también podría acelerar cambios estructurales en la región hacia programas de eficiencia energética y el despliegue de renovables.

A escala global, las renovables continúan ganando peso en los sistemas eléctricos. Por ejemplo, en la Unión Europea representan cerca del 44% de la generación, impulsadas principalmente por el crecimiento de la solar y la eólica; en tanto que LATAM el peso es incluso mayor.

Según datos de la Organización Latinoamericana de Energía, más del 65% de la electricidad regional proviene de fuentes renovables, dominadas por la hidroelectricidad y con una expansión sostenida de la solar y eólica.

En ese contexto, Rosslowe consideró que la electrificación puede convertirse en un factor clave para reducir la exposición a crisis energéticas.

El analista sostuvo que el precio final de la electricidad es uno de los factores más importantes para acelerar ese proceso y que una política fiscal que incentive el uso de electricidad limpia ayudaría a reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, fortaleciendo al mismo tiempo la seguridad energética.

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