La participación de fuentes renovables en la capacidad instalada eléctrica de América Latina y el Caribe alcanza ya el 65 %, una cifra histórica.

Sin embargo, eso no significa que las renovables generen esa misma proporción de energía en tiempo real. La diferencia entre capacidad instalada y generación efectiva sigue siendo una de las brechas técnicas más relevantes del sistema eléctrico regional.

Según el informe de monitoreo del mercado eléctrico regional, en junio de 2025 la generación renovable llegó al 71 % del total, con la hidroeléctrica aportando el 51 %. Pero en julio —en temporada seca— ese índice cayó al 65 % o menos.

Esta variación estacional revela que, en ciertos momentos del año, el sistema necesita seguir recurriendo a tecnologías fósiles como el gas o el fuel oil para garantizar el suministro.

Para Antonio S.R. López, CEO de A&M TECHNOLOGY, esa diferencia entre instalación y generación es estructural.

“No siempre es lineal el dato de capacidad instalada con el de generación aportada al sistema”, explicó, y subrayó que las brechas más urgentes están en la falta de almacenamiento, la escasa flexibilidad operativa y la necesidad de contar con pronósticos de recursos más precisos.

También advirtió que la infraestructura de transmisión actual necesita ser reforzada para sostener altos niveles de generación renovable en todas las condiciones climáticas.

La exposición a los combustibles fósiles tampoco se ha superado en términos económicos. El precio spot de la electricidad continúa anclado a las tecnologías térmicas, especialmente en momentos de baja generación renovable, congestiones regionales o picos de demanda. Si bien las renovables ayudan a amortiguar la volatilidad, aún no logran desacoplar completamente el precio eléctrico del gas y el fuel oil.

Según se detalla en el informe regional, para lograr un verdadero desacoplamiento se requiere más capacidad de almacenamiento, una red más flexible, mejoras en la transmisión regional y mercados de servicios complementarios que valoren adecuadamente los atributos técnicos de las renovables.

2026: año de inflexión para la operación del sistema

Las proyecciones de demanda hacia 2026 plantean un nuevo desafío para el sistema eléctrico regional. Aunque se espera que el crecimiento de la generación provenga mayoritariamente de renovables, la falta de soluciones estructurales como el almacenamiento y la flexibilidad puede convertir este escenario en un cuello de botella operativo.

Así lo advirtió López: “El impulso principal será la expansión renovable, pero sin almacenamiento ni flexibilidad, la operación no podrá sostenerse”.

La integración regional, a través del Mercado Eléctrico Regional (MER), podría ser una herramienta clave para enfrentar estos retos. El MER ya permite optimizar el despacho, reducir costos y reforzar la seguridad energética mediante el intercambio entre países. Sin embargo, su arquitectura actual no está diseñada para gestionar la variabilidad de fuentes intermitentes.

A nivel operativo, aún se necesitan ajustes normativos que permitan incorporar servicios auxiliares, mejorar los mecanismos de despacho y abrir la participación a recursos distribuidos. Las renovables han ampliado el potencial de integración energética regional, pero la capacidad limitada de la red de transmisión es hoy un freno para absorber grandes flujos variables.

El ejecutivo fue enfático al respecto: el diseño del mercado necesita adaptarse para que los recursos renovables puedan ser plenamente integrados, no solo a nivel técnico sino también comercial y económico. De lo contrario, los logros en capacidad instalada podrían verse comprometidos por restricciones estructurales no resueltas.

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