La implementación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) abre una etapa de oportunidades sin precedentes para la Argentina. En este marco, tanto el sector público como las cámaras empresariales han comenzado a analizar los mecanismos de importación de insumos con el objetivo de armonizar la llegada de tecnología extranjera con el fortalecimiento de la industria nacional. El desafío actual reside en la interpretación técnica de los aranceles para bienes de capital, buscando que el régimen actúe como un puente para que las PyMEs locales se integren a los grandes proyectos energéticos.

1. Colaboración público-privada
Lejos de una confrontación, las principales entidades que agrupan a proveedores industriales están proponiendo mesas de trabajo técnico con las autoridades nacionales. El objetivo es brindar información precisa sobre la capacidad de respuesta y los estándares de calidad que la industria argentina ya ofrece en sectores como el petróleo, el gas y la minería. Se busca que la flexibilidad en las importaciones que otorga el RIGI se aplique de manera estratégica en aquellos componentes que no poseen fabricación local, permitiendo que el resto de la demanda sea cubierta por el “know-how” argentino.
2. Competitividad y escala
Para las operadoras que lideran los proyectos bajo el RIGI, la eficiencia de costos y los plazos de entrega son pilares fundamentales para la viabilidad de las inversiones. Por ello, el debate se centra en cómo mejorar la competitividad de la cadena de suministro doméstica. La industria local entiende que este escenario es una oportunidad para elevar sus propios estándares y trabajar en conjunto con el Estado en políticas que reduzcan los costos logísticos y financieros, permitiendo que el proveedor argentino compita de igual a igual con los insumos globales.
3. Hacia un desarrollo industrial sostenible
La visión compartida entre el Gobierno y el sector privado es que las grandes inversiones deben dejar una capacidad instalada duradera en el país. El RIGI, en su espíritu original, contempla el desarrollo de proveedores locales como un componente clave del éxito a largo plazo. En este sentido, el ajuste fino de la normativa se percibe como una evolución natural del régimen para asegurar que el crecimiento de Vaca Muerta y la minería se traduzca en una industria nacional más moderna, tecnológica y exportadora.
Visión Runrún Energético:
En Runrún creemos que el RIGI es la herramienta más potente que ha tenido el país en décadas para atraer capitales. Este proceso de ajuste en la cadena de suministros es parte de una transición necesaria. El diálogo abierto entre los ministerios y las cámaras industriales es la garantía de que los beneficios del régimen “derrame” de forma equilibrada, protegiendo el empleo nacional mientras se acelera la ejecución de las obras que el país necesita para ser una potencia energética global.
Por Redacción Runrún Energético
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