La reciente escalada del conflicto en Medio Oriente vuelve a evidenciar una vulnerabilidad estructural del sistema energético europeo: su alta dependencia de importaciones. Más del 50% de la energía consumida en Europa proviene del exterior y cerca del 90% del gas es importado, cada vez más en forma de GNL que compite en mercados globales.
Esto expone a la región a cualquier disrupción internacional. Cuando el mercado global se tensiona, los precios se trasladan rápidamente a Europa, especialmente en el sistema eléctrico.
“El gas todavía suele fijar el precio marginal. Cuando sube el gas, la electricidad lo sigue”, afirmó el analista de Strategic Perspectives, Marin Gillot, en entrevista con Energía Estratégica.
El mecanismo responde al funcionamiento del mercado mayorista europeo bajo el principio de merit order. Las tecnologías se despachan desde las más baratas a las más caras y la última central necesaria para cubrir la demanda define el precio para todo el sistema.
Este diseño permite eficiencia en condiciones normales y envía señales claras de inversión hacia tecnologías de bajo costo como las renovables. Sin embargo, cuando el gas entra en la ecuación, su costo termina trasladándose al conjunto del sistema eléctrico.
La clave está en la frecuencia con la que esto ocurre. En sistemas donde el gas es estructural, como Italia, fija el precio en alrededor del 89% de las horas, generando una exposición directa a la volatilidad internacional.
En cambio, en España el comportamiento es diferente: el gas solo fija el precio en cerca del 15% de las horas, lo que limita considerablemente el impacto de los shocks.
“Donde el gas fija el precio con frecuencia, el impacto es inmediato. Donde no, es mucho más limitado”, explicó Gillot.
Renovables, electrificación y señales de mercado
La diferencia entre ambos sistemas se explica por el peso de las energías renovables. En los últimos años, España incorporó más de 40 GW de capacidad eólica y solar, modificando de forma estructural su matriz eléctrica.
Este crecimiento se refleja en la cobertura de la demanda: en el primer semestre de 2025, la eólica y la solar representaron cerca del 46%, frente al 29% en 2019. Como consecuencia, se redujo el espacio operativo del gas en el sistema.
El cambio también se observa en la formación de precios. La participación de tecnologías fósiles como fijadoras cayó del 75% al 19% en ese período.
“El gas sigue presente, pero fija el precio mucho menos a menudo”, señaló Gillot.

Este desacople progresivo entre gas y electricidad no solo reduce la volatilidad, sino que también comienza a generar ventajas competitivas. Sistemas con menor exposición a combustibles fósiles ofrecen precios más estables, lo que favorece inversiones industriales en sectores como hidrógeno, acero y baterías.
En este sentido, el desarrollo renovable se convierte en una herramienta económica además de energética. La estabilidad de costos eléctricos empieza a ser un factor de atracción para nuevas industrias.
Sin embargo, capturar estos beneficios requiere un enfoque integral del sistema. La expansión de renovables debe ir acompañada por redes, almacenamiento en baterías, gestión de la demanda y electrificación de consumos como calefacción o transporte.
A pesar de estos avances, persisten señales económicas que van en sentido contrario. En la Unión Europea, la electricidad está gravada en promedio el doble que el gas. En algunos países, esta diferencia es aún mayor: tres veces en Alemania, seis en Bélgica y hasta 14 veces en Croacia.
Esto impacta directamente en las decisiones de consumo e inversión. Cuando la electricidad es relativamente más cara, se retrasa la adopción de tecnologías como bombas de calor o vehículos eléctricos, y las industrias tienen menos incentivos para electrificar procesos.
“Reequilibrar los impuestos mejoraría inmediatamente la economía de la electrificación”, sostuvo Gillot.
En este contexto, la política fiscal aparece como uno de los pocos instrumentos de impacto inmediato. Ajustar estas señales permitiría acelerar la electrificación, reducir la demanda de gas y fortalecer el desarrollo de tecnologías limpias.
Alinear la fiscalidad con la electrificación no solo reduce la exposición a la volatilidad internacional, sino que conecta el alivio en el corto plazo con una mayor seguridad energética en el largo plazo.
La entrada Europa frente al shock del gas: por qué las renovables redefinen el precio eléctrico se publicó primero en Energía Estratégica.





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