Una investigación publicada en Nature Communications demostró que los residuos plásticos pueden transformarse en hidrocarburos líquidos de alto valor mediante un proceso catalítico asistido por agua. El método utiliza catalizadores de rutenio y logra una conversión del 96,9%, muy superior a la pirólisis tradicional.

La clave está en el rol del agua, que acelera la depolimerización y reduce la formación de coque, el residuo carbonoso que suele frenar la operación industrial.

El proceso genera fracciones líquidas equivalentes a nafta pesada, kerosene y gasoil liviano, conocidas como “fuel‑range hydrocarbons”. No son combustibles finales, pero sí un insumo compatible con las refinerías existentes.

Para alcanzar calidad comercial, estas fracciones deben pasar por destilación, hidrotratamiento y mezclas controladas, los mismos pasos que se aplican al petróleo crudo. Esto permite cumplir normas ASTM y EN sin necesidad de construir plantas nuevas.

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La tecnología ofrece ventajas operativas relevantes. Permite procesar poliolefinas mixtas —PE y PP— que representan el 60% del residuo plástico del país. Además, extiende la vida útil del catalizador y reduce costos de mantenimiento.

Para Argentina, esto abre una ventana concreta en polos petroquímicos como Bahía Blanca, Campana y San Lorenzo, donde ya existe infraestructura para integrar estos flujos a cadenas de valor industriales.

El estudio incluye un análisis técnico‑económico favorable para su escalado. Los CAPEX y OPEX dependen del suministro de rutenio, pero la mayor durabilidad del catalizador mejora la ecuación en pesos argentinos.

Municipios con alta generación de residuos, como el AMBA, podrían abastecer plantas piloto sin etapas costosas de clasificación. La integración con cooperativas de reciclado también permitiría asegurar trazabilidad y abastecimiento estable.

Desde la óptica de Runrun, esta tecnología combina tres vectores estratégicos: reducción de residuos, producción de energía local y fortalecimiento industrial. Convertir plástico en un insumo refinable permite sustituir importaciones, generar empleo calificado y aliviar la presión sobre rellenos sanitarios.

Con señales regulatorias claras y pilotos bien diseñados, Argentina puede transformar un pasivo ambiental en un activo energético competitivo para la próxima década.

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