Este domingo 1 de febrero, Costa Rica definirá mucho más que su próximo gobierno: elegirá el modelo de transición energética que marcará el rumbo del país en los próximos años. Según la encuesta más reciente del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), la oficialista Laura Fernández, del Partido Pueblo Soberano, se perfila como la próxima mandataria con 43.8% de intención de voto, con chances de evitar el balotaje y consolidar una gestión centrada en la apertura del mercado energético.
El desafío actual ya no radica en descarbonizar la matriz eléctrica —que en Costa Rica ya supera el 98% de fuentes renovables—, sino en cómo trasladar esa transformación a sectores como el transporte, la industria, el almacenamiento y el consumo final de energía.
Tal como adelantó Energía Estratégica a principios de mes, las propuestas energéticas de las tres candidaturas con mayor intención de voto —Laura Fernández, Álvaro Ramos (Partido Liberación Nacional) y Claudia Dobles (Coalición Agenda Ciudadana)— ofrecen respuestas diametralmente distintas a ese desafío.
El plan de Fernández apuesta por un enfoque de mercado, centrado en habilitar la participación privada en geotermia, revisar la estructura tarifaria para eliminar sobrecostos y transformar el Sistema Eléctrico Nacional para que el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) compita en igualdad de condiciones. También plantea fortalecer la interconexión regional y aprovechar residuos orgánicos para impulsar la producción de biogás y biometano, dentro de una lógica de economía circular.
Aunque la estrategia se orienta a mayor eficiencia, tarifas más bajas y dinamismo en la inversión, fuentes del sector energético consideran que carece de una hoja de ruta clara para acelerar la transición energética. La lectura dominante es que representa una continuidad del modelo actual, con ajustes orientados más al precio que a la transformación estructural del sistema.
Desde una perspectiva distinta, Álvaro Ramos propone una segunda generación de políticas energéticas con foco en tecnología avanzada, modernización institucional y financiamiento verde. Su plan incluye el impulso a hidrógeno verde, energía marina y geotermia avanzada, habilita alianzas público-privadas (APP) para que el ICE contrate generación y almacenamiento con agilidad, y propone una Ley de Finanzas Sostenibles que permita emitir bonos verdes soberanos y crear un Fondo Nacional de Transición Verde.
Ramos también contempla una reforma al MINAE para separar planificación y operación, además de una modernización de redes mediante smart grids y el fortalecimiento de la generación distribuida. Aseguró que “la transición debe cruzar todos los sectores, no limitarse al eléctrico”, y planteó que los instrumentos deben surgir de alianzas con capacidad técnica y financiera.
Por su parte, Claudia Dobles impulsa un modelo de transformación profunda con liderazgo estatal. Propone convertir RECOPE en una empresa pública de energías limpias, orientada al desarrollo de hidrógeno verde, biometano, almacenamiento energético y movilidad sostenible. El ICE mantendría su rol estratégico en generación, transmisión y distribución, con una ampliación de su capacidad geotérmica, y apertura controlada para solar y eólica bajo un esquema solidario.
Su programa incluye una ley que prohíba la exploración y explotación de hidrocarburos, la creación de Ecoparques de Energía con almacenamiento a gran escala, y un marco regulatorio específico para baterías. También plantea facilitar el acceso a crédito para hogares y comunidades, con tarifas justas, para que puedan convertirse en prosumidores.
Desde la Coalición, señalaron que el objetivo es avanzar hacia una economía descarbonizada, con equidad social y liderazgo público, retomando el enfoque ambientalista desarrollado durante los gobiernos del Partido Acción Ciudadana (PAC).
Así, el escenario electoral presenta tres modelos nítidamente diferenciados: uno de apertura de mercado con foco en tarifas, otro basado en tecnología y financiamiento verde, y un tercero orientado a una transición justa liderada desde el Estado.
Las diferencias también se expresan en el rol asignado al ICE. Dobles lo propone como garante del sistema solidario; Ramos lo proyecta como un ente flexible capaz de asociarse estratégicamente; y Fernández lo plantea como un actor más en un mercado abierto.
Respecto a los combustibles, Dobles apuesta por la eliminación total de los fósiles, Ramos por tecnologías emergentes como el hidrógeno, y Fernández por biogás y biometano bajo lógicas de eficiencia.
Este domingo, más de 3.7 millones de costarricenses definirán con su voto no solo quién ocupará la presidencia, sino también qué tipo de transición energética marcará el rumbo del país en los próximos años.
| Tema | Claudia Dobles | Laura Fernández | Álvaro Ramos |
| Rol del ICE | Líder estratégico y garante del sistema solidario. | Competidor en igualdad de condiciones con privados. |
Ente flexible capaz de hacer Alianzas Público-Privadas.
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| Apertura Privada | Enfocada en eólica/solar, bajo regulación estatal. | Apertura de la Geotermia y mercado eléctrico general. |
Alianzas estratégicas y contratación dinámica.
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| Combustibles | Transformar RECOPE hacia energías limpias. Prohibir exploración de petróleo. | Producción de biogás/biometano y uso de combustibles limpios. |
Impulso al hidrógeno verde y energías de nueva generación.
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| Enfoque Principal | Transición justa, descarbonización y comunidades prosumidoras. | Reducción de tarifas y competitividad de mercado. |
Modernización tecnológica (energía marina/avanzada) y financiamiento verde.
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La entrada Laura Fernández se perfila como presidenta de Costa Rica: ¿qué propone en renovables? se publicó primero en Energía Estratégica.




