El almacenamiento de energía se posiciona como un pilar estratégico para el futuro energético de Panamá. Con una matriz cada vez más penetrada por fuentes variables como la solar y la eólica, la incorporación de sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems) será esencial para mantener la estabilidad y avanzar en la descarbonización.
“La integración de baterías será fundamental para superar el desafío de la intermitencia”, afirmó el Project Manager de AG Proyectos y Servicios, Félix Linares, quien también advirtió que “los costos iniciales aún son altos, lo que limita su adopción masiva”. Según el especialista, el almacenamiento no solo permitirá una operación más eficiente del sistema eléctrico, sino que facilitará la sustitución progresiva de las centrales térmicas utilizadas como respaldo.
Actualmente, Panamá muestra un crecimiento renovable sostenido, especialmente en el segmento solar fotovoltaico. En 2024, el país incorporó 143,39 MW de nueva capacidad solar, alcanzando un total cercano a los 700 MW instalados. Esto permitió que la generación solar representara el 7,76% del total eléctrico nacional, en una tendencia que sigue desplazando a los combustibles fósiles.
Durante la temporada lluviosa, el sistema eléctrico panameño logró un desempeño notable: hasta el 98% de la demanda fue cubierta por fuentes renovables. Linares sostuvo que estos resultados demuestran que “el sistema es capaz de operar con una alta penetración de fuentes limpias”.
Ese avance fue posible gracias a políticas públicas como la Agenda de Transición Energética y al impulso de la generación distribuida, tanto en grandes parques como en sistemas de autoconsumo en techos comerciales y residenciales. “La energía solar fotovoltaica tiene el mayor potencial de crecimiento a corto y mediano plazo”, destacó el directivo.
En particular, la región del “arco seco” —que incluye las provincias de Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas— concentra las condiciones más favorables para la expansión de este tipo de tecnología. “Allí los sistemas pueden operar con mayor eficiencia y generar una cantidad significativa de energía”, indicó Linares.
Marco regulatorio, hidrógeno verde y desafíos financieros
Junto al almacenamiento, otro vector de crecimiento es el hidrógeno verde, cuya hoja de ruta nacional ya está en desarrollo. “Panamá busca convertirse en un hub de hidrógeno verde, aprovechando su posición estratégica y la infraestructura del Canal”, explicó Linares. Se están llevando a cabo estudios de pre-factibilidad para proyectos que combinen energía solar y eólica con electrólisis, lo que permitirá avanzar hacia nuevos modelos de descarbonización y exportación energética.
No obstante, para sostener este crecimiento se deben superar retos importantes. “Los desarrolladores aún reportan demoras significativas en los permisos de interconexión”, señaló el ejecutivo, quien consideró urgente una modernización de los procesos regulatorios. En paralelo, también es necesario fortalecer la red eléctrica, incluyendo la digitalización y la integración de tecnologías inteligentes que garanticen la estabilidad operativa ante la mayor presencia de energías variables.
En el plano financiero, Linares remarcó que “aunque los costos han bajado, el acceso a financiamiento para proyectos pequeños y medianos sigue siendo limitado”. En ese marco, propuso incentivar créditos verdes y nuevos instrumentos que faciliten la inversión tanto para empresas como para usuarios residenciales.
Panamá avanza con decisión en su transición energética, pero el futuro dependerá de su capacidad para incorporar tecnologías clave como el almacenamiento, junto con marcos normativos más ágiles y financiamiento accesible. Con una matriz limpia en expansión y un entorno natural privilegiado, el país se consolida como referente regional en energías renovables.
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