La licitación PET-3 marca el retorno de Guatemala a las grandes convocatorias de transporte eléctrico después de más de una década, y lo hace de la mano de la PEG-5, que busca adjudicar hasta 1400 MW de generación renovable.
El presidente de la Asociación Guatemalteca de Transportistas de Electricidad (AGTE), David Eduardo Cabrera Palomo, subrayó a Energía Estratégica que el éxito de este proceso depende de una planificación que anticipe las necesidades: “Transporte es esa unión de generación con demanda y es la que permite que haya un óptimo despacho y una óptima calidad en cuanto al usuario final”.
PEG-5 contempla contratos de 15 años para plantas nuevas y de 5 años para existentes, permitiendo la participación de tecnologías híbridas y sistemas de almacenamiento (BESS).
Según Cabrera, la integración de estos proyectos “es técnicamente manejable si se aborda con rigurosidad y una buena coordinación interinstitucional”. Sin embargo, advirtió que se requiere “una red que soporte las variaciones y una normativa que se optimice continuamente”.
A su vez, el presidente de la asociación resaltó que “el éxito de una licitación no es adjudicar, es que entren en operación los proyectos que se adjudicaron”.
En este sentido, advierte que hoy los plazos para presentar ofertas en el PET-3 son demasiado cortos para la magnitud de estudios requeridos: inventarios catastrales, estudios arqueológicos, análisis de áreas protegidas y prediseños de obras. “El número que yo presente en mi oferta va en relación al riesgo que debo asumir. Si no me dan tiempo suficiente, los precios tienden a ser más caros por la urgencia”, puntualizó.
Otro factor clave es la gestión de permisos, que en Guatemala puede tomar hasta 5 años, representando dos tercios del tiempo total de un proyecto de transmisión. Cabrera sugirió mecanismos como una ventanilla única estatal para centralizar trámites y “que el gobierno sea corresponsable junto con el adjudicatario de obtener esos permisos”.
Por primera vez, Guatemala lanza licitaciones de transmisión y generación de forma simultánea. No obstante, Cabrera advirtió que la PET-3 no cubre las necesidades que traerá la PEG-5: “La PET-3 cubre necesidades pasadas, de la PEG-4 y electrificación rural; la PEG-5 va a traer nuevas necesidades y para eso se requiere otra licitación”.
El directivo recuerda que históricamente la infraestructura de transporte debe anticiparse a la generación, ya que un proyecto de transmisión puede tardar 7 años en completarse, el doble que uno de generación. “Es como planificar una fiesta: el vestido lo tienes meses antes porque no quieres correr el riesgo de que no esté listo el día”, ejemplificó.
AGTE ha planteado propuestas concretas para mejorar las bases del PET-3 y atraer más participación: digitalización de trámites, plazos definidos para resoluciones municipales y gubernamentales, mecanismos para facilitar la adquisición de servidumbres y segmentación de lotes para evitar que proyectos rápidos se retrasen por mezclarse con otros más complejos.
De acuerdo con Cabrera, “si se logran esos incentivos dentro de las bases de licitación y dinamizamos el marco regulatorio, podremos tener licitaciones exitosas en participación, ejecución y puesta en operación”.
Por ahora, el sector espera las adendas que el Ministerio de Energía y Minas debe publicar a finales de mes. Cabrera reconoció que “la participación es más escasa de lo esperado porque los inversionistas esperan ver si las adendas logran mitigar el riesgo y ampliar plazos”.
Ana Beatriz Sánchez Melgar, directiva de AGTE, reforzó que “después de esperar 10 años por una licitación de transmisión, se debe cumplir la ley haciendo planificación cada dos años y abrir espacios de participación conjunta entre transportistas, distribuidores y generadores”.
En palabras de Cabrera, “esto es apenas la punta de un gran iceberg: de 140 proyectos prioritarios que el Ministerio identificó, solo 14 están en la PET-3. Si no aceleramos el transporte, no habrá transición energética en el país”
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